100 sitios UNESCO

(Mis 100 sitios UNESCO favoritos)

Hasta el año 2018 he visitado alrededor de 600 Patrimonios Mundiales de la lista de UNESCO, que comprende 1.092.

No está mal, pero no son muchos; conozco viajeros que casi se acercan a los 1.000 sitios UNESCO visitados. Nadie ha conseguido visitarlos todos. Además, cada año esta organización incrementa la cantidad con 20 o 30 sitios nuevos; es el cuento de nunca acabar.

Aparte de estos Patrimonios Mundiales, UNESCO tiene una Lista Indicativa, que en el año 2018 incluía 1672 candidatos a ser elevados en el futuro a verdaderos patrimonios.

Aquí describo brevemente 100 sitios correspondientes a 100 países diferentes, la mayoría son patrimonios, pero unos pocos son sitios candidatos a serlo. No son necesariamente los mejores sitios UNESCO que existen, pues no los conozco todos; se trata solamente de mi selección personal. A veces he preferido describir un candidato en lugar de un patrimonio.

Cada persona, como cada viajero, es un mundo; cada viajero tiene sus propios intereses a la hora de explorar un nuevo territorio. En mi caso, cuando llego a un nuevo lugar, suelo visitar los mercadillos más los sitios religiosos, y si puedo me tomo una cerveza local y viajo en tren. Tras ello procuro acceder a algún patrimonio mundial de la UNESCO (o candidato a serlo) que me parezca atractivo.

Muchos Patrimonios Mundiales (no todos) son extraordinarios y constituyen una buena propuesta para el viajero. Sin embargo, es inconcebible que un país tan fabuloso como Myanmar (la antigua Birmania) no poseía hasta el año 2014 ninguna de sus maravillas en UNESCO, y en el 2018 sólo contaba con un patrimonio mundial. Ocho de sus lugares fantásticos, como Bagan, Bago, Mandalay, Lago Inle, Mrauk-U, etc., están en observación en la lista indicativa, sin ser aceptados por motivos, entre otros, políticos.

Los 193 países inscritos en las Naciones Unidas, más 2 países observadores (Vaticano y Palestina), son miembros de UNESCO, además de 10 territorios: Anguilla, Aruba, Curaçao,  Islas Caimán, Islas Feroe, Islas Vírgenes Británicas, Macao, Montserrat, San Martín y Tokelau.

Entre los UNESCO, yo tengo preferencia por los monasterios, iglesias, mezquitas, templos, etc. Alrededor de un veinte por ciento de los Patrimonios de UNESCO lo constituyen esos edificios religiosos.

España, con 47 lugares, ostenta el tercer puesto en el mundo en Patrimonios, tras Italia (con 54) y China (con 53). Pero si contamos los que España ha erigido en Hispanoamérica y Filipinas (la ciudad de Vigan más las iglesias barrocas), además del Palacio Real de Caserta, en Italia (comisionado por nuestro rey Carlos III), o las Misiones de San Antonio de Estados Unidos, doblamos esa cantidad (aproximadamente un centenar de los monumentos UNESCO se deben a España), convirtiéndonos de este modo en el primer país del mundo en cantidad de Patrimonios que ofrecemos a toda la Humanidad.

Un candidato español que se debería incluir como Patrimonio Mundial por UNESCO en el futuro, es Madrid de los Austrias. Es injusto que numerosas capitales europeas vecinas a España cuenten con lugares UNESCO, como Lisboa, París, Roma, Berna, Luxemburgo, Viena, Varsovia, Budapest, Sofía, Kíev, Praga, Riga, Vilnius, Tallin, La Valeta, San Marino, Ciudad del Vaticano… incluso las capitales del norte de África: Rabat, Túnez y Argel, mientras que ese bello, entrañable e histórico barrio de Madrid es sólo candidato a serlo.

Por contra, hay ciudades que poseen numerosos UNESCO, como los seis de la ciudad de Beijing (Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, El Palacio de Verano, y muy cerca la Gran Muralla, Zhoukoudian y las Tumbas de la Dinastía Ming). También Berlín, Estocolmo, Londres, Bruselas o Moscú poseen al menos 3.

Existen en la red varios clubs viajeros relacionados con la UNESCO. El mejor en español, en el que estoy inscrito como miembro, es:

http://www.mundandy.com/club-unesco/

 

Y he aquí estos 100 sitios UNESCO:

 

1 – Alemania (44 patrimonios y 16 candidatos)

 

TRÉVERIS – MONUMENTOS ROMANOS, CATEDRAL DE SAN PEDRO E IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA

Al salir de la estación de Trier (me cuesta llamar a esa ciudad Tréveris), un anuncio me saludaba con un “Willkommen in Trier”.

Me proveí de folletos y mapas en la Oficina de Turismo y me lancé a explorar esa ciudad. Lo más cercano a la estación de tren era la famosa Porta Nigra, el distintivo de la ciudad. A mí me encantó. Impacta por su sólida y poderosa construcción. Pero aún más cuando, gracias a los folletos que me acababan de regalar, aprendí la historia del monje Simeón (nacido en Siracusa, de padre griego), que en el siglo XI se instaló en esa Puerta, como un anacoreta, hasta su muerte.

Una placa sobre la Porta Nigra está a él dedicada. Esa puerta combina belleza, historia y, gracias a Simeón, también espiritualidad. Tras la muerte de Simeón se erigió un santuario con lo cual la Porta Nigra se convirtió en una iglesia. Por desgracia, Napoleón destruyó la iglesia y el santuario de su interior, efectuando, además, unos cambios en su estructura. Justo enfrente se localizaba el Stadtmuseum Simeonstift, donde entré, y gracias a su estructura, estatuas y un film documental, aprendí todavía más sobre esa Porta Nigra, san Simeón y, en general, sobre la historia de Trier, hasta nuestros días.

Además de esa puerta, de cuyas formas me enamoré, paseé por la Plaza del Mercado, advertí la casa donde nació Karl Marx (pero no entré en ella porque por culpa de sus ideales surgió en el siglo XX un movimiento político que puso sus ideas en práctica y causó 100 millones de muertos), la Catedral de San Pedro (donde compré un cirio), la Iglesia de Nuestra Señora, hasta que finalmente arribé al famoso puente sobre el río Mosela. Allí, en el medio del puente, advertí una placa con el símbolo de UNESCO. Junto a ese puente (Römerbrücke) hallé con una alegría indescriptible ¡un signo del Jakobweg! ¡Trier era, además de bella, histórica y sagrada, una ciudad jacobea!

Pronto se hizo oscuro. Pensé pasar la noche a los pies de la Porta Nigra, como un homenaje a san Simeón (que también había sido viajero y peregrinó a Tierra Santa y al Sinaí), pero como era febrero y hacía mucho frío, al final me alojaría en el dormitorio comunal de un acogedor albergue de juventud a unos 15 minutos a pie de allí, siguiendo el curso del río Mosela.

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2 – Argelia (7 Patrimonios y 6 candidatos)

 

SITIOS, LUGARES E ITINERARIOS AGUSTINIANOS DEL MAGREB CENTRAL


He de reconocer que el primer objetivo de mi viaje a Argelia era tratar de averiguar si Álvar Núñez Cabeza de Vaca había sido desterrado en Orán, ciudad que en los tiempos de este gran viajero y descubridor pertenecía a España (lo fue hasta que España la vendió a los turcos a finales del siglo XVIII).

Posteriormente, y como aún disponía de diez días de visado, viajé en tren a Constantina, y aún dos días más tarde a Annaba, la antigua Hippona, cerca de la frontera con Túnez. Esa era la segunda meta de mi viaje, pues allí deseaba rendir respetos a San Agustín, el gran sabio, santo y Padre de la Iglesia.

Fue San Agustín quien acuñó la siguiente frase famosa: “El mundo es un libro, y quienes no viajan leen sólo una página”.

Desde la estación del tren de Annaba caminé hasta lo alto de una colina donde se localizaba la Basílica de San Agustín, lugar donde murió este santo (aunque su tumba fue trasladada desde Hippona, primero a la isla de Cerdeña y en la actualidad se preserva en Pavía, Italia).

Hube de atravesar un sitio arqueológico con las ruinas de la antigua ciudad de Hippona. Esperaba encontrarme con una basílica antigua, pero no; el párroco me informaría que databa de finales del siglo XIX y concluida justo el año 1900. Sin embargo era bella, y lo mejor fue la vista que se disfrutaba desde ella. La basílica estaba encarada hacia el mar, mirando a Roma. También me impresionó la imponente estatua representando a San Agustín en la entrada. Todos respetaban la memoria de San Agustín en Annaba, incluso los musulmanes con los que conversé; todos reconocían que había sido un pensador excepcional.

Asistí a la misa y compré un cirio. Había fieles de países católicos centroafricanos, y hasta observé peregrinos magrebíes. Lo más histórico de la basílica era un cofre que albergaba un brazo de San Agustín, que era muy venerado por todos. El párroco era de Kinshasa, en el Congo, y se alegró de encontrarse con un español. Me contó acerca de la vida de San Agustín y de sus viajes por el Norte de África asistiendo a congresos eclesiásticos con otras comunidades cristianas.

Hoy, todos estos lugares recorridos por San Agustín están incluidos en el itinerario del santo y en su conjunto se espera sea declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

La ciudad de Annaba en sí no tenía ningún interés especial; eran más atractivas las ciudades de Orán y Argel. Por la mañana abordé un tren a Argel y pocos días después volé con destino a Barcelona, en mi querida España.

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3 – Argentina (11 patrimonios y 6 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL IGUAZÚ

En el año 1986 había visitado las cataratas del Iguazú desde el lado brasileño. Me emocioné. Desde entonces considero que es la obra más asombrosa que la naturaleza ha producido en nuestro bello planeta Tierra, superando en magnificencia a otras cataratas notables, como las de Victoria (entre Zambia y Zimbabue), Niágara (entre Estados Unidos y Canadá), Tisissat (en Etiopía), o el Salto Ángel (en Venezuela).

Sin embargo, un amigo argentino me reprochó poco después el que no hubiera cruzado al lado argentino, donde se halla la famosa Garganta del Diablo, la mejor visión de las cataratas, la más espectacular y dramática. Esa reprimenda más el saber tiempo más tarde que el descubridor español Álvar Núñez Cabeza de Vaca había sido el primer europeo en admirar las cataratas del Iguazú y debido a ello habían colocado allí una placa recordando ese hito histórico, motivó que deseara regresar otra vez a esas cataratas, pero esta vez desde el lado argentino.

Curiosamente, las cataratas del Iguazú figuran como dos Patrimonios Mundiales diferenciados: uno es brasileño y el otro es argentino. El gaditano Cabeza de Vaca es uno de mis héroes viajeros, uno de los más formidables viajeros que ha dado la Humanidad.

Llegué de buena mañana a la entrada a las cataratas. Los precios eran algo altos y discriminaban a los extranjeros. No valía hablar el español con acento argentino para obtener un billete barato, pues los vendedores te piden la documentación. Me resigné y acabé pagando el precio máximo, pero no me dolió.

Un día entero pasaría allí. Estaba todo muy bien organizado, con trenecitos para llevarte a los sitios más remarcables. Comencé por la Garganta del Diablo. Luego, por medio de trenecitos y a pie, descendí hasta el nivel del río y después alcancé la parte alta para contemplar las caídas de agua desde todas las perspectivas posibles. Además de la belleza extraordinaria de esas cataratas, el sonido que producía el estruendo de las aguas al caer era otro de sus atractivos.

Observé pájaros exóticos de plumajes muy coloridos, monos ladrones que si te descuidabas te robaban los bocadillos o la gorra y se escapaban con su botín por entre los árboles, y hasta me crucé con unos animales llamados coatíes, que se suben a los árboles y algunos se erguían de manera graciosa ante los turistas para que les dieran comida. No comí nada ese día, pues todo estaba excesivamente caro dentro del complejo.

Había excursiones extras en barco para navegar por debajo de las aguas y alrededor de un islote rocoso llamado San Martín, y más actividades, como sobrevolar las cataratas en helicóptero. Incluso noté la existencia de un hotel de lujo en el interior del complejo, pero estaba a precios prohibitivos para mi economía.

No puedo decir que disfrutara de las cataratas del Iguazú como la primera vez en 1986 desde el lado brasileño, pues fue única y en circunstancias especiales. Pero sí que me sentí contento de haber regresado, algo que no suelo hacer, pues no me gusta repetir sitios.

Durante ese día no paraba de buscar la placa dedicada a Cabeza de Vaca. Preguntaba a los guías turísticos pero nadie la recordaba. Al final uno de ellos me dijo que la habían robado. No me lo podía creer. Pregunté a más guías y hasta me señalaron la roca donde la placa, que era de bronce, había estado colgada, precisamente ante una caída de agua bautizada Cabeza de Vaca. Se notaban los tornillos que la sujetaban, pero la placa ya no estaba. Nadie recordaba desde cuándo había desaparecido. Sentí mi corazón afligido. Sin embargo, antes de abandonar el lugar pregunté a los guardabosques y ¡eureka! la placa estaba en un taller reparándose, pues debido a unas tormentas tiempo atrás a punto estuvo de ser arrancada de la roca y ser arrastrada a las aguas. Pedí verla y al serme entregada la abracé.

Casi oscureciendo, viajé en autobús a Paraguay.

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4 – Armenia (3 patrimonios y 4 candidatos)

 

CATEDRAL E IGLESIAS DE EJMIATSIN Y CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE ZVARTNOTS

Ejmiatsin está muy cerca de Ereván, a apenas 15 kilómetros de distancia, en Vagharshapat. Continuamente hay minibuses que hasta allí te transportan por unos pocos drams.

Cuando, en la estación de autobuses de Ereván, pregunté cómo ir a Vagharshapat, los nativos adivinaron de inmediato que quería visitar la Catedral Madre de la Sagrada Ejmiatsin. De hecho iba camino de Gyumri, donde me quedaría varios días, pero como tenía que atravesar de todos modos Ejmiatsin, decidí detenerme allí por unas horas, pues aunque ya conocía esa población de viajes anteriores, siempre es grato revisitar un lugar sagrado con la esperanza de adquirir baraka.

Por el camino se divisaba el Monte Ararat, sagrado para los armenios pero localizado en territorio turco. Como no hay fronteras abiertas entre Armenia y Turquía, para viajar a ese monte, tan cercano, los armenios se ven obligados a realizar un gran rodeo para entrar en Turquía, sea vía Georgia, o vía Irán.

Ejmiatsin es para los armenios como Roma para la mayoría de los cristianos, Jerusalén para los judíos, La Meca para los musulmanes, Bodh Gaya para los budistas, Benarés para los hindúes, Lalish para los yazidíes, Salt Lake City para los mormones, Amritsar para los sikhs, o Haifa para los bahais.

Penetré en el recinto de Ejmiatsin y observé cómo la gente rezaba con vehemencia. Todo en su interior era armonioso, bello, inspiraba al recogimiento. Los hombres se sacaban el gorro para entrar y las mujeres se cubrían la cabeza con un pañuelo. En el exterior había tiendas que vendían pequeños khachkares como suvenires, entre otros objetos litúrgicos. Khachkar significa en armenio cruz de piedra y, en efecto, es una piedra de color rosado característica de ese país. Los khachkares son un arte en Armenia y simbolizan su fe.

Durante mi deambular por Ejmiatsin noté que, de repente, todo el mundo se alteraba y miraba hacia un personaje de aspecto circunspecto y paso sereno que se dirigía hacia unas oficinas. Era el Katholikos, la máxima autoridad de la religión cristiana armenia.

Tras esa visita a Ejmiatsin reanudé mi viaje con destino Gyumri. Al pasar cerca del Tsitsernakaberd, un monumento junto al Museo del Genocidio Armenio, hice instintivamente la señal de la cruz. Los amables armenios de mi autobús, al verme extranjero e interesado en los khachkares, pedían al chófer que parara cada vez que divisábamos alguno de dimensiones colosales, para así poder admirarlo mejor. Por desgracia, los miles de khachkares que se encuentran en territorio de países vecinos musulmanes (en especial Azerbaiyán y Turquía) están siendo sistemáticamente destruidos.

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5 – Australia (19 patrimonios y 3 candidatos)

 

ISLA DE LORD HOWE

Visitar Lord Howe me supuso cerca de 1000 euros de mi exiguo presupuesto de viaje, entre los billetes de avión más el precio disparatado del hotel más barato. A punto estuve de sacrificar el viajar a este sitio, pero al final pudo más la curiosidad que el coste, pues me hallaba al inicio de un viaje y todavía tenía dinero. Si hubiera sido al final del mismo me habría tenido que volver a casa sin conocer esta isla. Pero todo tiene su precio; al final, por volar a Lord Howe, tuve que sacrificar otras islas, como las Trobriand, en Papúa Nueva Guinea, todavía más interesantes que Lord Howe, pues en ellas las mujeres papúas seducen a los hombres.

Antes de volar a Lord Howe reservé por Internet el vuelo combinado con 3 noches de hotel, la cantidad mínima para poder obtener el permiso. Si se intenta volar a Lord Howe sin la reserva de hotel, no te entregan la tarjeta de embarque en el aeropuerto. Y ni hablar de explicar en el aeropuerto que uno va a acampar en esa isla, lo que está terminantemente prohibido. En fin, a lo hecho, pecho.

En el aeropuerto me esperaba la dueña del alojamiento. Primero me paseó con su coche por la isla y me dio explicaciones sobre su flora y su fauna. La isla era preciosa, de ensueño, tal vez demasiado perfecta para ser verdadera; yo de inmediato la bauticé Barbie Island. Me alojé en un cottage encantador, en una planta baja con cama de matrimonio, cocina, un patio, árboles frutales, una hamaca, y la nevera estaba llena con botellas de leche, huevos y bollos de nata… aquello era un verdadero lujo en mis condiciones, pues varias noches atrás las había pasado durmiendo en los asientos de madera del aeropuerto de Sídney.

Todo era caro en esa isla, hasta los productos del supermercado. El museo era gratuito, menos mal, y lo visité tres veces, una por día, para aprovechar y aprender bien la historia de la isla, que había sido descubierta durante una expedición de la Royal Navy que iba a los penales de la vecina isla de Norfolk, y la bautizó con el apellido del primer lord del Almirantazgo: Richard Howe. La isla siempre había estado deshabitada, por eso su historia humana comienza con la llegada de los ingleses.

Trataba de alimentarme del contenido de la nevera, pero a veces compraba, para complementar, productos del supermercado. El día siguiente era domingo, fui a misa y al comprarle un cirio al monaguillo hice amistad con él y me invitó las dos últimas noches a cenar en su restaurante. El monaguillo era chino y había viajado a España en sus años mozos. Su esposa era nativa de las Islas Salomón. Ambos eran muy simpáticos y al saber que era español se mostraron muy complacidos.

Paseaba por la isla y me bañaba en sus playas, pero es tan pequeña que en un día se visita todo y se asciende a sus picos. Muchos pájaros me sobrevolaban y había letreros que pedían prudencia a los conductores de vehículos para no atropellarlos.

El cuarto día viajé a Australia continental para un día más tarde volar a la Isla Norfolk y allí visitar los siniestros penales ingleses, otro Patrimonio Mundial de UNESCO. Menos mal que en esa nueva isla no me exigieron reservar hotel y pude así dormir de modo gratuito en el follaje de las celdas de los antiguos penales.

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6 – Azerbaiyán (2 patrimonios y 10 candidatos)

 

MAUSOLEO DE NAKHICHEVAN

Para no tener problemas al solicitar el visado de Azerbaiyán, cambié mi pasaporte en el Consulado de España en Estambul, y a continuación presenté el nuevo en el Consulado de Azerbaiyán en esa misma ciudad. El visado me fue concedido en pocas horas.

La razón del cambio de pasaportes era debido a que acababa de salir de Armenia y de Nagorno Karabakh, y si los azeríes descubrían los sellos de entrada en esos dos lugares podrían rechazarme la solicitud del visado para entrar en su país.

Abordé un autobús hasta Igdir, aún en Turquía, y un día más tarde entré en Nakhichevan, donde localicé un hotel económico en el centro. Durante casi una semana traté de descubrir el máximo de lugares notables. Mucha gente de etnia azerbaiyana pero viviendo en Irán cruzaba la frontera, a veces para volver el mismo día a su país.

Había oído que los azeríes habían destruido en Nakhichevan numerosos khachkar armenios que estaban incluidos en la Lista Indicativa de la UNESCO. Yo no vi ni siquiera uno de ellos durante mis cinco días de estancia, así que probablemente era verdad. Los kosovares habían hecho lo mismo con los monasterios cristianos serbios. Sin embargo, los armenios de Nagorno Karabakh no habían destruido las mezquitas de la ciudad de Shusha, como comprobé durante mi reciente visita a esa ciudad. No todos los pueblos son igual de destructivos, al menos no el armenio.

Visité prácticamente todos los mausoleos principales de Najichevan, así como los de Karabaglar, que menciona UNESCO. Los que pude los visité por dentro, pero la mayoría sólo los contemplé desde fuera.

Un día entre los días me llevaron en autostop a una fiesta en una montaña donde los azeríes creen que se encalló el Arca de Noé tras el Diluvio Universal. Escalando unos peldaños las mujeres penetraban en una cueva y allí permanecían largo tiempo realizando encantamientos con la esperanza de quedarse embarazadas. A la salida, todas estaban sonrientes, regocijadas, y gritaban que Alá era grande. Tras un rato sus maridos lo celebraban sacrificando corderos, que acto seguido todos devoraban con fruición, cantando.

Tras mi estancia en Nakhichevan continué mi viaje por los países del Cáucaso y Cercano Oriente.

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7 – Bangladesh (3 patrimonios y 5 candidatos)

LOS SUNDARBANS

El viaje que realicé en 1989 en un viejo ferry japonés, que los nativos llamaban “Rocket”, desde la ciudad de Khulna hasta Dhaka, vía Mongla, Barisal y Chandpur, significó una de las más accidentadas travesías de mi vida, en especial cuando el ferry abandonó el río Pashur (un tributario del Ganges) y salió al mar abierto, a las aguas de la Bahía de Bengala, donde a punto estuvo de zozobrar.

Nadie durmió esa noche, sino que se ataba con correas a sus camas para no caer al suelo; todos rezaban a Alá. El capitán ordenó lanzar anclas y permanecimos detenidos hasta la madrugada. El trayecto, en vez de durar 24 horas, según programado, tomó 48 horas de tiempo.

Por la mañana cesó la lluvia, las aguas se tranquilizaron, el viento amainó y todos respiramos tranquilos. Yo no sabía en aquellos tiempos que ese ferry penetraba en el corazón de los Sundarbans, pues ese territorio tan especial por albergar la mayor cantidad de manglares del planeta fue sólo declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en el año 1997.

Los únicos extranjeros a bordo éramos un joven australiano y yo. Habíamos pagado la tarifa mínima, sólo 67 takas por el pasaje, incluyendo las comidas (diminutas). Al ser extranjeros, tuvieron la deferencia de permitirnos dormir en el salón de primera, junto a los bangladesíes ricos, en vez de en la cubierta o en la bodega, donde dormían hacinados miles de pasajeros. También podíamos subir al puente a placer para conversar con el capitán y tomar té con él.

La travesía fue bella. Pasábamos junto a poblados a orillas del río y veíamos cómo sus gentes se dedicaban al cultivo del arroz, recogían fibra de yute, o pescaban. Todos nos saludaban al pasar. No vimos ninguno de los 400 tigres de Bengala que moran en los Sundarbans, sino aves y más aves. Algún pasajero que otro aseguró haber divisado ciervos y cocodrilos.

Una vez en Dhaka, la empleada de la Oficina de Turismo nos informaría al australiano y a mí, que ese trayecto en barco Khulna – Dhaka que acabábamos de finalizar, es el más peligroso del mundo, pues cada año se cobra la vida de aproximadamente 1.000 pasajeros debido a naufragios.

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8 – Bélgica (13 patrimonios y 16 candidatos)

 

CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE TOURNAI

Llegué a pie a Tournai realizando un fragmento del Camino de Santiago. Era mi tercer día de caminata desde que había comenzado el peregrinaje en Bruselas. Me dirigí a la Catedral de Notre-Dame para que me estamparan el sello sobre mi Credencial del Peregrino.

He de confesar que en ese entonces (año 2009) ignoraba que esa catedral era un Patrimonio Mundial, y sólo lo supe cuando vi letreros por la calle con el símbolo de UNESCO.

Esos días se celebraba en esa catedral la canonización por el Papa Benedicto XVI de un hombre extraordinario, el Padre Damián, llamado el Apóstol de los Leprosos, y que yo sólo conocía por una película que había visto en mi infancia, llamada “Molokai: La historia del Padre Damián”. Hoy Bélgica le considera “el belga más grande de todos los tiempos”. Personajes ilustres como el viajero y escritor Louis Robert Stevenson, Mahatma Gandhi y Lev Tolstoi, afirmaban que el mundo cuenta con pocos héroes comparables al Padre Damián de Molokai.

La catedral era impresionante, más grande de lo que me esperaba. El interior se podía visitar sin necesidad de comprar un billete, aunque para colaborar con su economía no dejé de comprar un cirio. Allí había maquetas de madera con explicaciones de la catedral. Gracias a unos letreros sobre la cronología de la catedral supe que su construcción se inició el siglo XII y combinaba tres estilos arquitectónicos: Románico, Gótico y el tercero es un estilo intermedio entre ambos.

En un patio junto a la catedral había un conjunto de estatuas metálicas representando un cuadro de Rogier van der Weiden, pintor que había nacido en Tournai. Se trataba de él mismo pintando a la Virgen María con el Niño Jesús. Era una estatua muy tierna.

La ciudad era grata pero sólo permanecí en ella lo justo para comerme una especie de doner, o shawarma, en un puesto de turcos, más un bocadillo de mortadela que compré y me llevé para la merienda.

Tras recibir el sello de peregrino en mi Credencial seguí las conchas metálicas sobre el suelo y proseguí mi camino a pie antes de que me alcanzara la noche.

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9 – Bielorrusia (4 patrimonios y 5 candidatos)

 

CONJUNTO DEL CASTILLO DE MIR

He de reconocer que a pesar de haber estado dos veces en Bielorrusia en viajes del pasado, no conocía este castillo. Pero durante un reciente viaje a Rusia, al averiguar que el visado ruso me permitía visitar al mismo tiempo Bielorrusia, aproveché para acercarme en tren a Minsk, desde Smolensk, y después me trasladé en autobús a Mir para conocer el castillo. No hay servicio de trenes entre Mink y Mir.

En la frontera entre Rusia y Bielorrusia no hubo ningún control de pasaportes Es un castillo atractivo construido con ladrillos rojos, y celebré el haber viajado por tercera vez a Bielorrusia expresamente para verlo. Mas, siendo sincero, había visitado en otros países diversos castillos que me impresionaron más que el de Mir. Su interior tampoco “mata”. Pude ascender a una de sus cinco torres y ello aportó un poco de exotismo a mi visita, pues la vista sobre el lago y la capilla era hermosa. La entrada era barata y allí un guía me explicó que el bárbaro Napoleón destruyó el castillo, no sin antes haberlo saqueado, como solían hacer sus soldados en todas las ciudades que invadían, sobre todo en las españolas. Tras ello el castillo fue abandonado por unos cien años. Durante la ocupación de Bielorrusia por las tropas alemanas en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ese castillo sirvió de “almacén” de judíos, hasta que fueron todos exterminados, sin excepción.

Bielorrusia sólo posee cuatro sitios UNESCO, una cantidad muy pequeña para un país de 10 millones de habitantes y algo más de 200.000 kilómetros cuadrados. Por ello, en mi opinión, se justifica que ese castillo esté comprendido entre ellos. Uno de los Patrimonios de Bielorrusia es el llamado “Arco Geodésico de Struve”, que abundan en la lista de UNESCO, y están repartidos por diez países europeos (desde Noruega, Suecia y Finlandia a Moldavia y Ucrania, pasando por los tres países bálticos más Rusia y Bielorrusia). Sin embargo, yo aún no he conseguido visitar ni siquiera uno de ellos.

Debí ser uno de los últimos visitantes a ese castillo en su forma original, pues ese día se hablaba de transformarlo en un hotel de lujo (cosa que ya es en la actualidad). El mercado se hallaba frente al castillo de Mir y era muy exótico, aunque pobre (sólo vendían pescado, huevos y cuatro cabezas de ajo). Me quedé allí a comer (pescado con huevos de sabor a ajos), pero no a dormir.

Tuve una pequeña “aventura” cuando esa noche pretendí alcanzar Kharkov (en Ucrania) por tren, desde Gomel. En la frontera, los soldados bielorrusos no me permitieron la salida del país, pues el visado ruso me daba derecho a visitar Bielorrusia, sí, pero no a salir desde ese país a un tercero. Fui forzado a entrar de nuevo en Rusia (a Bryansk) y de allí viajar en tren a Kharkov la noche siguiente.

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10 – Bolivia (7 patrimonios y 5 candidatos)

 

MISIONES JESUÍTICAS DE BOLIVIA

Detrás de la terminal de autobuses de Santa Cruz de la Sierra, frente a la estación de trenes, se hallan las salidas de minibuses hacia los pueblos en el interior de la provincia de Santa Cruz. Allí había carteles anunciando las partidas a las seis misiones contempladas en este Patrimonio de UNESCO:

-         San Francisco Javier, fundada en 1691

-         San Rafael, fundada en 1695

-         San José de Chiquitos, fundada en 1698

-         Concepción, fundada en 1708

-         San Miguel, fundada en 1721

-         Santa Ana, fundada en 1755

Como la primera salida a cualquiera de estas seis misiones fue a San José de Chiquitos, en la región llamada la Chiquitania, hacia allí me dirigí, pues no pretendía conocer las seis misiones sino sólo una de ellas para instruirme sobre las “ciudades ideales” inspiradas en los conceptos de los humanistas.

Abordé un minibús hacia esa población y llegué de noche, tras 3 horas de trayecto. La carretera seguía paralela a las vías del famoso y siniestro Tren de la Muerte, pero como el servicio no era diario no pude tomarlo. Me alojé en una pensión junto a la llamada plaza Principal, donde se encontraba una estatua del cacereño Ñuflo de Chaves, el fundador de Santa Cruz de la Sierra.

Por la mañana me quedé admirado de la belleza arquitectónica de esa misión jesuítica, la más linda y mejor preservada que había visto hasta entonces, tanto en Alta Gracia como en San Ignacio Mini (en Argentina) y las tres misiones de Paraguay, que sólo hacían funciones de museos. Por el contrario, esta misión de San José de Chiquitos, además de albergar un museo muy didáctico, era una misión activa, con frailes, una enorme y preciosa iglesia, escuelas y talleres.

Esa misión que había escogido conocer, llegó a albergar en el siglo XVIII a unos 2.400 indígenas. Entré en la bellísima iglesia y participé en la primera misa del día, junto a numerosos nativos. Tras ello pagué un billete muy barato para ver el museo que se localizaba en un ala del claustro. Allí se explicaba la historia de las misiones en la Gran Chiquitania. Me gustó la profusión de murales exhibiendo flores, pájaros, escenas históricas como desfiles militares, la visita de un obispo, una reproducción en madera de la misión, una escultura de san Ignacio de Loyola, una sala dedicada al rey español Fernando VII (al que en una pintura le denominaban “el rey felón”) titulada “Los problemas de un Rey lejano”, donde se reprochaba a España que nunca ningún rey hubiera viajado a América a visitar sus virreinatos (sin embargo, sí que había en esa sala una placa de agradecimiento a la reina Sofía de España, por haber visitado esa misión en octubre del año 2012).

Finalmente, empleé un buen rato en leer todas las emotivas explicaciones con cierto aire poético de una sala que llevaba por título “Historia de una Utopía”, en referencia a San José de Chiquitos. Salí maravillado de esa misión, en un estado lindando el arrobamiento.

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11 – Bosnia y Herzegovina (3 patrimonios y 8 candidatos)

 

PUENTE DE MEHMET PASHA SOKOLOVIC EN VISEGRAD

Iba haciendo autostop desde Iraq, pues me quedaba poco dinero y lo guardaba para comer, alojarme en algún dormitorio de vez en cuando, y para pagar el ferry desde Civitavecchia a Barcelona, en mi querida España.

A la salida de Serbia me situé junto al agente de Emigración de la República de Srpska, pero me expulsó e hizo alejarme al menos 100 metros de allí. Al rato, un coche con dos hombres gordos a bordo paró y me llevaron hasta Visegrad.

Por el camino a España iba visitando los sitios UNESCO y otros que consideraba interesantes con los que tropezara, y el famoso puente de Visegrad era uno de ellos. Al llegar, los dos hombres me exigieron 5 euros. Yo argumenté que apenas me quedaba dinero para regresar a España y que el autostop es gratis; de haber sabido que me pedirían dinero habría esperado otro coche sin subirme al de ellos. Pero ellos insistieron y al final les di los dinares serbios que aún me quedaban en el bolsillo, el equivalente a 2 euros. Ellos se dieron por satisfechos, apretaron el botón para que pudiera abrir la puerta y me dejaron bajar.

El puente era imponente y junto al río Drina ofrecía una impresión de solidez y poderío. Ya había visitado en ese mismo viaje otro trabajo de Sinan ibn Adulmennan (la mezquita Selimiye), en la ciudad turca de Edirne. Sinan construyó ese puente para unir Sarajevo con Estambul.

Crucé el puente y vi que en el centro había vendedores ofreciendo souvenirs baratos, como reproducciones del puente, postales, estatuas de yeso representando a Tito, encajes de bolillos, etc. Me quedé allí arriba del puente al menos una hora admirando el río Drina, saboreando la magia y belleza del lugar.

Justo al cruzar el puente me encontré a la izquierda con un hotel de precios moderados, y allí me instalé a pasar esa noche.

Además del famoso puente, que es el “plato fuerte” de Visegrad, también hallé otras cosas interesantes en esa ciudad. Subí a la iglesia vecina, que estaba llena de tumbas. Leyendo las lápidas observé que todos los allí enterrados, varios centenares, eran muy jóvenes; sus edades oscilaban entre los 20 y los 23 años de edad según leí en sus lápidas; todos habían muerto durante la maldita guerra del año 1992.

Más adelante, siguiendo el curso del río, llegué a la vieja estación de tren. Tras la independencia de Bosnia el nivel de vida había caído estrepitosamente y el tren no funcionaba, esa estación estaba vacía. A Visegrad solo se puede llegar por carretera. Por las paredes vería varias veces la frase de Gran Serbia en caracteres cirílicos. Y es que al descomponerse Yugoslavia, Bosnia también se descompuso en dos pues allí la mitad de la población no era bosnia, sino serbia, con idioma propio, alfabeto propio, religión propia (la cristiana ortodoxa), y no querían ser ciudadanos de segundo orden y que les forzaran a hablar una lengua oficial que no era la suya.

Actualmente Bosnia consta de Bosnia y Herzegovina por un lado y dentro de ella, con status autonómico, la República de Srpska, que significa Serbia. Lo mismo está sucediendo en Kosovo, pues el norte no es de los kosovares, sino de los serbios cristianos, que han dividido la ciudad de Kosovska Mitrovica en dos, como Nicosia, y están muy unidos a Serbia, como pude comprobar unos días atrás en ese mismo viaje.

En las afueras de Visegrad estaban construyendo una ciudad nueva, amurallada, con una iglesia ortodoxa y casas de piedra. Se llamaba Andricgrad y estaba dedicada al novelista y Premio Nobel de Literatura Ivo Andric. Por las paredes leí fragmentos de su libro “El Puente sobre el Drina”. También descubrí una estatua frente a la iglesia ortodoxa representando a Petar II Petrovic Njegos, un príncipe y al mismo tiempo obispo de Montenegro, poeta y filósofo, según constaba en una placa.

Al día siguiente proseguí mi viaje en autostop hasta Sarajevo, que fue lo máximo adonde llegué.

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12 – Brasil (21 patrimonios y 23 candidatos)

 

SANTUARIO DEL BUEN JESÚS DE CONGONHAS

Arribé a Congonhas sobre las 9 de la noche. Caminé bajo la oscuridad al centro y el primer hotel que encontré me atrajo por el nombre: Hotel dos Profetas, con un letrero donde aparecía la efigie de un profeta de la Biblia. Pregunté por la disponibilidad de un cuarto individual con descuento y, tras regatear un largo rato, me lo dejaron a un precio muy aceptable para mi bolsillo, y hasta me incluyeron el desayuno a base de café con leche, huevos fritos y bollos de nata.

Tras desayunar, me dirigí a pie a lo alto de una colina, donde se hallaba el santuario del Buen Jesús, que constituye un lugar de peregrinaje.

Antes de llegar a él pasé junto a seis capillas a ambos lados de la avenida. Estaban cerradas, pero por una rendija pude apreciar las estatuas de madera de su interior representando la pasión de Cristo. Las estatuas eran perfectas, tan reales que, por ejemplo, en las que personificaban la Última Cena parecía que Jesús y todos los apóstoles estaban vivos.

Tan atónito me quedé que paré a una chica que descendía por esa avenida y le rogué que me diera información sobre esas capillas. Por ella supe que eran obra de Antonio Francisco Lisboa, mejor conocido como “Aleijadinho”, el artista brasileño más importante del período colonial portugués.

Aleijadinho era hijo de un padre portugués, de profesión carpintero, y de una mujer africana que había sido raptada y llevada a la fuerza a Brasil para ejercer de esclava. Nació en Ouro Preto, donde se hallan muchos de sus trabajos. Los últimos años de su vida sus miembros sufrieron una atrofia debido a una enfermedad y por ello le llamaron aleijadinho, el pequeño lisiado. Un ayudante le tenía que atar el cincel y el martillo en los brazos por no poder usar sus manos.

Al subir más arriba de la avenida advertí doce figuras que representaban a doce profetas del Viejo Testamento. Se anteponían al santuario, embelleciéndolo.

Mientras tomaba fotografías, unos policías, un hombre y una mujer que custodiaban ese santuario, me explicaron que su autor era Aleijadinho, quien las esculpió cuando ya tenía 60 años de edad.

Me quedé a hablar con ellos. Fue cuando el hombre me dio su opinión sobre el significado de esas doce estatuas, una por una. Al parecer, debido a que Aleijadinho era masón, había añadido símbolos cabalísticos en las doce figuras, en sus gestos y vestimentas.

También había un paralelismo entre los doce profetas y personajes de la conocida como “Inconfidência Mineira” (Conspiración Minera) de Minas Gerais. El profeta Jonás representaría a Tiradentes, un líder de tal revuelta al que los portugueses descuartizaron.

No tuve suerte al visitar el interior del santuario pues estaba lleno de andamios por estar haciéndose restauraciones y no pude admirar su esplendor al completo, aunque en su construcción noté influencia italiana y su decoración era de claro estilo rococó.

Tras el santuario me acerqué a otro lugar cercano relacionado con el santuario, que se llamaba “Romaria” y su estructura parecía una plaza de toros. Era en ese lugar donde se alojan los peregrinos pobres durante las fiestas de romería del mes de septiembre, conmemorando el “Jubileu do Senhor Bom Jesus de Matosinhos”.

En la Romaria se ubicaba la oficina de turismo, pero ya no me fueron necesarios los folletos ni mapas que me entregó la moza al cargo; la gente local ya me había dado todas las explicaciones que necesitaba para comprender ese lugar. Por ello caminé hasta la estación de autobuses con la intención de dirigirme a Ouro Preto.

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13 – Bulgaria (10 patrimonios y 15 candidatos)

 

MONASTERIO DE BACHKOVO


Ya conocía el monasterio de Rila (sitio UNESCO), así que durante un reciente viaje a Bulgaria, en mi camino a Oriente, escalé sólo en un monasterio maravilloso de ese país, el segundo en importancia tras el de Rila: Bachkovo.

Amo visitar monasterios porque casi todos están erigidos sobre lugares fantásticos, mágicos, y la situación del monasterio de Bachkovo no sería una excepción.

Viajé en tren desde Sofía a Plovdiv y tras una visita de varias horas a su parte vieja me desplacé en un autobús a Asenovgrad y de allí en un minibús al Monasterio de Bachkovo, que tenía el aspecto de una fortaleza enclavada en medio de un paisaje montañoso de aspecto prodigioso.

Antes de ascender a él, observé multitud de kioscos vendiendo miel, yogures que te proporcionan larga vida, figuras de cerámica, restaurantes… había allí todo un batiburrillo de negocios, como en sitios sagrados similares, tales como Lourdes, Fátima, Montserrat, etc.

Lo primero que hice al traspasar el portal del monasterio fue preguntar por el monje encargado de los visitantes y le rogué que me aceptara a pernoctar en ese sagrado lugar. El bondadoso monje me aceptó de inmediato y me facilitó una celda dominando el patio, junto a la trapeza, o refectorio. Pagué sólo 5 levas (unos 2.5 euros) por el alojamiento. Los letreros explicativos estaban escritos, además de en búlgaro, en ruso, alemán, francés e inglés. Por ellos supe que el monasterio fue fundado el año 1083 por dos hermanos georgianos. Funcionó como un seminario para enseñar misticismo georgiano. En el siglo XV fue destruido por los turcos, pero reconstruido en el siglo XVII.

El monasterio estaba lleno de visitantes de un día que asistían a las misas, compraban cirios y después comían en los restaurantes y se llevaban miel y yogures a sus hogares. Además de su arquitectura, me dejaron admirado sus frescos, tanto exteriores como interiores. Uno localizado en el patio, se llamaba Panorama, y explicaba gráficamente la historia de Bachkovo. Algunos de los iconos que allí se albergaban eran muy venerados.

La mayoría de los peregrinos y visitantes acudían a ese monasterio para mostrarles respeto, en especial a uno que se consideraba milagroso y se llamaba Eleusa (la forma bizantina de representar a la Virgen María con el niño Jesús), que fue traído por viajeros georgianos en el siglo XIV.

En la entrada a la trapeza había un monje vendiendo billetes. Compré uno y entré para contemplar otros frescos aún más delicados y bellos que habían escapado a la destrucción turca. La atmósfera del sitio, la belleza, la bondad de los monjes, la llamada a misa mediante campanas y los cantos durante los servicios religiosos contribuyeron a que me sintiera en un estado cercano al éxtasis durante el día que allí permanecí.

El día siguiente regresé a Asenovgrad y de allí proseguí en autobús y tren hasta la ciudad (y Patrimonio Mundial) de Edirne, ya en Turquía europea, para admirar las obras del genial arquitecto turco Sinan.

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14 – Bután (0 patrimonios y 8 candidatos)

 

JONGS: EL CENTRO DE LAS AUTORIDADES TEMPORALES Y RELIGIOSAS (PUNAKHA DZONG, WANGDUE PHODRANG DZONG, PARO DZONG, TRONGSA DZONG Y DAGANA DZONG)

Volé desde Kolkata al aeropuerto butanés de Paro. Allí me esperaba un guía con un coche. Tras las salutaciones y zalemas me condujo a mi hotel en Timbu (Thimphu en inglés), la capital del país, que es una pequeña ciudad habitada por unas 100.000 personas, o lo que es lo mismo, menos de la mitad de la población de mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, en España. En cuanto a la superficie del Bután (41.000 kilómetros cuadrados), es incluso inferior a la región española de Aragón, que cuenta con casi 48.000 kilómetros cuadrados.

En Kolkata había comprado un tour con todo incluido, alojamiento, comidas y visitas con guía. A Bután, lo mismo que a Corea del Norte, no se puede viajar a tu aire; es obligatorio apuntarte a algún tour, sea en un grupo o de manera individual. Ese primer día, tras dejar mi pequeña bolsa de viaje en mi bungaló, mi guía me llevó a visitar el centro de Timbu, entrando en Tashichho Dzong, el primero de los tres Dzong que visitaría en el país durante mi estancia, que era un monasterio budista. Dzong significa en butanés y en tibetano “fortaleza”, o “fortaleza-monasterio”, pues sus fines eran militares, religiosos o administrativos. El Budismo practicado mayoritariamente en Bután es la variante Drukpa de la secta Kagyupa. Yo comparaba los Dzong butaneses con los Kremlin en Rusia.

Me extrañaron dos cosas en ese Dzong, había muchos perros por el patio, casi tantos como monjes. Y a la hora de la comida, que fue cuando llegué, observé que se servía carne. Al contrario de lo que sucede en otros países budistas asiáticos, donde sus monjes son estrictamente vegetarianos, en Bután (lo mismo que en el Tíbet), los monjes comen con fruición carne de todo tipo. Eso sí, ellos no matan a los animales, eso es cosa de los inmigrantes de la India, que son de religión hindú. El segundo día me llevaron a otro Dzong en Paro, que está incluido en la lista de UNESCO: el Dzong de Rinpung.

El tercer día de mi viaje a Bután fuimos al fantástico monasterio Taktsang, erigido sobre un acantilado sobre una montaña de roca, que aunque no se encuentre en la lista indicativa de UNESCO fue lo que más me impactó durante mi visita a Bután, más que los Dzong. La única desgracia fue que en 1998 había sufrido un incendio y se estaba aún reparando (estuve en Bután en el año 2000), por ello no pude visitar su interior, sino sólo verlo desde una distancia prudencial. Se le conoce como la Guarida de Tigre. Fue allí donde se alojó el venerado Guru Padmasambhava, el místico indio que introdujo el Budismo en Tíbet.

El cuarto día me condujeron en jeep a Phuntsholing, en la frontera entre Bután e India, desde donde regresé a Kolkata.

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15 – Canadá (19 patrimonios y 6 candidatos)

 

SITIO HISTÓRICO NACIONAL DE L’ANSE AUX MEADOWS

Me costó llegar en autostop a L’Anse aux Meadows, pues había poco tráfico y las gentes que me recogían no hacían muchos kilómetros.

El último coche me dejó ante el letrero de “NORSTEAD: A Viking Port”. A pesar de la oscuridad, advertí barracas, reproducciones de naves y trebejos atribuidos a los vikingos quienes, supuestamente, habrían alcanzado ese lugar de la Isla de Terranova hacia el año 1.000 de nuestra era.

Me llamó la atención un caserío cubierto por hierba y tierra. No había cerrojos ni verjas o barreras, por lo que entré. Adentro había un fuego sin extinguir, a manera de hoguera, y a su alrededor yacían por el suelo pieles de osos y gorros de estilo vikingo con cuernos. Me senté sobre un trono para reflexionar qué hacer. Como afuera hacía mucho frío y hasta había icebergs junto a la playa, me pareció apropiado pasar allí la noche junto al fuego, y por la mañana ya visitaría el famoso museo de los noruegos Helge y Anne.

Dormí como un lirón, caliente y hasta me acabé unos canapés que alguien había dejado sobre una bandeja en un taburete junto al trono.

Por la mañana me enteraría por los porteros del lugar que la noche anterior, poco antes de mi llegada, habían celebrado un show vikingo con ceremonias para los turistas, de ahí la hoguera y los canapés.

Nadie me riñó por haber dormido allí. Es más, enseguida prepararon un gran desayuno a base de huevos fritos y salmón, invitándome. Los porteros, dos hombres y dos mujeres, iban disfrazados de vikingos.

Tras ello fui a la taquilla y adquirí un billete para poder visitar el museo. En él trataban de probar que los vikingos habrían alcanzado Norteamérica, y a ese lugar en Terranova habrían llamado Vinland por haber visto viñedos salvajes. Sin embargo, las aparentes pruebas parecían demasiado forzadas y de poca consistencia, como el hallazgo de una moneda vikinga, una aguja, más un clavo de hierro.

Como las “evidencias” no eran sólidas, no salí muy convencido de que los vikingos hubieran alcanzado Terranova hacia el año 1.000, además ¿dónde estaban las viñas? El sitio más cercano donde crecen uvas es en el lejano estado de Massachusetts. El clavos de hierro más la aguja y la moneda vikinga bien podrían pertenecer a un barco de pescadores vascos que faenaban por esa zona de la Isla de Terranova desde la antigüedad.

Según lo que se exponía en ese museo, los vikingos habrían asesinado a muchos indios en Vinland a los cuales habían intentado capturar para esclavizarlos, y éstos, en venganza casi acabaron con todos los vikingos en una escaramuza, por lo que los supervivientes se escaparon y navegaron de regreso a Groenlandia para nunca más volver.

Tras L’Anse aux Medows viajé en autostop a otro Patrimonio de la Humanidad de UNESCO en esa misma isla de Terranova: Parque Nacional de Gros-Morne.

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16 – Chad (2 patrimonios y 8 candidatos)

 

LAGO CHAD

En Ndjamena, una vez que obtuve la “Autorisation de Circuler” por la zona del lago Chad, viajé a Bol, el último destino de servicio regular de autobuses. La ruta que bordea el lago es arenosa, casi imposible de recorrer para un autobús. Más de una vez debimos descender y colocar en la arena unas planchas de hierro para que las ruedas del vehículo no embarrancaran. Llegué a Bol ya de noche y no pude ver el lago. Un compañero de viaje me invitó a dormir en su casa, pues el Islam no permite dejar desatendido a un huésped en apuros. Por la mañana, tras registrarme en la Policía, me acerqué al lago, adonde llegué extasiado, más por el logro viajero que supone encontrarse allí que por la belleza del mismo. Vi canoas o “pirogues” de papiro o totora utilizadas por los pescadores, similares a las del Lago Tana, e incluso a las del Lago Titicaca. Muchos pasajeros aguardaban el barco para cruzar a Bornu en el lado nigeriano.

El Lago Chad se está secando poco a poco. Una causa es la sequía natural del Sahel, pero otra, al igual que sucede en el Mar Aral, es producida por la desviación del agua de sus ríos tributarios para los campos de algodón de Camerún. Ese lago contiene numerosas islas, algunas de ellas habitadas, pero de peligroso acceso por haber sido ocupadas por los guerrilleros. En ellas moran pescadores. Todos los poblados de los alrededores del Lago Chad viven por ciclos semanales, marcado por el mercado, día festivo, caiga en domingo o en miércoles. Ese día no se trabaja ni se estudia y los padres llevan a sus hijos a pasear y comer golosinas; se visita a los amigos y parientes o se va al cine. En él venden camellos, especias, nueces de kola, telas de colores, pomada nigeriana, pimientos, zapatos de plástico, dátiles, pitos de sereno, detergente, cuentas de collares, encajes de bolillos, pescado seco, regaderas, y abalorios de manufactura china en general. Para beber es muy popular un menjunje rojo que dicen va bien contra la insolación. Al llegar la noche las gentes tocaban los tambores y las familias cantaban en el patio de sus casas lanzando el grito característico de: ¡Ayayayayaiiii…!

Como en casi todo el Sahel, los hombres visten con chilabas y las mujeres se enganchan aros en las aletas de la nariz. Muchos lucen tatuajes y la mayoría muestra en la cara, frente y nariz los cortes tribales de geometría simétrica, como tres cortes que parecían el número 111. Todos, hombres y mujeres, ancianos y recién nacidos, portaban talismanes de todo tipo, sortilegios y amuletos o gri-gris en vainas de cuero, y hasta balas de la buena suerte para que ningún disparo te mate. Al cabo de dos días de espera pude abandonar Bol en dirección a un poblado más al Noroeste, Bagasola, donde tuve la fortuna de coincidir con un camión de empleados del gobierno que estaban realizando el censo de Kanem subvencionado por las Naciones Unidas, y podría viajar con ellos al día siguiente hasta el pueblo de Liwa, a sólo doscientos kilómetros de la primera aldea de Níger. Más allá no habría transporte regular, tan sólo un camión mensual que llegaba para cargar natrón, una piedra caliza de la que extraen detergente y productos farmacéuticos. En Liwa esperaría en vano cerca de una semana a tal camión, lo cual me sirvió para familiarizarme con algunas de las costumbres de las gentes de Kanem: al llegar a cualquier poblado, por pequeño que fuera, es compulsorio preguntar por el jefe, que siempre te suele recibir sentado en una estera, rodeado por los notables del lugar. Hay que descalzarse y arrodillarse ante él con una pierna, y requerirle respetuosamente autorización para pernoctar, cosa a la que él siempre accede mostrándote una especie de entoldado con esteras donde se puede dormir, a veces incluyendo una comida al día consistente en bul.

Por las noches se oyen cánticos que salen de todos los cortijos de las casas de adobe; son niños ante una fogata que recitan una y mil veces versículos del Corán escritos en árabe sobre tablillas de madera. El primer día los niños pequeños de Liwa se asustaban al verme, por las historias que los adultos les habían contado sobre la raza blanca. Pero a partir del segundo se divertían siguiéndome y conversando. Las preguntas que me formulaban más frecuentemente, tanto niños como adultos, eran:

– ¿Por qué has venido aquí?

– ¿Cuándo te marcharás?

– ¿Eres muy rico?

– ¿Te envía tu gobierno?

Para tomar notas escribía a escondidas, pues una vez que no lo hice así, las gentes, desconfiadas, se molestaron creyendo que les arrebataba secretos que les pertenecían. Como me empezara a cansar de esperar tantos días el camión de Níger, que nunca llegaba, pedí autorización al jefe para abandonar Liwa en camello, solicitándole me presentara un camellero de confianza para que me sirviera de guía a Níger, conviniendo de antemano un precio justo “nativo”, no de “turista”. Él mandó llamar al hijo de un notable y acordamos la salida para esa misma noche.

– Pero antes —me aconsejó el jefe— has de adquirir un gri-gri para que te proteja. El camino será duro para un europeo como tú.

El camellero entonces me condujo a la casa de un marabú muy respetado, un anciano de ojeras muy interesantes. Rezó y escribió un mensaje en árabe en un papel a la par que recitaba encantamientos rogando a Alah para que la finalización de mi viaje estuviera exenta de adversidades insuperables. Le pagué una voluntad y luego marché a que me envolvieran el preciado gri-gri en una funda de cuero a la que añadí un cordel para colgármelo en el cuello por el resto del viaje. Ahora sí que ya estaba todo preparado para la partida. El camellero, llamado Abderramán, fue a buscar sus dos camellos revueltos entre muchos más, identificándolos al instante. Le pregunté:

– ¿Cómo es que reconoces tan fácilmente a tus dos camellos entre cien?

– De la misma manera que un europeo en la ciudad reconoce su coche entre muchos otros —me contestó—.

Observé que todos los camellos llevaban marcas en el cuello o muslos que servían para demostrar la propiedad de sus dueños. Cargamos unas bolsas con pan, dátiles secos, cacahuetes, chai, dos botellas de agua y maíz para los camellos, que de hecho eran dromedarios, de una sola joroba. Para subir arriba de ellos se debe tirar de la rienda enganchada a la boca del camello, quien entonces se agacha, y en dos tiempos se levanta de nuevo. La bajada es en tres tiempos y hay que engancharse bien en una especie de “mástil” de la montura para evitar que te tire. El horario de viaje sería: levantarnos a las 5’30, descansar al mediodía hasta las 15.30 de la tarde, parar de nuevo a las 18.00 para la cena y proseguir hasta la medianoche para dormir.

Abderramán calculó tres días de viaje a Dabois, el puesto fronterizo chadiano, y un día más hasta N’Guigmi, ya en Níger. Entre Liwa y N’Guigmi median unos doscientos kilómetros. Por el camino vimos tiendas rectangulares de nómadas, con cabras, perros y camellos, que nos saludaban al pasar y ofrecían comida, generalmente leche de camella en una palangana comunal donde echábamos trozos de pan, que comíamos en cuclillas sobre una estera. Las noches eran claras y dormíamos à la belle étoile. A los camellos se les ataba las dos patas delanteras con una cuerda y se les dejaba que comieran hierbas y acacias de los alrededores. Por las mañanas los encontrábamos dentro de un radio de medio kilómetro. Atravesamos aldeas abandonadas por la sequía del Sahel cuyos habitantes habían emigrado a las islas del lago Chad, y poblados habitados donde fuimos invitados a descansar y beber chai. Cuando se nos acabó el agua de las dos botellas nos abastecíamos de pozos en los oasis, con ayuda de un capazo donde también bebían los camellos. Era un agua apestosa, de color negra, marrón, verde o amarilla, con sabor intolerable, similar, eso me parecía, a orines de camello. Pero debía beber de cinco a siete litros diarios para no deshidratarme. Durante tiempo, ya habiendo acabado el viaje, mi subconsciente recordaría aún el asqueroso sabor de esa agua cada vez que iba a beber. Abderramán, sin embargo, la encontraba buena. Al viajar a bordo del camello debía prestar mucha atención, pues a veces pasábamos por zonas donde había arboleda llena de pinchos largos. Lo mejor era viajar a paso normal de camello, a unos tres kilómetros por hora. Si se desea ir a trote hay que golpear con una fusta el cuello del camello y gritarle enérgicamente alguna palabra como: ¡iala, iala!, pero se bota mucho y te produce escoceduras en las posaderas, como fue mi caso. A veces al camello le entran ganas de gritar y su boca apesta a cloaca. Siempre tiene hambre y de dejarlo a su aire se pararía en todos los arbustos del camino para tragar hierba que luego rumia. Tras numerosas aventuras y encuentros curiosos dejé de observar el lago Chad. El cuarto día arribaría, extenuado, a la frontera con Nigeria.

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17 – Chile (6 patrimonios y 17 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE RAPA NUI

Me dio mucha ilusión aterrizar en la Isla de Pascua. Era el año 1997. En el aeropuerto había nativos que ofrecían cuartos baratos. Yo seguí a una mujer que me llevó a su cortijo a un precio de ganga. Varios extranjeros que viajaban en el mismo avión de Santiago de Chile, también fueron con ella. Al final todos los moradores de ese cortijo hicimos amistad, un australiano que ya estaba allí alojado durante un mes, y los nuevos compuestos por un holandés, un danés, un ruso y yo.

Debería permanecer en la Isla de Pascua casi una semana, hasta que despegara mi avión con destino Papeete, en la Polinesia Francesa. El turista ruso estaba dando una vuelta al mundo y, como debía tener mucho dinero, el día siguiente alquiló un jeep y nos llevó a varios de nosotros con él, por turnos, para descubrir la isla. Gracias a él no fue necesario hacer autostop. Visitamos todos los vericuetos de la isla, hasta sus cuevas, donde estaba alojada una turista alemana. Encontramos la cantera de piedra de donde se extraían los moais y se les daba forma, antes de clavarlos en sitios determinados, representando difuntos.

Esos días encontramos en la playa de Anakena a un aventurero español llamado Kitín Muñoz, que estaba preparando una expedición llamada Mata Rangi en una balsa de totora para cruzar el Océano Pacífico (que sería un fracaso, pero se acabaría casando con una princesa búlgara y abandonaría las aventuras para siempre).

Noté fricción entre los pascuenses y los chilenos del continente. De hecho, los pascuenses aún guardan rencor a todos los extranjeros de origen occidental pues, en el pasado, todos los navegantes que les visitaron cometieron atrocidades contra ellos. Por ejemplo, los primeros visitantes, los holandeses al mando de Roggeveen, el que nombró la isla como Pascua por haber llegado a ella el día de la Resurrección de la Semana Santa, mató a varios nativos. Luego vinieron los españoles capitaneados por Felipe González, y se entablaron cordiales relaciones y no hubo confrontaciones. Los ingleses, al mando del Capitán Cook, los visitarían más tarde y también matarían pascuenses, igual que hicieron los franceses de La Pérouse, como los estadounidenses.

Los españoles manteníamos relaciones extraordinarias con los pascuenses, y éramos los únicos visitantes pacíficos, pero se vieron rotas cuando un negrero y genocida barcelonés (de El Masnou), llamado Joan Maristany Galceran, asesinó y secuestró a un tercio de la población para llevarlos a Perú para trabajar como esclavos en las minas de guano. Entre esos secuestrados estaban los sacerdotes, los únicos que conocían el alfabeto rongo-rongo de la Isla de Pascua, pero perecieron por la crueldad de la esclavitud en Perú. Debido a ese malnacido español, hoy la escritura del rongo rongo sigue sin ser descifrada.

El día de mi partida volé a Tahití. Todos mis compañeros permanecerían en la misteriosa Isla de Pascua unos cuantos días más.

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18 – China (53 patrimonios y 60 candidatos)

 

ESCULTURAS RUPESTRES DE DAZU

Tenía a mi disposición cinco montañas adonde dirigirme para admirar este Patrimonio Mundial:

– Shizhuan shan, con esculturas del siglo XI

– Bei Shan, con estatuas representando el Budismo Tántrico

– Nan Shan, con estatuas del siglo XII, la mayoría Taoístas

– Shimen Shan, con esculturas con motivos Budistas y Taoístas

– Baoding Shan, con estatuas Budistas en una garganta con forma de U

De haber visitado las cinco montañas me habría empachado de estatuas, así que mi intuición me hizo seleccionar Baoding, la última, porque había leído que su autor, el sabio monje Zhao Zhifeng, había trabajado en esa garganta durante 70 años, y deduje que habría alcanzado el estado de Nirvana.

Llegué a Baoding Shan (Shan significa montaña en chino) en el asiento de atrás de una moto. Compré el billete de entrada y durante todo ese día contemplé el complejo de estatuas a lo largo de una garganta, sin dejarme ni una, tomando notas de todas ellas, leyendo los letreros y, ante algunas, meditando. Allí había sabiduría labrada en piedra.

Baoding Shan era una escuela esotérica al aire libre para estudiar y poner en práctica los conocimientos que allí se ofrecían para intentar superar la condición de bípedo implume que adquirimos al nacer, y aprender a vivir correctamente como un hombre completo.

Las esculturas que más me llegaron al alma fueron las de la Rueda de la Vida, el Buda Shakyamuni y su piedad, el nicho de los seis animales que simbolizan los seis sentidos del ser humano (vista, oído, olfato, tacto, gusto, e intuición), Avalokitesvara, los tres santos de la escuela budista de Huayan, diversos Bodhisattvas, y un largo etcétera.

Por la noche viajé en autobuses y trenes hacia otro Patrimonio de la Humanidad de la organización UNESCO: los Santuarios del Panda Gigante de Sichuan.

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19 – Colombia (8 patrimonios y 18 candidatos)

 

PUERTO, FORTALEZAS Y CONJUNTO MONUMENTAL DE CARTAGENA

En Cartagena de Indias me sentía en España, tanto por la lengua española que oía por las calles, como por la arquitectura que hacía que me encontrara en Andalucía, hasta por el carácter casi “mediterráneo” de sus gentes. Y también por los monumentos dedicados a españoles, como el madrileño Pedro de Heredia (fundador de Cartagena de Indias), el leridano San Pedro Claver (que liberaba esclavos negros de esa ciudad), el militar guipuzcoano Blas de Lezo, o hasta el navegante y descubridor Cristóbal Colón, aunque fuera genovés.

Hallé un hostal en el barrio de Getsemaní, dentro de las murallas, donde me alojé varios días esperando mi vuelo a las islas de San Andrés y Providencia.

Un día entre los días en los que iba descubriendo al azar esa entrañable e histórica ciudad a pie, admirando los balcones de sus calles, entrando en iglesias, palacios, y en la catedral (donde compré un cirio), me fijé en una plazoleta en cuyo centro se erguía una fuente que era una copia de la de Canaletas, en Barcelona, España. Me alegró verla pues en mi infancia, cuando paseaba por las Ramblas barcelonesas, solía beber agua de ella. Me contaron que fue un regalo del ayuntamiento de Barcelona en señal de amistad entre dos ciudades hispanas. Y queriendo saber más sobre la historia de Cartagena, entré en el Museo Naval del Caribe, en esa misma plaza, frente a una estatua que representaba un siniestro pirata inglés. Allí una guía iba explicando a los turistas sobre la proeza de un gran héroe llamado Blas de Lezo y apodado “Patapalo” y hasta “Mediohombre” (durante su carrera militar había perdido un ojo, una pierna y un brazo) que la guía afirmaba ser colombiano y que su país, Colombia, había derrotado a los ingleses (al mando del almirante Edward Vernon), quienes poseían una flota abrumadoramente más poderosa que la colombiana, y superando en hombres a los colombianos a razón de diez por uno.

Una vez que estuvo sola, y para no dejarla en evidencia delante de los turistas, intervine y le dije que Blas de Lezo era español, nacido en Pasajes, provincia de Guipúzcoa, y que durante esa batalla el territorio de la Colombia actual era posesión española, llamada Nueva Granada, por lo tanto la victoria también era española. Pero ella me respondió, sin dar su brazo a torcer:

– Bueno sí, los españoles nos ayudaron

Me alegré comprobar que un hombre tan extraordinario como Blas de Lezo no sólo fuera “nuestro”, de España, sino también de Colombia. Intenté averiguar el paradero de su tumba, pero me dijeron que no se sabe. Sin embargo, muchos años antes los españoles, se le dedicó una estatua honrando su memoria en Cartagena de Indias, mientras que en Madrid, en la Plaza de Colón, solo se erigiría el año 2014.

Durante el resto de mi estancia seguí el perímetro de las fortalezas, realicé una excursión en barco por el puerto para apreciar la belleza de la ciudad desde el mar, e hice multitud de amistades con los locales jugando al ajedrez y bebiendo ron en la Bodeguita del Medio (de mismo nombre que la de La Habana).

Y cuando llegó el día de mi vuelo viajé a la isla de San Andrés, en el Caribe colombiano.

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20 - Corea del Sur (12 patrimonios y 16 candidatos)

 

GRUTA DE SEOKGURAM Y TEMPLO DE BULGUKSA

Me dio tiempo en un largo día a visitar los dos lugares que componen este Patrimonio Mundial. Desde Busan, adonde acababa de llegar con el ferry desde Shimonoseki, abordé un autobús a Gyeongiu, y de allí caminé hasta Bulguksa, donde durante varias horas visité las pagodas y templos, incluyendo los siete tesoros nacionales de Corea.

Gracias a las charlas con algunos monjes pude aprender algo más acerca del Budismo practicado en Corea. Me gustó todo cuanto vi y sobre todo la atmósfera de paz y armonía que se respiraba, observé con detenimiento la bella arquitectura y me quedé admirado ante la perfección de las estatuas religiosas representando a Buda y a varios Bodhishattvas.

Desde Bulguksa realicé un trekking de 4 kilómetros a través del follaje, lo que me tomó algo menos de una hora, acompañado de varios peregrinos coreanos, hasta la caverna de Seokguram. Ya en sí, esa corta caminata fue una delicia, pero lo que iba a ver me alborozaría más de lo que había esperado.

Como todo buen turista no me perdí nada de lo que aconsejaba un letrero a la entrada. Hasta que llegué al “plato fuerte”, la gran escultura de Buda mirando al mar en la posición que adoptó bajo la higuera de Bodhgaya (Bihar, India) cuando alcanzó la iluminación espiritual. Esa escultura de Buda exhalaba sabiduría; está considerada una de las más perfectas representaciones de Buda en piedra que existen en Asia. Imagino que su autor la realizó bajo un estado de gracia.

Estaba prohibido hacer fotografías, por lo que compré a un vendedor callejero varias postales de la estatua. Incluso la visión de Buda desde la postal te inspiraba, despertándote fuerzas interiores. Para que su visión quedara permanentemente en mi memoria me quedé contemplándola unas dos horas seguidas, en un estado de semi meditación.

Tras la visión de esa estatua nada más podría impresionarme de ese lugar, así que a final de la tarde regresé a pie hasta Gyeongiu y poco más tarde abordé un autobús nocturno con destino Seúl.

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21 – Costa de Marfil (4 patrimonios y 3 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE TAÏ

Este ha sido el Patrimonio de la Humanidad donde he experimentado más tribulaciones que a punto estuvieron de costarme la vida.

Viajé a Abidjan, en Costa de Marfil, el año 1987, y me alojé en la Misión Católica, que hace las veces de albergue de viajeros. A los pocos días llegaría media docena de viajeros procedentes de diversas ciudades de España, más una chica de Estados Unidos de América. Entre todos alquilamos una furgoneta con conductor (asunto que yo ya había gestionado los días de espera) y juntos resolvimos durante un mes conocer todos los parques nacionales de Costa de Marfil.

El primer Parque Nacional que visitamos fue el de Comoé, donde vimos diversos animales salvajes, sobre todo innumerables hipopótamos mientras navegábamos en canoa por el río Comoé. Todo fue bien y había armonía en nuestro pequeño grupo, hasta aceptamos a dos autostopistas españoles a unirse a nosotros.

Los últimos días debíamos visitar el último parque, el de Taï. Por la tarde descansamos en el poblado de entrada. Cuando se acabaron las cervezas fui a comprar varias a un kiosco vecino. Allí había un muchacho adolescente. Al aparecer, huyó despavorido, gritando a viva voz:

–… ¡Los siete segundos!… ¡Los siete segundos!…

No comprendía nada. Entré en el kiosco y advertí una serpiente muy delgada, de color verde. Al lado había una escoba, la agarré y le arreé unos buenos estacazos en la cabeza a la serpiente, matándola. Yo mismo tomé varias botellas de cerveza de la nevera y en la caña de la escoba colgué la serpiente, como un san Jorge matando al dragón, y le dije al niño:

– ¡Qué cobarde eres, si era una serpiente de nada!

El niño estaba con su madre, muy preocupada, y me dijo que esa era la serpiente más peligrosa de la zona, y cada año mata a varios niños. Se la llama la serpiente de los siete segundos porque cuando te pica, uno cuenta: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… y al llegar a siete, te mueres sin remedio.

Me advirtieron los nativos que en el pico del Parque Nacional Taï, llamado Niénokoué, de 360 metros de altura, mora un espíritu misántropo al que no le gusta que profanen sus dominios, por ello a los humanos que lo intentan les crea obstáculos para que no lo logren.

El día siguiente emprendimos la caminata a ese pico. Debíamos cruzar ríos con ayuda de canoas y a veces utilizar los árboles como puentes. Para beber cortábamos las ramas de los árboles, que nos proveían de agua potable y bien fresca.

Cuando se hizo oscuro acampamos junto al río. De pronto observamos cómo una gran mancha negra se acercaba a nuestro grupo, rodeándonos. Sin darnos tiempo a reaccionar nos vimos acorralados entre la gran mancha negra que se acercaba a nosotros y el río. El guía nuestro gritó despavorido:

– ¡Las Magna Magna!

Y lleno de terror cruzó el río a nado y desapareció. Eran unas hormigas gigantes que son carnívoras y poseen una dentadura muy poderosa. Se las denomina Magna Magna en el oeste de África, o Siafu en lengua swahili, mientras que la ciencia las cataloga como Dorylus. Se alimentan de gusanos, insectos y sobre todo de ratas, que devoran en menos que canta un gallo. Se han dado casos en los que se han comido seres humanos, sobre todo bebés de pecho. Viven en colonias de 20 y hasta 50 millones de ejemplares y todas son ciegas. Poseen una reina que gobierna sobre las hormigas obreras y las que hacen la labor de soldados. Están muy bien organizadas y cuando atacan una presa siguen una estrategia impecable, que se diría militar.

Instintivamente hicimos antorchas y las mantuvimos a raya con el fuego, al que temen. Era imposible saltar sobre la mancha negra, pues era de varios metros de longitud, y de intentarlo uno caería dentro de la mancha, lo que significaría la muerte. Una vez que comienzan a comerse un humano, solo le dejan el sombrero y las gafas, todo lo demás lo engullen y se lo comen a medias entre todas. No teníamos tiempo para nada, ni siquiera para beber agua pues las hormigas eran muy osadas y se acercaban peligrosamente. Cada vez el círculo que nos protegía era más pequeño, hasta que estábamos espalda contra espalda. Estábamos todos agotados. De pronto aparecieron las primeras luces del sol, y las hormigas, a la orden de la reina, desaparecieron como por arte de Birlibirloque ¡Estábamos salvados!

Interrumpimos el trekking a la cima del Niénokoué y nos dirigimos en el vehículo a San Pedro. Fue allí donde experimenté las primeras fiebres. Había contraído el paludismo. Mis compañeros me transportaron a un hospital de San Pedro, pero las condiciones en él eran lamentables, y la botella del suero la colgaban de un clavo en la pared, sin ningún tipo de higiene. Fue cuando uno de ellos resolvió acompañarme al hospital de Abidjan y avisar al cónsul de la Embajada de España, que me vino a visitar. Yo estaba inconsciente, y así permanecí durante varios días. Todo esto me lo contaron después mis compañeros de viaje, pues yo no recordaba nada; en mi memoria hay un vacío entre la salida del Parque Nacional Taï y el día que me dieron el alta en el hospital de Abidjan. Sólo recuerdo a fogonazos la llegada a San Pedro.

Por suerte, de los cuatro tipos de malaria que existen, había contraído el más benigno, el que no te mata, y así pude contarlo y regresar unos días más tarde a Hospitalet de Llobregat, en mi querida España. Lo primero que hice al llegar a mi pueblo y estar restablecido de salud, fue comprar un cirio en la iglesia donde me bautizaron, en señal de agradecimiento a Dios.

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22 – Cuba (9 patrimonios y 3 candidatos)

 

CIUDAD VIEJA DE LA HABANA Y SU SISTEMA DE FORTIFICACIONES

Una de las raras veces que he viajado con un grupo programado fue para entrar en Cuba. Era el año 1983 y en esos tiempos no estaba permitido el viajar por ese país de manera individual (o al menos eso fue lo que me dijeron entonces en el Consulado de Cuba en Mérida, México).

Por un precio de risa compré en Mérida un paquete turístico con un grupo de mexicanos. Todo estaba incluido, billetes de avión, hoteles, guías, comidas y excursiones. Todo a excepción de las visitas facultativas, como el espectáculo del cabaret Tropicana, el cual se debía satisfacer en dólares americanos. Y yo piqué y pagué la entrada en dólares, pero no me arrepiento pues fue extraordinario.

La Habana seduce, es bella, a pesar de lo decrépita. No en vano ha sido elegida el año 2015 como una de las siete ciudades maravillosas (New7Wonders Cities), junto a Vigan, Beirut, Durban, Doha, La Paz y Kuala Lumpur. De estas siete ciudades, tres han sido construidas por los españoles; no está mal la proporción.

Al estar todo incluido nos llevaban a las excursiones desde la mañana a la noche y por ello tuvimos oportunidad de entrar en la catedral y en las demás iglesias de la ciudad, en los museos, en los centros sociales, en los sitios que hoy contempla UNESCO en este Patrimonio: Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el Castillo de los tres Reyes Magos del Morro, etc.

Un día que tocaba mostrarnos lo “bien” que viven los obreros de una fábrica, deserté y abordé de madrugada un autobús a Pinar del Río para visitar el Valle de Viñales, otro Patrimonio Mundial (sería nominado como tal el año 1999). Cuando el guía, que debía reportar mi ausencia, me preguntó por la noche dónde había estado, le dije que me había sentido cansado y me fui a la Bodeguita del Medio a tomarme un par de mojitos. Pues bien, el guía fue allí a indagar, menos mal que en la bodeguita le dijeron que no recordaban quién había estado y quién no. Y me salvé. Los empleados del Gobierno viven en Cuba bajo un régimen de terror, como en los tiempos de la URSS, siempre temiendo un castigo.

Tras el tour mis amigos mejicanos me darían fotos de castillos y fortalezas, pues viajaba sin cámara de fotos. Yo aparezco en una de ellas junto a dos mejicanos entre cañones, en las afueras de La Habana.

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23 – Dinamarca (9 patrimonios y 6 candidatos)

 

TÚMULOS, PIEDRAS RÚNICAS E IGLESIA DE JELLING

 

Los dos túmulos más las piedras rúnicas y la iglesia con el barco de piedra se hallan a 5 minutos a pie desde la estación de tren de Jelling. Comencé mis visitas subiendo a los dos túmulos funerarios para tener una vista panorámica del sitio y poder identificar la forma de barco que formaban las piedras megalíticas esparcidas por el campo de los alrededores. Tras ello admiré las dos runas principales que fueron allí colocadas por el hijo del rey vikingo Gorm. Esas dos runas estaban protegidas de las inclemencias del tiempo por un techo. Una de ellas mostraba inscripciones paganas, pero la otra contiene la primera mención del cristianismo en Dinamarca, pues la esposa del rey Gorm se convirtió a esta religión.

Tras ello entré en la iglesia, que fue lo que más me encantó de la visita. El exterior de la iglesia era ordinario, apenas atractivo, pues había sido reconstruida en el año 1100, ya que la primera iglesia, de madera, erigida por el hijo del rey Gorm, databa del siglo X pero sufrió un incendio. Su interior albergaba hermosos frescos del siglo XII; en lo alto había un barco a manera de lámpara y en un lateral se parte anterior estaba el órgano. Era una iglesia simple pero entrañable. Pregunté por el monaguillo para comprarle un cirio, pero no lo encontré.

Tras unos diez minutos tomando fotos a los frescos, cosa que estaba permitida, y a la vista de que el monaguillo no aparecía, entré en el museo localizado justo enfrente, donde empleé más de dos horas en admirarlo, de lo didáctico que era. Además, la entrada era gratuita y los empleados se mostraron muy amables. En las dos plantas de ese museo tan bien diseñado aprendí sobre la cultura de los vikingos, sobre el significado de las piedras rúnicas a través de un juego de láser, más sobre la historia de Dinamarca y sus posesiones en la península escandinava, en el norte de la Alemania de hoy, más en el mar Báltico. Tras esta estupenda visita, regresé gozoso a la estación de tren para marcharme a viajar a otra parte.

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24 – Ecuador (5 patrimonios y 5 candidatos)

 

ISLAS GALÁPAGOS

Visité las Islas Galápagos el año 1997. Intenté llegar a ellas desde Guayaquil, en barco, pues en barco las descubrió el fraile soriano Tomás de Berlanga en 1535, pero lo más barato era volar. La economía pudo más, y volé a la Isla de Baltra. El aeropuerto estaba controlado por militares. Al aterrizar me hicieron pagar 80 dólares americanos, más 10 de impuestos y 5 de transporte en autobús al puerto. Los ecuatorianos sólo pagaban el transporte. Yo intenté hacerme pasar por uno de ellos, justificando mi acento por haber vivido en España, pero al serme solicitada la cédula, o documento interno ecuatoriano y no poder mostrarlo por carecer de él, tuve que resignarme y pagar, como todos los extranjeros. Sin embargo, en Quito la estratagema funcionó; allí hablé sin pronunciar la zeta al vendedor de los billetes de avión y logré pagar un precio ecuatoriano por el vuelo.

Un barco nos llevó a la isla de Santa Cruz. Allí otro autobús, por el importe de 5 dólares más, me depositó en Puerto Ayora. Busqué un hotel donde alojarme, encontrando uno donde pagué 4 dólares por un cuarto individual. Acampar o dormir a la intemperie estaba prohibido, además de ser peligroso, pues las tortugas pueden morderte una oreja, o comerse un zapato.

Alquilé una bicicleta para moverme por la isla a mi aire. En una agencia de viajes observé los precios para realizar excursiones diarias a las islas vecinas. Todas eran caras para mi bolsillo, del orden de 65 dólares la más barata. También ofrecían cruceros de una semana, con guía hablando inglés, pero los precios eran desorbitados para mi economía. Muchos extranjeros preferían esta segunda opción. Yo veía los folletos y los precios anunciados en los escaparates de las agencias de viaje como si estuviera ante un museo. No podía permitirme viajar en ningún crucero; estaba al principio de una larga vuelta al mundo y debía racionar el dinero si quería concluirla.

Hablando con una empleada de una de esas agencias me informó que los ecuatorianos viajan en barcos locales a precios muy reducidos, para pobres, y yo podría unirme a ellos si también era pobre y comprendía el español, lengua que usaba el guía para visitantes pobres. Compré de inmediato dos excursiones a 20 dólares por cada una de ellas para los dos días sucesivos, con todo incluido, transporte con guía en español, comidas y bebidas.

La primera salida fue a la Isla Seymour Norte, y la segunda a la Isla Bartolomé. Hice mucha amistad con los ecuatorianos de mi barco. Vimos fragatas, gaviotas, pelícanos, iguanas, lobos de mar que practicaban surfing, lomos de ballenas, delfines… aquello era una fiesta para todos los sentidos. Todos disfrutábamos como niños, reíamos sin parar. También tuvimos tiempo para hacer trekkings a los volcanes y para nadar en las playas.

De vuelta en Santa Cruz visité la estación Charles Darwin con el parque nacional. Una de las chicas ecuatorianas me hizo una foto con el galápago Solitario Jorge. Cuando en el año 2012 me enteré de que el Solitario Jorge acababa de morir, me sentí muy triste. Fueron unos días inolvidables los que pasé en las Islas Galápagos.

De vuelta en Quito proseguí mi larga vuelta al mundo.

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25 – Egipto (7 patrimonios y 33 candidatos)

 

MENFIS Y SU NECRÓPOLIS – ZONAS DE LAS PIRÁMIDES DESDE GUIZA HASTA DAHSHUR

De entre las Siete Maravillas del Mundo de la antigüedad, considero que el complejo que alberga las Pirámides de Egipto es la más importante y espectacular, y con mucha diferencia.

Pienso que la Esfinge, por encima de las pirámides, es el monumento más extraordinario que ha producido la Humanidad a lo largo de su historia. Es un tetramorfo que simboliza el resultado al que debemos aspirar elevando nuestra condición de bípedo implume al nacer. Su cuerpo de toro representa la fortaleza y voluntad que se necesita para ello, las garras de león son el arrojo para acometerlo, la cabeza de hombre es como la de un ángel, que irradia pureza y amor. Mientras que las alas de águila, hoy desaparecidas, representaban las altas miras de nuestro designio, como las que alcanza el águila en su vuelo. Los cuatro evangelistas copiaron estos cuatro símbolos en sus evangelios.

En los tiempos de mi primera visita a las pirámides (año 1984) era posible trepar hasta la cúspide de la pirámide de Keops burlando a los guardianes, o bien sobornándolos por un puñado de libras egipcias en caso de ser sorprendido por ellos. Había que llevar consigo una manta, pues el viento allí arriba era frío. Y había quien había pasado una noche en el interior de Keops.

Yo no trepé, pero sí que visité su interior, aunque no me quedé allí a dormir. Por las noches esperaba a que acabaran los shows de Luz y Sonido para los turistas, trepaba entonces por una verja, desplegaba mi saco de dormir y me instalaba a los pies de la Esfinge para pasar la noche. Y así durante siete noches.

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26 – Emiratos Árabes Unidos (1 patrimonio y 7 candidatos)

 

SITIO ARQUEOLÓGICO DE AL AIN: HAFIT, HILI, BIDAA BINT SAUD Y ZONA DE LOS OASIS

Durante mi primera visita a Al Ain (en el año 2000) había sólo visitado uno de los siete oasis que se ubican en esta población, la cuarta más habitada de los Emiratos Árabes Unidos (tras Dubai, Abu Dhabi y Sharjah). Venía en autobús de Abu Dhabi y mi destino final era Muscat, en Omán, por lo que apenas estuve en Al Ain unas dos horas de tránsito. Pero en un viaje posterior, en 2017, dediqué medio día a recorrer con más detenimiento los oasis más una montaña incluida en este Patrimonio Mundial compuesto por 17 lugares distribuidos por cuatro grupos.

Tras la montaña, llamada Hafeet (Jebel Hafeet), fronteriza con Omán, entré por unos minutos en un oasis pequeño en la entrada de Al Ain, que se llamaba Hili. A la entrada se erguía majestuosa una imponente torre (cerrada cuando llegué) más el propio oasis mostrando su sistema de riego. Encontré ese oasis muy pequeño, por ello lo recorrí en apenas 15 minutos, tras lo cual me marché hacia el oasis más importante, llamado Al Ain, como la ciudad.

En el oasis de Al Ain lo más importante era el sistema milenario de regadío, llamado aflaj (en plural falaj), extrayendo aguas subterráneas. Ese sistema no es único en los Emiratos Árabes Unidos, sino también es usado en Omán y países vecinos, y hasta en China. El oasis Al Ain, situado en el mismo centro de la ciudad, es el más impresionante y didáctico. Era además bello, con innumerables palmeras y follaje. En su interior había dos cafeterías y lugares de recreo. Unas paredes de adobe te conducían a los sitios principales, como a la pequeña mezquita de Obad Bin Ali Al Nasseri y a uno de los pozos desde donde se canalizaba el agua subterránea.

Las varias entradas a ese oasis tenían forma de fortaleza y el ingreso era gratuito; hasta te ofrecían un folleto en árabe y en inglés. Había una plazoleta mostrando en miniatura el oasis, señalando la mezquita más las fortalezas a cada una de las salidas. En una de las salidas se hallaba el Museo de Al Ain, dentro de un castillo árabe, donde se explicaba de manera didáctica y muy lúcida acerca de los falaj. Al acabar la visita regresé a Dubai, a unos 150 kilómetros de distancia, la misma que separa Al Ain de Abu Dhabi.

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27 – España (47 patrimonios y 29 candidatos)

 

MONASTERIO Y SITIO DE EL ESCORIAL, MADRID

La primera vez que visité el Monasterio de El Escorial lo hice como turista. Tenía sólo 20 años y en Madrid compré un tour con todo incluido a El Escorial más el Valle de los Caídos por poco más de 1.000 pesetas. Posteriormente volvería más veces a esos dos sitios, no menos de cuarenta, pero siempre por mi cuenta y, con frecuencia, con amigos extranjeros.

La primera vez el exterior del monasterio me pareció austero, no podía imaginar entonces que el interior de ese colosal edificio de aspecto sobrio en forma de parrilla contuviera maravillas que están más allá de la imaginación. Nuestro guía, incluido en el tour, era un hombre enjuto, muy mayor, caminando con ayuda de un bastón, que trataba de impresionar a los turistas de nuestro grupo contándonos la cantidad exacta de habitaciones, puertas y ventanas que había en ese monasterio.

Durante unas 3 horas visitamos, en compañía del guía, todo lo más remarcable (a excepción del monasterio en sí pues estaba habitado por monjes), desde los pasillos con las habitaciones, incluida la cama de Felipe II, hasta la Basílica, la Sala de las Batallas mostrando las victorias de las tropas españolas, siendo una de ellas la de San Quintín (que motivó la erección del monasterio), el Panteón, la fantástica Biblioteca con sus manuscritos iluminados, mapas antiguos y los Libros de Horas, los jardines de los frailes, el museo albergando pinturas de artistas tan sobresalientes como El Greco, José de Ribera, Tiziano, Zurbarán, El Bosco, Tintoretto, Paolo Veronese… además de otros tesoros. Aquello era asombroso, prodigioso, entrañable para un español, uno sentía que ese monasterio albergaba el alma de España.

Además de la Sala de las Batallas y la Biblioteca, lo que más me cautivó fue el Crucifijo de mármol de Carrara, obra de Benvenuto Cellini, la tumba de don Juan de Austria en el Panteón de los Infantes, más algunos frescos de Luca Giordano. Considero el Monasterio de El Escorial el Patrimonio de la Humanidad español más extraordinario.

Tras el Monasterio de El Escorial el chófer nos condujo a pocos kilómetros de allí para visitar la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Desde la lejanía ya se observaba la cruz monumental de 150 metros, la más alta del mundo. Sin embargo, este impactante y bello lugar no está incluido en el Patrimonio Mundial junto a El Escorial.

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28 – Estados Federados de la Micronesia (1 patrimonio y 1 candidato)

 

CENTROS CEREMONIALES DE LOS ANTIGUOS ESTADOS MICRONESIOS: NAN MADOL Y LELU

Pohnpei es la isla más extraña en Micronesia debido a las enigmáticas ruinas de Nan Madol, construidas con bloques de basalto que llegan a pesar hasta 50 toneladas. Nadie se explica aún la forma en que fueron cortadas de la cantera, transportadas por kilómetros para erigir una formación perfecta de 92 islotes.

Además, la naturaleza en Pohnpei es fabulosa; uno no se siente en una pequeña isla sino en el centro de un continente a causa de las altas montañas y los ríos poderosos. Estoy seguro de que si existiría King Kong en Pohnpei se sentiría como en casa.

Pohnpei es una isla dividida en cinco reinos: Kiti, Sokehs, Net, U, y Madolenihmw, y sus reyes tienen poder en la política del país.

Hice autostop para rodear la isla cuando ¡el Presidente de la República me recogió en su coche! Iba a los funerales de la Reina de Kiti y me invitó. Acepté de buen grado. El rey de Kiti estaba triste, abatido, y de vez en cuando suspiraba. Le di una matrioshka que traía de mi reciente viaje a Rusia, a modo de condolencias. El rey, en correspondencia, me ofreció medio cocotero con kava para beber y ordenó a su cocinero que me sirvieran una cabeza de perro para el almuerzo, pero yo decliné con gentileza pidiendo a cambio una tortilla y una sopita. El rey dio instrucciones al cocinero del cambio de menú y me complacieron.

Tuve la oportunidad de pasar una noche en las ruinas de Nan Madol usando mi saco de dormir como colchón. Fue una experiencia inusual y tuve sueños extraños en esas ruinas de altos muros.

Me hallaba completamente solo. Había mosquitos, pero me resigné a sus picaduras y acabé durmiendo plácidamente hasta que el sol me despertó. Entonces me incorporé y atravesé como pude los 92 islotes hasta que alcancé la carretera. Practiqué con éxito el autostop para regresar a Kolonia.

Dos semanas más tarde volé a Kosrae para visitar el complejo de Lelu.

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29 – Estados Unidos de América (23 patrimonios y 20 candidatos)

 

PAPAHANAUMOKUAKEA

Para alcanzar este sitio UNESCO volé desde Los Ángeles a Honolulu y un día más tarde al atolón de Midway junto a un nutrido grupo de veteranos de guerra, tanto estadounidenses como japoneses. Las plazas que quedaban las habían vendido a los viajeros para abaratar el costo del vuelo charter. A bordo me encontré con varios viajeros consumados que conocía por haber coincidido con ellos otros destinos, como en el atolón de Wake.

No es frecuente encontrar un avión con destino Midway, pues no es un atolón turístico y se ha de obtener previamente un permiso militar. A veces los cruceros escalan en Midway con turistas ornitólogos, pero no con regularidad. Para mí era una oportunidad única para conocer ese atolón, incluido en el sitio de Papahanaumokuakea.

Nada más al aterrizar, hacia el mediodía, hubo una ceremonia militar para conmemorar el aniversario de la Batalla de Midway, acontecida entre el 4 y el 6 de Junio de 1942, donde los americanos salieron victoriosos. Hablaron dos oficiales veteranos, uno americano y a continuación otro japonés. Todos asistimos con caras circunspectas a la ceremonia, y nos levantamos en señal de respeto al oír los himnos de Estados Unidos de América y del Japón. Tras ello, los soldados americanos nos invitaron a servirnos sin coerción café con leche y bollos de nata.

Disponíamos de unas 6 horas de tiempo libre antes de volar de regreso a Honolulu.

Lo sorprendente de Midway es la increíble cantidad de albatros autóctonos (conocidos por Albatros de Laysan) que allí vivían. Era su territorio, los pocos humanos que allí vivían (unos 70 entre militares y voluntarios estudiosos de los albatros) eran invasores en su atolón. Nos contaron que en ese atolón, de unos 6 kilómetros cuadrados de superficie, vivían unos dos millones de albatros, la mayor concentración de estas aves en el mundo. No se inmutaban ante nuestra presencia ni nos temían, pues estaban acostumbrados a ser respetados por los humanos. Los machos flirteaban con las hembras. Era una visión que parecía sobrenatural, milagrosa. Así les pareció a la mayoría de los viajeros con los que conversé.

Para muchos Midway era el lugar más sorprendente que habían visitado a lo largo de sus carreras viajeras. Para mí Midway representó un lugar mágico.

Cuando me cansé de pasear por el atolón esquivando albatros para no pisarlos, me fui a la playa. Allí había una taberna llamada Captain Brooks, donde la comida nos sería ofrecida gratuitamente, pues ya habíamos pagado por ella en el billete del avión. Era buffet libre y las bebidas estaban incluidas. Cuando llegó la hora nos dirigimos al aeropuerto y acto seguido volamos de regreso a Hawaii.

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30 – Estonia (2 patrimonios y 3 candidatos)

 

CENTRO HISTÓRICO (CIUDAD VIEJA) DE TALLIN

Llegué a media tarde a Tallin en tren, desde Rusia. Pronto alcancé un albergue barato junto a la preciosa Raekoja Plats (Plaza del Ayuntamiento), dejé me bolsa y salí a explorar la ciudad, que encontré preciosa, medieval. De hecho, Tallin es mucho más atractiva que las otras dos capitales bálticas que visitaría en días sucesivos: Riga y Vilnius.

Me encantan las ciudades fundadas por los Caballeros Teutónicos y que luego formaron parte de la Liga Hanseática; todas ellas son entrañables, preñadas de historia, y suelen preservar sus murallas medievales, como Tallin, que en al pasado contaba con 66 torres pero hoy se han reducido a apenas 20.

Noté que aún quedan muchos vestigios de la vieja URSS, y también del Imperio Ruso, como la catedral ortodoxa dedicada a Alexander Nevski, que visité arriba sobre la colina y le compré un cirio al pope. Por la mañana me acercaría hasta el castillo Toompea, la casa del zar Pedro el Grande, y la torre llamada Margarita la Gorda, nombre así dado por lo chaparrita que es.

Muchos turistas eran fineses que tomaban un barco de ida y vuelta en el día para emborracharse bebiendo vodka ruso, que en Finlandia es muy caro, y los veía deambular cantando por los callejones estrechos del centro histórico con una botella de vodka en la mano.

Al día siguiente me dirigí en tren a Riga, en Letonia.

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31 – Etiopía (9 patrimonios y 5 candidatos)

 

HARAR JUGOL

Una noche abordé un tren en Addis Ababa con destino final Djibouti y por la mañana descendí en Dire Dawa, donde transbordé en un minibús hasta la otrora misteriosa y prohibida ciudad amurallada de Harar.

Harar fue la ciudad por la que tenía más expectativas antes de viajar desde Nairobi a Etiopía en camiones. Ni las iglesias de Lalibela, ni las Fuentes del Nilo Azul, ni los castillos portugueses de Gondar, o Axum con su Arca de la Alianza, me habían suscitado tanta pasión. Y era debido a que había leído que Richard Burton (pero no el actor de cine que se casó con la actriz Elizabeth Taylor, sino un viajero inglés del siglo XIX) había sido el primer europeo en penetrar en esa ciudad, a la que llegó a pie, desde el Mar Rojo, sin miedo, y permaneció en ella diez días.

El minibús me dejó frente a una de las cinco entradas a la ciudad, cuyas murallas (llamadas Jugol) se hallan muy bien preservadas. Harar es una excepción en Etiopía. En esa ciudad la población es mayoritariamente musulmana, mientras que en las del resto del país predominan los cristianos.

Vi cristianos en Harar, e hice amistad con algún monje que otro en sus iglesias, pero predominaban las mezquitas, algunas de ellas databan del siglo X.

Una de las visitas no religiosas que efectué fue a la casa/museo donde supuestamente vivió el poeta Arthur Rimbaud, pero no para componer poemas, sino para desempeñarse de traficante de armas. Subí al primer piso y me gustaron sus cristaleras.

Sin embargo no encontré ningún signo que recordara la visita de Richard Burton, el mejor viajero inglés de todos los tiempos. Por la noche asistí a un espectáculo de hienas. Un hombre las iba llamando a gritos una a una, por su nombre, y ellas se acercaban sumisamente. El hombre repartía entre ellas trozos de carne y luego regresaban al desierto.

Volvería en más ocasiones a Harar por otros motivos, y en cada nuevo viaje encontraba algo que me había dejado la vez anterior. Harar es una de esas ciudades míticas en África, como Timbuktu, una ciudad que un viajero que se precie como tal debe visitar en su vida.

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32 – Fiji (1 patrimonio y 3 candidatos)

 

CIUDAD HISTÓRICA Y PORTUARIA DE LEVUKA

Sentí curiosidad por conocer el único Patrimonio Mundial de Fiji, declarado como tal el año 2013.

Desde la estación de autobuses de Suva, en la isla de Viti Levu, tomé un autobús hacia un puerto lejano en el noreste de la isla, y una vez allí abordé un ferry que me depositaría en la isla de Ovalau horas más tarde. En esa segunda isla nos esperaba un autobús para ir depositando a los pasajeros en las aldeas a lo largo de la costa, siendo en la parada final Levuka, donde yo descendí junto al resto de los pasajeros.

Observé justo en la estación de autobuses de Levuka una higuera con frutos maduros y el riachuelo al lado, y lo primero que pensé fue en pasar la noche allí mismo, al abrigo de la higuera, dentro de mi saco de dormir, pues ya tenía solucionada la cena trepando a la higuera para arrancar higos, y la ducha en el río esa noche y el afeitado por la mañana. Pero se puso a lloviznar, así que el propio conductor del autobús me señaló dos hoteles donde podría alojarme. Uno era el celebérrimo Royal Hotel, donde se habían alojado personajes históricos en Fiji, como el infame negrero Bully Hayes, y al lado había una pensión llamada Clara Holiday Lodge, que debido a mi escaso presupuesto sería mi elección. La dueña, Clara, era la hija de un hombre encantador (parte chino, parte fijiano y parte de origen europeo) con el que haría mucha amistad y le acompañaría el domingo a la iglesia católica para asistir a la misa y comprar cirios. Fue él quien me contaría numerosas anécdotas con la historia relacionada con esa ciudad en tiempos de la colonia, antes de que los ingleses concedieran la independencia a Fiji.

En esos tiempos, Levuka podía compararse con un poblado sin ley del legendario Oeste americano, con salas de fiestas llenas de hetairas, tahúres jugadores de póker, negreros sin escrúpulos (muchos de ellos provenientes de la provincia española de Barcelona, al mando de un siniestro y criminal barcelonés llamado Joan Maristany) secuestrando nativos para venderlos como esclavos en Australia para recoger la caña de azúcar o extraer el guano en Perú, párrocos de diferentes credos (incluidos los mormones) buscando salvar almas, balleneros, pistoleros, aventureros de medio pelo, reos europeos buscados por la ley… etc.

Todos los edificios situados a lo largo de la Beach Street preservaban su forma original de finales del siglo XIX, la barbería, el banco, el carpintero que fabricaba ataúdes, los locales de mozas de vida alegre, los almacenes, el mercado central. Todos excepto el templo de la logia masónica, que había sido incendiado recientemente por los nativos, ya que creían que allí se practicaba magia negra.

Para mí era un placer simplemente deambular a lo largo de la Beach Street e imaginar cómo debieron haber sido esos tiempos “salvajes” de Levuka, donde apenas imperaba la ley.

El tercer día abordé un ferry nocturno que por la mañana me depositó en Suva, donde pasaría la Nochevieja.

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33 – Filipinas (6 patrimonios y 19 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DEL RÍO SUBTERRÁNEO DE PUERTO PRINCESA

A la llegada a Puerto Princesa me preocupé por reservar para el día siguiente la excursión a este río subterráneo. Me habían dicho que la excursión está muy solicitada y hay que esperar varios días. No obstante al día siguiente probé y… ¡me dieron el permiso al momento!

Viajé entonces en un minibús al puerto de Sabang. Allí organizaban las visitas agrupándote con otros turistas, la mayoría de los cuales eran filipinos, pues a ellos también les gusta viajar por su país. Me decían con orgullo que el río subterráneo de la isla de Palawan era la última frontera filipina.

Antes de llevarnos a la entrada a la cueva por donde pasaba el río nos mostraron una cafetería donde podríamos comer o tomar bebidas. Rato más tarde me acoplaron a un grupo de turistas de Manila, nos colocaron a todos un casco más una chaqueta salvavidas. Había letreros donde advertían que estaba prohibido fumar en todo el territorio del Parque Nacional. Otro letrero informaba que la longitud de ese río subterráneo, el más largo del mundo de su naturaleza, medía más de 8 kilómetros. Había instrucciones a seguir, como no tocar las paredes y techos en el interior de la cueva, no alzar la voz, no asustar a los murciélagos, etc.

Había numerosos monos por doquier, muchos de ellos eran ladrones y si te descuidabas te robaban comida, o el gorro, las gafas, un bolígrafo, el paquete de tabaco, o lo que llevaras en el bolsillo de la camisa. Cuando llegó la hora entramos por la cueva. Durante más de una hora el barquero nos paseó por el río subterráneo. Al parecer no navegamos más de 1 kilómetro. Proseguir más adelante estaba prohibido, aunque el barquero presumía de haberse introducido con su barca hasta 4 kilómetros más adentro.

El barquero disponía de una linterna y nos iba alumbrando con ella los sitios más remarcables y los murciélagos, todo con ciertas dosis de humor, provocando la hilaridad. Tenía una gran imaginación pues a todos los rincones los había bautizado; a la sala más grande le llamaba “la catedral”. Fue una excursión interesante y nada cara.

Tras esa visita al río subterráneo viajé a la paradisíaca playa de El Nido.

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34 – Finlandia (7 patrimonios y 6 candidatos)

 

IGLESIA VIEJA DE PETÄJÄVESI

No es fácil alcanzar la iglesia de Petäjävesi si no dispones de coche. Primero bajé en tren desde el pueblo de Santa Claus, en el Círculo Polar Ártico, hasta Tampere, lo que me tomó una noche, de allí abordé otro tren hasta Jyväskylä y finalmente un autobús por una hora o así, hasta el poblado de Petäjävesi. Pregunté por la iglesia a los indígenas y me señalaron un sendero por el bosque cruzando un lago, caminé una media hora por el follaje y al final encontré una iglesia encantadora, de madera, en un entorno idílico, junto al lago. Me encantó por fuera, pero más por dentro.

Como iba peregrinando por los caminos de San Olav en Escandinavia y poseía una credencial de peregrino, los amables porteros me dejaron visitar la iglesia sin cobrarme nada. La cara de San Cristóbal era enternecedora, así como el altar, las tallas de los ángeles o los cuatro evangelistas, los dibujos de Martín Lutero y Moisés (la iglesia es luterana), más los dibujos en el techo. Lástima que no vendían cirios. En el patio había un cementerio y cruces más la torre del campanario. Los dos porteros, una simpática pareja de jóvenes, me informaron que a veces se conmemoran bautizos y bodas, pero apenas misa desde que se construyó en el centro del pueblo otra iglesia más moderna. También a veces celebran conciertos.

Junto al altar había un documento firmado por los zares de Rusia, de los tiempos cuando Finlandia formaba parte del Imperio Ruso, aunque la iglesia se construyó en el siglo XVIII, cuando esa zona pertenecía a Suecia (luego sería conquistada por Rusia). La iglesia estaba construida, decía un letrero en el exterior, en estilo típico escandinavo. Era el único visitante del día así que me recreé durante unas dos horas y media observando todo bien y entrando en todos los vericuetos de la iglesia, por dentro y por fuera, por delante y por detrás, sin dejarme ni una cruz o sitio significativo. Desde la orilla del lago se veía el pueblo y la otra iglesia moderna. El entorno era inmejorable, uno sentía paz paseando por el patio de esa iglesia.

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35 – Francia (44 patrimonios y 37 candidatos)

 

ISLAS MARQUESAS

En Papeete compré por menos de 600 euros un airpass para visitar cuatro islas del archipiélago de las Marquesas.

Me daba ilusión llegar a ellas pues fue el leonés (de Congosto) don Álvaro de Mendaña que en el año 1595 descubrió esas islas para el mundo occidental. Las llamó Islas Marquesas de Mendoza, en honor al virrey de Perú.

Las cuatro islas, las únicas donde hay aeropuerto, eran: Nuku Hiva, Ua Pou, Ua Huka y Hiva Oa. En cada una de ellas pasaría un promedio de dos a tres días. Por lo general, los turistas suelen visitar solo una de estas islas, Hiva Oa, pues allí vivió Paul Gauguin y Jacques Brel. Además, es en esa isla, en uno de sus extremos, donde se hallan los famosos tiki y los marae polinesios, que yo alcancé practicando el autostop, lo que me tomó dos días con una noche.

Nuku Hiva fue la primera isla donde aterricé por las combinaciones de vuelos. Es hermosa, como todas ellas, y las gentes son muy hospitalaria, pero el aeropuerto está localizado muy lejos de la población principal y los taxis eran carísimos (la vida es muy cara en toda la Polinesia Francesa), así que caminé y, al mismo tiempo, estiraba el pulgar de mi mano derecha haciendo autostop. Siempre había alguien que se ofrecía para llevarme, fuera en su coche o en su caballo.

Muchas noches no fue necesario que durmiera en la playa, sino que los indígenas me invitaban a compartir sus cabañas y me regalaban la fruta del pan. Casi todo el mundo lleva tatuajes y son muy religiosos. Una de las atracciones turísticas en el Pacífico en general, es asistir a las misas, cuando todos se visten con sus mejores atuendos y cantan y compran cirios durante las ceremonias. A veces también practican sus danzas tradicionales. Al acabar la misa los indígenas se suelen reunir e invariablemente preparan café, tés y bollos de nata para los parroquianos.

Cada isla posee un museo, que procuré visitar. En Hiva Oa se encuentra el Centro Cultural de Paul Gauguin y el avión de Jacques Brel, cerca del cementerio donde están enterrados. También visité el interesante museo Vaipaee, en Ua Huka, con trebejos de los antiguos nativos, y una colección de dibujos ilustrativos.

Pero, en mi opinión, lo mejor de esas islas no son sus museos, ni sus tikki y maraes. Lo mejor son sus gentes, siempre sonrientes, que parece que vivan en una fiesta continua, pues aprovechan cualquier motivo para danzar. Los paisajes de ese archipiélago son maravillosos y uno comprende por qué viajeros del pasado como Herman Melville o Robert Louis Stevenson se enamoraron de esas islas.

Yo también me enamoré de las Marquesas. En el avión de vuelta a Tahiti iba canturreando todo el rato la conocida melodía que Jacques Brel compuso para esas islas que tanto amó:

Le rire est dans le cœur

Le mot dans le regard

Le cœur est voyageur

L’avenir est au hasard

Et passent des cocotiers

Qui écrivent des chants d’amour

Que les sœurs d’alentour Ignorent

D’ignorer

Les pirogues s’en vont

Les pirogues s’en viennent

Et mes souvenirs deviennent

Ce que les vieux en font

Veux tu que je dise

Gémir n’est pas de mise

Aux Marquises… lalala… lalala…

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36 – Georgia (3 patrimonios y 15 candidatos)

 

CIUDAD CUEVA DE UPLISTSIKHE

 

Tras mi visita a Tskhinvali, en Ossetia del Sur, me dirigí a Gori, donde permanecería tres días.

El dueño de la casa donde estaba alojado, el señor Vahtang, se ofreció a llevarme en su coche a la Ciudad Cueva de Uplistsikhe, un sitio que yo ignoraba, así que acepté.

El nombre de Uplistsikhe significa en idioma georgiano Cabeza de Dios.

Al llegar comprobé que Uplistsikhe debió haber sido una ciudad troglodita con una enorme cantidad de grutas comunicadas.

El señor Vahtang me contó que Uplistsikhe es uno de los lugares más antiguos de la civilización y fue escala en una variante de la Ruta de la Seda. Además, era un sitio sagrado para los paganos. En el siglo XIII los mongoles, al mando de Hulagu (el nieto de Gengis Khan) destruyeron Uplistsikhe, y desde entonces está abandonada.

Sin embargo, al entrar en una de sus iglesias noté que estaba bien cuidada, hasta con cirios llameando, pues los nativos de los alrededores suelen frecuentarlas para rezar. En su interior vi iconos y frescos. En una de ellas coincidí con varios artesanos que estaban restaurando el altar, y que me vendieron un cirio para colocarlo frente a un icono con la imagen de San Jorge.

En las cuevas de la parte alta vivían los aristócratas y los indígenas pobres vivían en las cuevas de abajo.

La cueva más superlativa fue la que servía de palacio a la reina de medieval de Georgia: Tamara.

Justo cargaba en mi bolsa un libro que me había comprado en Gori, titulado: El caballero en la piel de tigre, del poeta georgiano Shota Rustaveli, dedicado a la reina Tamara.

Tras unas tres horas de visita en las cuevas laberínticas de Uplistsikhe y aún a una catedral vecina llamada Urbnisi, regresamos a su casa. Tras la cena junto al señor Vahtang y su esposa, me dedicó varios temas georgianos con su acordeón, mientras sorbíamos unos chupitos de vodka de una garrafa. Me sentía gozoso; ese día había sido muy provechoso.

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37 – Grecia (18 patrimonios y 14 candidatos)

 

MONTE ATHOS

En 1984 realicé un viaje de diez días a diez monasterios del Monte Athos.

Varios amigos peregrinos que hice en él me mandaron meses más tarde las pocas fotos que poseo, en papel, porque en aquellos tiempos viajaba sin cámara fotográfica.

A pesar de los muchos años transcurridos, ese viaje permanece en mi memoria como uno de los más íntimos de mi vida. De los veinte monasterios allí existentes, diecisiete son griegos, uno es búlgaro, otro es serbio y otro es ruso. Cada monasterio es una maravilla y contiene tal cantidad de regalos de Reyes y Emperadores, gemas preciosas únicas en el mundo, frescos primorosamente acabados, una incalculable cantidad de iconos centenarios dibujados con maestría infinita, lámparas de oro macizo, manuscritos antiguos, Biblias de los primeros cristianos, cálices y otras reliquias, etc., además de una arquitectura asombrosa. Si se multiplican por veinte todas estas riquezas, los tesoros que alberga el Monte Athos están más allá de la imaginación.

Desde Ouranópolis, cada mañana zarpa una gabarra hacia el puerto de Dafne. A pie no está permitido viajar. Una vez que atraviesas el control mostrando tu diamonitirion (permiso de entrada al Monte Athos) puedes abordarla. Al arribar a Dafne hay que proseguir hasta Kariai, o Karies, donde de nuevo hay que presentar el permiso a las autoridades religiosas y al prefecto o representante del Gobierno Griego.

A lo largo de su historia el Monte Athos ha sufrido depredaciones de piratas, sobre todo árabes y turcos, pero los peores latrocinios y de los que peor recuerdo guardan los monjes hasta el día de hoy, son de los almogávares, esa banda de forajidos de la Corona de Aragón (aunque hay que decir como descarga nuestra que prácticamente ninguno de esos almogávares era aragonés propiamente, sino mercenarios europeos y algún catalán que otro), asesinos sin escrúpulos que durante sus fechorías mataban a mujeres embarazadas y bebés de pecho. En el Monte Athos degollaron a indefensos monjes y pillaron los monasterios para después llevarse a Barcelona como botín los tesoros robados a sangre y fuego. El cabecilla de esa pandilla de almogávares era el mercenario y pirata de origen alemán Roger de Flor (que para más inri tiene una calle con su nombre en Barcelona), que fue asesinado en Andrinópolis (actual Edirne, en Turquía). A los almogávares, para vengarlo (lo que se conoce en la Historia como “la furia catalana”), no se les ocurrió otra cosa que saquear los monasterios del Monte Athos degollando a sus indefensos monjes y robando todo el oro que pudieron encontrar. Pero lo que quemaron y destruyeron era todavía más valioso que las toneladas de oro y joyas sagradas que se llevaron al puerto de Barcelona. En el monasterio de Vatopediou mataron al abad y asesinaron a diez monjes. El Monasterio de San Pablo fue también destruido en 1309 por ellos, y quemaron completamente los monasterios de Constamonetou y Zographou. En todos ellos torturaban hasta la muerte a los monjes para que dijeran dónde habían escondido más oro.

Las caminatas son gratas; cruzas gargantas, playas, selva frondosa, y se observan muchas flores salvajes por doquier, pinos en lugares insospechados, hay cantos de pájaros, el murmullo del viento, y las mariposas te persiguen. Generalmente entre monasterio y monasterio hay una caminata de 5 a 6 horas yendo despacio, disfrutando el paisaje montañoso, realizando paraditas para absorber el néctar y la ambrosía que ese mágico sendero rezuma.

Tan pronto como arribas a un monasterio has de dirigirte al encargado de acoger al visitante, quien primero te invitará a un ouzo con unos dulces llamados “baklava”, te explicará los horarios de los servicios religiosos y del refectorio, y te mostrará el Katholikon, o interior más íntimo y sagrado de la iglesia en el centro del Monasterio, que se llama Kyriako, y es el foco de reunión de los monjes los domingos para compartir las albricias. A continuación te mostrará tu habitación, que es tipo celda, donde puedes dormir una sola noche.

Recuerdo como si fuera ayer la impresión que me produjo la primera vez que me fue mostrado mi cuarto en el Monasterio de Simono Petras, entré y ¡Dios mío qué emoción! ¡Aquello era de una belleza extraordinaria, superando la visión del Palacio del Potala en Lhasa! La celda que me asignaron tenía las vistas al mar y se encontraba en un piso muy alto de ese escarpado monasterio erigido sobre rocas poderosas.

Durante el yantar un monje recita en voz alta fragmentos de la Biblia (como en el Monasterio navarro de Leyre) y para beber te sirven vino. Todo es gratuito en el Monte Athos. El dinero está considerado una materia vil.

En uno de los monasterios donde pernocté experimenté fricción entre un monje y yo. Al preguntarme de dónde procedía de España contesté que era de Barcelona, porque de haber dicho que era de un pueblo llamado Hospitalet de Llobregat él no habría sabido dónde quedaba. Pero el monje, visiblemente molesto, me recriminó:

– ¡Catalán! ¡Eres catalán, los catalanes asesinaron a sangre fría a nuestros monjes y destruyeron varios de nuestros monasterios, sois gente de lo más vil que ha dado la Humanidad!

Temí que me echara del monasterio, como me consta que han hecho con algunos barceloneses en el Monte Athos. No lo hizo conmigo, pero ya no me dirigió más la palabra, y desviaba la mirada cuando pasaba junto a mí.

Yo era español, celtíbero puro, con todos mis antepasados descendientes celtas e íberos, esas nobles y milenarias tribus, dueños de nuestra Península Ibérica, desde los Pirineos al estrecho de Gibraltar, y no tenía nada que ver con esos seres inmundos, aunque haya nacido junto a una ciudad de donde partían las naves de esa escoria humana. Probablemente, entre esos criminales, por un español nacido en las regiones catalanas o aragonesas habría varios mercenarios alemanes e italianos, por lo que culpar sólo a los barceloneses lo veía muy injusto. Pero lo peor era comprobar que al lado de mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, hay una ciudad más grande llamada Barcelona, y allí he visto una calle cuyo nombre está dedicado a esos criminales (almogávares), que hoy serían buscados como terroristas por la comunidad internacional y ejecutados, como enemigos de la Humanidad que eran.

Tras Simono Petras caminé a Dyonisios, proseguí hacia Grigoriou, luego a Philotheou y aun a Stravronikita. Mi intención era visitar los veinte monasterios del Monthe Athos durante veinte días, pero el día décimo de mi peregrinaje, encontrándome en el Monasterio más grande, Magisto Lavra, un suceso infausto aconteció: un desalmado caco había robado la noche anterior un antiguo icono de uno de los monasterios. Enormemente consternados por el hurto el Consejo de Abades había decidido interrumpir la llegada de nuevos visitantes hasta que se averiguara su paradero. Los que estábamos ya allí fuimos “invitados” a dirigirnos en un plazo de 48 horas a Ouranopolis para una inspección.

Tenía un último día a mi disposición y elegí visitar un monasterio extranjero, es decir, no Griego. Descarté el búlgaro y el serbio, y me dirigí al ruso, llamado San Panteleimonos. Ese monasterio fue otro de mis preferidos. Sus cúpulas eran de estilo bizantino y sus monjes eran todos rusos. Algunos procedían del Monasterio de Sergei Posad, cerca de Moscú, otros de la isla de Valaam, en el interior del Lago Ladoga, y un archimandrita era originario de los monasterios de las Islas Solovietskiye, cerca de Arjanguelsk, en el Mar Blanco.

Una de las características de San Panteleimonos es su enorme campana, de 15.000 kilos, que está considerada la segunda de más peso del mundo.

El día de mi partida a Ouranopolis sentí un gran vacío y mi corazón se afligió. Intuía que esos diez días eran irrepetibles. Y aunque seguí viajando durante las temporadas que mi trabajo en hostelería en la Costa Brava me permitía a lugares exóticos y conocí a mucha gente admirable además de contemplar innumerables prodigios de la Naturaleza, nunca más en mi vida volví a experimentar una satisfacción interior tan profunda como esos diez días en el Monte Athos.

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38 – Guatemala (3 patrimonios y 21 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE TIKAL

Guatemala es con respecto a México lo que Nepal es a la India, un extracto de lo más selecto, la crème de la crème.

Iba viajando con una chica canadiense. Cruzamos Belice y entramos en Guatemala, donde nos exigieron 1 quetzal de tasa de entrada. Tras hacer autostop y subir a un autobús llegamos ese mismo día a la isla de Flores, en el lago Petén Itzá.

Por el camino, los militares nos pararon varias veces para controlar el equipaje y comprobar que no llevábamos armas, pues esa zona estaba infestada de guerrilleros autodenominados comunistas que para financiarse robaban a los pasajeros de los autobuses.

El segundo día alcanzamos por fin el Parque Nacional Tikal, donde nos alojamos en el centro del complejo colgando nuestra hamaca familiar (recién comprada en Mérida) en un bungalow.

Desde el primer momento, antes de empezar a explorar los templos piramidales, ya intuimos que Tikal sería nuestro sitio Maya preferido, más atractivo que el de Palenque (en México), que habíamos visto días antes, y el de Copán (en Honduras), que veríamos días más tarde.

Estábamos emocionados en ese lugar, escuchando a todas horas sonidos de animales y pájaros que nunca antes habíamos oído, sentir la suave brisa y contemplar por la noche el cielo tan estrellado. Estábamos rodeados de una selva exuberante, con altos árboles y un follaje poderoso. Subimos a la cima de todos los templos piramidales, y hablamos con los guardianes para que nos explicaran la historia de los Mayas y de ese complejo de Tikal, que fue el reino Maya más importante.

Dos días con una noche permanecimos en Tikal subyugados por la magia del lugar. Nuestro templo favorito era el del Gran Jaguar. El tercer día proseguimos nuestro viaje y nos dirigimos al Castillo de San Felipe a pasar la noche en su interior.

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39 – Haití (1 patrimonio y 1 candidato)

 

PARQUE NACIONAL HISTÓRICO – CIUDADELA, SANS SOUCI, RAMIERS

A los pocos días de mi estancia en Port-au-Prince resolví conocer el norte del país, donde deseaba visitar el asentamiento de “Nueva Navidad”, para cuyo fortín los españoles del primer viaje de Cristóbal Colón utilizaron las maderas de la carabela Santa María, que había allí encallado.

El autobús me dejó en Cap-Haïtien y en la estación un guía me ofreció llevarme a conocer dos lugares extraordinarios de los alrededores, el Palacio de Sans Souci y la Citadel, que también deseaba visitar, y ambos lugares se hallaban a un tiro de piedra el uno del otro.

Como la contratación de un guía era obligatoria (o por lo menos lo era el año 1983, cuando yo estuve), lo mismo que alquilar un burro, acordamos un buen precio y me fui con él. El palacio me pareció mucho más viejo de lo que era, pues fue acabado de construir el año 1813. Ello era debido al estado de abandono en el que se encontraba.

Ascendimos en burro a la Citadel. Una vez arriba el guía me contó con toda seriedad una historia que todavía hoy no sé si creer. Según él, el rey de Haití, Henri Christophe (Henry I de Haití), que era muy megalómano, ordenó a un batallón completo de soldados lanzarse al vació desde esa Citadel para demostrar la disciplina de sus tropas a un embajador extranjero que le había ido a visitar.

La vista desde allí en lo alto impresionaba, hasta daba vértigo. Se observaba una cordillera montañosa y el mar. El guía consideraba que esa Citadel más el Palacio de Sans Souci eran la octava maravilla del mundo (esto no se lo creí).

Al bajar, vino a nuestro encuentro una chica joven con un bebé de pecho que le increpó a mi guía por haberla abandonado y no pasarle dinero para la manutención de la criatura. Como yo todavía no le había pagado le propuse darle la mitad del dinero acordado por sus servicios de guía a la madre de su hijo. Él no estuvo muy de acuerdo, por lo que rebajé el porcentaje para la mujer. Él no se podía negar, el niño lloraba, así que al final le di una parte de su sueldo a la mujer y se marchó contenta, enseñando los billetes a sus amigas, que le estaban esperando. Yo también me puse muy contento por ella. Pero el guía no.

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40 – Hungría (8 patrimonios y 11 candidatos)

 

ALDEA ANTIGUA DE HOLLÓKÖ Y SUS ALREDEDORES

 

Con base en Budapest hay que calcular que te tomará un día completo la visita al poblado de Hollókö, a razón de 3 horas de viaje a la ida, 3 de visita, más 3 de regreso. Hay un autobús (que sale sobre el mediodía desde la estación de Stadionok, Budapest) que se dirige a Szecseny, desde donde hay que hacer transbordo a un segundo autobús que te lleva a Hollókö. A la entrada a Hollókö hay un signo de UNESCO sobre una roca culminada por una figura de un cuervo negro. El chófer me indicó que Hollókö significa en húngaro, algo así como “cuervo sobre una piedra”.

Comencé mis visitas por el castillo del siglo XIII, que se halla en lo alto de un cerro vecino. Justo antes de iniciar el repecho que te señala el sendero de subida, hay una oficina de turismo donde te dan explicaciones del lugar, además de mapas y folletos (incluso en español). No fue nada del otro mundo ese castillo vacío, pues estaba medio en ruinas. Además, lo visité un día de espesa bruma, a 0 grados centígrados. Más grata sería mi visita a la vieja aldea, que con sus más de 60 casas tradicionales de piedra y madera hacen de Hollókö un museo al aire libre. Los nativos de Hollókö pertenecen a la etnia “paloc”, cuyo origen y lengua siguen siendo un misterio.

Me concentré en las dos calles empedradas principales que componen la vieja Hollókö. Las casas eran originales, bellas, aunque muchas las encontré deshabitadas, deduciendo que sus dueños vivirían en otra población y sólo en verano regresaban a Hollókö para aprovechar el turismo. Noté varios museos rústicos que vendían artesanía, visitando uno de ellos. También observé una iglesia de madera, que estaba vacía, sin fieles, por lo que no pude comprar un cirio. Finalmente, atraído por una imagen de madera representando un cuervo negro a la entrada de una tienda, entré y comprobé que vendían productos locales. Allí un matrimonio me ofreció degustación de diversos yogures y quesos caseros. El kilo de queso salía por la equivalencia a 10 euros, por lo que compré 300 gramos de queso, más 100 gramos de mortadela y un pan, que sería la base de mi merienda. Sobre las 5 de la tarde abordé el último autobús de regreso a Szecseny, y de allí otro a Budapest.

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41 – India (37 patrimonios y 42 candidatos)

 

VESTIGIOS ARQUEOLÓGICOS EXCAVADOS DEL MAHAVIHARA DE NALANDA

Me hallaba realizando el peregrinaje del “Astamahapratiharya”, o el visitar los ocho sitios sagrados budistas en Nepal e India. En un viaje tres décadas atrás había ya conocido los cuatro principales (el del nacimiento de Buda, su iluminación, su primer sermón y su muerte física).

En noviembre del año 2014 acometí los cuatro restantes, con éxito. Además, entre los de Vaisali y Rajgir con su Pico del Buitre, añadí un noveno lugar, Nalanda, por una razón principal: en su universidad había pasado varios años de su vida mi héroe viajero, el monje chino Xuanzang, además de haber sido visitada por el propio Buda, con lo cual se debería añadir a la lista del Astamahapratiharya.

Primero cumplí con mis deberes de turista, compré mi billete de entrada (20 veces más caro que la de indio) y durante dos horas recorrí las ruinas de la antigua universidad de Nalanda (que sería destruida por los fanáticos musulmanes), sin dejarme ninguna celda, templo, o estatua. Me encontré allí con muchos peregrinos de países budistas asiáticos, tales como ceilandeses, thailandeses, coreanos, birmanos, y hasta indios de Patna, pero no recuerdo haber visto ningún occidental. En sus mejores tiempos esa universidad albergaba 10.000 estudiantes, de los que se cuidaban 2.000 profesores.

Tras la visita de la universidad me sentí libre para dedicarme a conocer en cuerpo y alma, como un viajero, el Memorial dedicado a Xuanzang, sito a unos 20 minutos a pie (más bien corriendo de la emoción) de Nalanda. Al llegar pagué el billete de entrada y recorrí por no menos de 3 horas todo el complejo, tomando fotos y notas en mi libreta de bitácora.

Xuanzang realizó un trascendente viaje desde Xian a Nalanda a la búsqueda de sutras y otros textos budistas, que se llevaría a China. Durante su viaje, de 17 años de duración, cruzó numerosos reinos, esquivó bandidos y escapó en un sinfín de ocasiones a peligros de muerte. Viajaba en solitario, con una mano por delante y otra por detrás, tan sólo poseía una especia de “mochila” que cargaba en su espalda.

También estaba dibujado Bodhidharma con su pendiente en una oreja, lo que me dio mucha alegría, pues en una misma sala estaban representados dos grandes viajeros asiáticos. Embelesado, con los ojos húmedos, recorría la sala contemplando todos los cuadros y dibujos relacionados con el viaje de Xuanzang, con cada detalle, cada frase, cada dibujo. Reconozco que la visita a este memorial de Xuanzang me causó más placer que la de la Universidad de Nalanda.

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42 – Indonesia (8 patrimonios y 19 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE KOMODO

No viajé solo a Komodo, sino que había acordado con un viajero estadounidense encontrarnos en Labuan Bajo, en la Isla de Flores, y así abaratar precios alquilando un barco a medias para navegar a dos islas donde viven los dragones de Komodo.

El primer día visitamos la isla de Komodo donde observamos muchos dragones. Aparentaban ser pacíficos, pero el guardián que nos acompañaba (está prohibido visitar los dragones sin guía), armado con un palo, nos informó que de vez en cuando muerden incluso a los guardianes, por ello hay varios de ellos que son cojos o mancos. En el pasado, un turista distraído perteneciente a un grupo que había llegado allí en crucero, había sido devorado por varios dragones a la vez, y sólo habían dejado su sombrero. También se conocen casos de haber matado a niños y pescadores locales.

Junto a las tiendas de los vendedores de suvenires observé cómo había un ciervo atado a una soga para que los dragones se lo comieran, y así no tuvieran necesidad de atacar a los humanos. Aunque los dragones caminaban lentamente, cuando corren alcanzan una velocidad superior a la del hombre, por ello debíamos respetar una distancia de seguridad que nos indicaba el guía.

El segundo día viajamos a la isla de Rinca, donde de nuevo realizamos un tour alrededor de la isla en busca de dragones. Los vimos por docenas, en medio de las sendas y a veces el macho poseía a la hembra a la vista de los demás dragones macho, sin ello causarle ningún pudor. En ambas islas había tiendas que ofrecían suvenires a los turistas, tales como estatuas de madera representando dragones.

Además de la emoción de sentirnos ante el lagarto más grande del mundo, alcanzando los 3 metros de longitud, las islas montañosas donde vivían eran de una belleza deslumbradora y navegar a ellas nos causó una gran satisfacción.

El tercer día me separé de mi amigo norteamericano; él voló de regreso a Pattaya y yo navegué hacia las islas de Ternate y Tidore, en las Malucas, que fueron en el pasado posesiones portuguesas y españolas, preservándose en ellas muchas huellas de estas dos nacionalidades celtíberas.

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43 – Irak (5 patrimonios y 11 candidatos)

 

HATRA

La visita a este Patrimonio Mundial lo organicé a base de bien, de principio a fin. Era el año 2001, en tiempos de Saddam Hussein.

Todo comenzó cuando un gran amante de los viajes, mi amigo Sergi, me contactó para proponerme acompañarlo a visitar a un amigo suyo de Bagdad, quien le ofrecía un viaje por todo Iraq, incluyendo todos los Patrimonios Mundiales de UNESCO, a un precio de risa. Pero debíamos ser cinco turistas, requisito indispensable para obtener el visado iraquí.

De inmediato contacté a un amigo en Bilbao y gracias a él tres bilbaínos se nos añadirían. Reuní los cinco pasaportes y tomé un autobús nocturno desde mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, a Madrid, y por la mañana me presenté en la Embajada de Iraq. Regresé a Hospitalet de Llobregat esa misma noche en otro autobús nocturno. A los pocos días los visados estaban listos, así que de nuevo embarqué en un autobús nocturno y por la mañana recuperé los cinco pasaportes. Y otra vez esa misma noche volví a Hospitalet de Llobregat.

A los pocos días volamos a Ammán, en Jordania, y nos dirigimos a la frontera con Iraq, donde nos realizaron el test del SIDA. Y allí esperaba el amigo de Sergi con su vehículo.

Durante 15 días disfrutamos de las maravillas de ese fantástico país que es Iraq. Aprendimos en dos semanas más historia sobre Mesopotamia que en años de escuela. Visitamos, además de Bagdad, Babilonia, la original mezquita de Samarra, Ur, tumbas de profetas sunitas y chiitas, Nínive, Najaf, Mosul… pero la visita número uno fue la realizada al antiguo caravanserai y escala de caravanas de la Ruta De la Seda: ¡HATRA!

En Hatra vimos solo ruinas, cierto, pero producían un gran efecto; había restos de palacios, templos de diversas culturas, estatuas representando dioses, imágenes exóticas… parecía que respirábamos el aura dejado por los camelleros en el pasado.

Por desgracia, a principios del año 2015, psicópatas inmundos, verdaderos enemigos de la Humanidad, las mismas bestias que destruyeron los Budas de Bamiyan en Afganistán, Palmira en Siria, y tantos otros sitios culturales milenarios que eran obra del genio humano, invadieron Hatra, arrasando buena parte de este patrimonio que pertenece a toda la humanidad.

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44 – Irán (23 patrimonios y 56 candidatos)

 

PAISAJE CULTURAL DE ALAMUT

No es difícil alcanzar el antiguo castillo del “Viejo de la Montaña” (Hassab bin Sabbah) desde Teherán. Un autobús te deja en Kazvin en un par de horas y allí hay taxis compartidos que te depositarán en el pueblo justo a las faldas de la montaña en cuyo pico se halla la famosa fortaleza que fue descrita por Marco Polo. Los nativos conocen el lugar como el castillo de Hassav bin Sabbah, aunque en el letrero de los taxistas está escrito en inglés “Hasan Sabbah Castle 106 kilometers”.

Eso sí, es muy justo regresar a Teherán el mismo día si se quiere visitar con propiedad el castillo (o más bien sus ruinas) y disfrutar de sus alrededores; es mejor planear pasar esa noche en algún hotel de la zona, que fue lo que yo al final acabé haciendo.

El precio para ingresar en el castillo es 6 veces más caro para un extranjero que para un iraní. Vi como los locales pagaban 25.000 riales, mientras que yo satisfice 150.000.

La vista de la montaña desde abajo recuerda a la del peñón de Gibraltar, actualmente ocupado por los ingleses.

Me tomó una media hora ascender a él. Los escalones finales son muy empinados y debía hacer paradas con frecuencia para tomar aliento (los años empiezan a pesar). Me encontraba a una altitud de aproximadamente 2.200 metros sobre el nivel del mar.

Había allí una decena de obreros, quienes me contaron que en un próximo futuro el castillo será reconstruido imitando al anterior, que fue destruido por los mongoles a mediados del siglo XIII.

La llegada decepciona, ya no hay castillo ni fortaleza, tan solo los fundamentos más una zona cubierta con toldos que estaba siendo reparada. Lo mejor de la visita es la fabulosa vista sobre el valle de Alamut y los Montes Elburz.

Yo tenía otras expectativas pero no me defraudó del todo y no lamenté el haber viajado allí.

Había estudiado que el Viejo de la Montaña fue un reformador religioso ismaelita (una secta del chiismo) que se erigió en jefe de los conocidos como hashshashin, debido a que a sus seguidores el Viejo de la Montaña les suministraba hachís. También fueron conocidos como la secta de los “asesinos” pues los adeptos eran enviados a asesinar a algún mandatario político.

Se duda mucho acerca de la veracidad del relato de Marco Polo, pues es imposible que visitara el lugar y todavía menos el que conociera al Viejo de la Montaña, pues décadas antes de su supuesta visita ya había muerto y la fortaleza arrasada. Marco Polo describe el castillo y unos jardines ocultos donde se drogaba con hachís a los sectarios y se les hacía creer que estaban en el paraíso.

No me quedé más de media hora admirando el lugar. Tuve suerte al encontrarme allí arriba con un francés que había alquilado un jeep con un chófer, y acordé compartir los gastos para que me llevara con él a una aldea de las montañas, donde cenaríamos y nos alojaríamos en una casa local perteneciente a unos amigos iraníes. Al día siguiente me depositaría con su auto a orillas del mar Caspio.

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45 – Israel (10 patrimonios y 18 candidatos)

 

CIUDAD VIEJA DE JERUSALÉN Y SUS MURALLAS

¡Oh, Jerusalén, eres la ciudad que más amo en este mundo!

Hay fronteras míticas en el mundo, y el puente de Allenby es una de ellas.

Tras visitar durante dos semanas la Iraq de Saddam Hussein, me encontraba en Ammán esperando mi vuelo a Atenas para tres días más tarde. Ya había estado en Jordania varias veces, sobre todo en Petra; también había admirado los castillos del desierto (Quseir Amra) con frescos que representan escenas de caza al este de Ammán, camino de Irak; había explorado las ruinas de Gerasa; había tomado un baño a orillas del Mar Muerto; había hecho una excursión de dos días en jeep por el desierto de Wadi Rum a partir de Aqaba…

Esperar tres días más en Ammán era una perspectiva aburrida.

De repente me surgió la idea de visitar la ciudad santa entre las santas ¡mi amada Jerusalén!

Era arriesgado viajar a ella porque ante el conflicto más pequeño el puente de Allenby se cierra, cosa que de suceder podría quedar atrapado en Israel y perder mi vuelo a Atenas. Pero asumí el riesgo; el deseo de volver a sentir la magia de Jerusalén era demasiado fuerte.

Cruce el puente Allenby sobre el río Jordán, que conectaba Jordania con la Cisjordania.

No tuve problemas en la frontera; incluso autoricé a los agentes de inmigración israelíes el estampar mi pasaporte porque no tenía intención de visitar los países árabes en un futuro próximo. Los dos sellos de Allenby en el pasaporte son hoy en día muy queridos para mí. En ellos está escrito en caracteres latinos y en hebreo: “Allenby Border Control”. Un sello dice “Entry”, y el otro dice “Exit”.

No me precipité para viajar a Jerusalén, sino que me detuve por un buen rato en Jericó, una de las ciudades más antiguas continuamente habitadas.

Penetré en Jerusalén por la Puerta de Damasco. Una vez dentro de las murallas me quedé subyugado por la atmósfera de esa histórica y sagrada ciudad.

Hallé el albergue donde había dormido años atrás y me alojé en él.

Deambulé sin ningún objetivo concreto por los callejones; iba entusiasmado, sonriente, todo me parecía bello, perfecto. Entré en iglesias, mezquitas y sinagogas, sin dejarme ni una, y cuando oscurecía compré dulces morunos a base de miel y regresé al hostal. Esa noche dormí como un lirón de lo feliz que me sentía.

Al día siguiente todavía me paseé de nuevo por la vieja Jerusalén para admirar la Cúpula de la Roca y el Muro de las Lamentaciones. Me encantó volver a examinar todo y hablar con la gente. No hay ciudad en el mundo que me provoque sentimientos tan íntimos como la sacrosanta Jerusalén.

Hacia el mediodía me dirigí, parte en autobús y parte en autostop, a un monasterio muy querido por mí, construido el siglo VI, llamado San Jorge de Coziba, para saludar a sus monjes griegos.

Pocas horas después regresaba a Jordania por el Allenby Bridge. Había sido un día maravilloso.

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46 – Italia (54 patrimonios y 40 candidatos)

 

IGLESIA Y CONVENTO DOMINICO DE SANTA MARÍA DELLE GRAZIE CON “LA CENA” DE LEONARDO DA VINCI

 

Llegué en tren a Milano procedente del Valle de la Valtelina. Pretendía visitar algunos lugares en esa ciudad y por la noche abordar un tren al Valle de Aosta, dando así por iniciado mi Camino Español utilizando medios locales de locomoción, siguiendo las huellas de nuestros Tercios de Flandes, desde el Castillo Sforzese a la Grand Place de Bruselas, según el itinerario adoptado por el Duque de Alba.

Como aún disponía de varias horas entré en la Basílica de San Ambrosio (del siglo IV) donde compré un cirio, me comí helados en una famosa heladería sita detrás de la Scala, visité el Duomo, etc. Y se me ocurrió entonces dirigirme a la iglesia y convento dominico de Santa María de Gracia. Imaginaba que no visitaría el cuadro principal que allí se alberga, el de la Última Cena de Leonardo Vinci, pues por amigos que lo habían intentado ya sabía que se debía hacer la reserva por Internet, con meses incluso de antelación. No obstante yo probé, y ¡cuál no sería mi sorpresa cuando me vendieron un billete en el acto, para entrar dentro de unos minutos!

¡No me lo podía creer! Ese cuadro de Leonardo Vinci, junto a La Ronda de Noche de Rembrandt, El Entierro del Conde de Orgaz del Greco, más Las Meninas de Velázquez, están consideradas las cuatro pinturas más geniales que ha creado el ser humano.

Me unieron a un grupo de diversas nacionalidades y nos condujeron donde se halla la maravillosa pintura. Tuvimos unos 15 minutos de tiempo libre para admirarla, tras lo cual nos echaron sin piedad para dar paso a otro grupo. Y así sucesivamente.

Tras esta breve visita me sentí muy satisfecho y viajé con semblante feliz en un tren nocturno a Aosta.

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47 – Japón (22 patrimonios y 9 candidatos)

 

SITIOS SAGRADOS Y RUTAS DE PEREGRINACIÓN DE LOS MONTES KII

Desde Tokio viajé en un autobús nocturno a Tanabe, luego abordé un minibús a Takihiri, el Kilómetro Cero.

Junto a un gran Torii (arco tradicional japonés que da entrada a sitios sagrados) había una caja de madera con un sello y tinta para ir anotándote los lugares en la Credencial del Peregrino que me proporcionaron en la Oficina de Turismo de Tanabe. Esas cajas las encontraría cada pocos kilómetros para completar tus sellos en la Credencial y poder justificar tu peregrinaje a pie, sin hacer trampas.

Kumano Kodo es un camino de peregrinación que lleva a Kumano Sanzan (San en japonés significa tres, debido a las tres grandes santuarios de Kumano Hongu Taisha, Hayatama Taisha, Nachi Taisha). Kumano está situado al sur de Kioto y Nara, y ha sido desde tiempos antiguos honrado como un lugar sagrado donde viven los dioses. Durante cientos de años los emperadores japoneses han hecho ese peregrinaje, a pie, ordenando la construcción de refugios para ayudar a los peregrinos. En el pasado, Kumano era la “Tierra de Yomi”, la tierra mitológica de los muertos.

Durante el peregrinaje no me encontré con nadie, aparte de los paisanos en los dos o tres pueblos que crucé. Todos se quedaban extrañados al verme, pues estaba en el mes de Diciembre, cuando nadie realiza ese peregrinaje debido al frío. Por el camino había máquinas de venta de café y refrescos, y hasta cabinas telefónicas. En cada kilómetro habían instalado un pilón de madera con un número (del 1 al 75), y muchos signos (en japonés y en inglés) te señalaban la senda, a manera de las flechas amarillas en el Camino de Santiago.

El paisaje del Kumano Kodo es extraordinario y bellísimo, totalmente montañoso; se atraviesan bosques de cedros, exuberante follaje, ríos y arroyos, la gran cascada… pero no hay el mismo “feeling” que en el Camino de Santiago, en España.

Los Oji, o templos del Kumano Kodo (algunos erigidos durante el siglo IX y combinaban budismo con sintoísmo y viejas creencias japonesas, armonizando el cielo, la tierra y el hombre), suelen estar abandonados (¡muy útiles para dormir gratuitamente!), y a la llegada al santuario Kumano Hongu Taisha, la meta de las tres variantes del Kumano Kodo (yo elegí la Nakahechi, la que es Patrimonio Mundial por la UNESCO, y hermanada con el Camino de Santiago en España) se halla el gran Torii.

El peregrinaje me tomó tres días con dos noches. La primera dormí en un templo budista abandonado, la segunda en una especie de refugio en medio del follaje. El tercer día alcancé el pilón del kilómetro 75, y poco más allá el gran Torii (el más grande de Japón) que señalaba el fin de mi objetivo.

Antes de bajar las montañas una mujer me invitó a desayunar (me recordó a la entrañable señora Felisa a la entrada a Logroño, que siempre ayudaba a los peregrinos). Una vez en el pueblo, en el edificio equivalente a la “Casa do Dean”, al presentar la Credencial del Peregrino con los sellos de los Oji del camino, te entregan una “Compostela” de madera y todos los empleados, siguiendo la orden del jefe de ellos, con sonrisa abierta te saludan al unísono inclinando el cuerpo hacia delante hasta alcanzar los noventa grados, en señal de respeto.

En el monasterio, los monjes sintoístas van a lo suyo y no te hacen ni caso al verte; no les importa que hayas efectuado el peregrinaje a pie y me negaron el alojamiento (en Santiago de Compostela te dedican la “Misa del Peregrino”, te dan de comer gratis 3 días en el Parador de los Reyes Católicos en la Plaza del Obradoiro y puedes quedarte a dormir en el albergue del Monte do Gozo).

Como hasta la mañana siguiente no había autobuses hacia el oeste (mi próximo objetivo era seguir las huellas de nuestro San Francisco Javier en Kagoshima) me tuve que ir a dormir debajo de un puente, y para cenar me compré una sopa de sobre con fideos, que allí llaman Shoyu Ramen.

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48 – Kazajstán (5 patrimonios y 13 candidatos)

 

MAUSOLEO DE KHOJA AHMAD YASAVI


Viajé a este Patrimonio Mundial en compañía de una estudiante japonesa que conocí en la histórica ciudad kazaja de Taraz. Una vez que llegamos a Turkestán (la antigua Yasi) en un tren TALGO (fabricado en España), nos separamos para visitar el Mausoleo de Khoja Ahmad Yasawi, cada uno a nuestro aire, para volver a encontrarnos al oscurecer en el albergue de la ciudad, el más barato de Kazakstán (apenas 5 euros por un catre en un dormitorio).

Tras comprar el billete de entrada (con un enorme descuento si lo pides en ruso), comprobé que tenía ante mí un día entero para llegar a penetrar en todos los vericuetos que incluye este sitio UNESCO, pues además del mausoleo había murallas, mezquitas subterráneas, museos y otros lugares relacionados. Primero rodeé las murallas y me subí a ellas. A continuación penetré en el mausoleo en sí. Me advirtieron que hacer fotografías en el interior estaba prohibido, pues allí se albergaba la tumba del gran santo sufí Ahmad Yasawi (Khoja, o Khwaja, es un título que se otorga a los maestros sufíes). Vi a varios fieles que rezaban desde una ventana con celosía desde donde se podía distinguir la tumba a corta distancia.

Khoja Ahmad Yasawi es el autor del celebrado Libro de la Sabiduría. Nació en una población al sur de Kazajstán, luego vivió en Bujara, para finalmente instalarse en Yasi en el siglo XII. A sus 63 años, la edad de Mahoma, se enterró en una celda subterránea que él mismo cavó, para dedicarse a la meditación, hasta que expiró. Dos siglos más tarde el conquistador Tamerlán ordenó erigirle un mausoleo, pero tras su muerte fue abandonado, hasta nuestros días. Quien haya estado en Samarcanda o en Bujara encontrará familiar la arquitectura de este mausoleo inacabado.

Empleé aún varias horas en acabar de conocer el sitio. Aparte del mausoleo, disfruté de la visita a la mezquita subterránea, donde observé una gran pintura representando a una hermandad de derviches en cuclillas (Khoja Ahmad Yasawi llegó a ser un murshid, o jefe de un tekke de una orden sufí que él mismo fundó, llamada, precisamente, orden Yasawi), donde se reunían para practicar el zikr y discurrir sobre el sentido de la existencia. Contemplando esa pintura se sentía espiritualidad en el interior de esa mezquita. A la mañana siguiente, tras desayunar en el albergue, la japonesa y yo nos separamos; ella iría en autobús al mar Aral y yo me dirigí hacia las estepas y lagos de Saryarka (otro sitio UNESCO) en otro tren español TALGO, que son infinitamente mejores que los destartalados trenes rusos de los tiempos de la URSS.

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49 – Kenia (6 patrimonios y 18 candidatos)

 

EL GRAN VALLE DEL RIFT AFRICANO – MASAI MARA

Curiosamente, la Reserva Nacional Masai Mara (en Kenia) es una continuación del Parque Nacional del Serengueti (en Tanzania). Pero mientras el Serengueti es Patrimonio Mundial por derecho propio, Masai Mara es sólo candidato a serlo, a pesar de que los animales pasan de Kenia a Tanzania y viceversa como Pedro por su casa.

En Nairobi compré por el equivalente a 300 dólares americanos una excursión de tres días con dos noches al Parque de Masai Mara, con todo incluido, las tres comidas diarias más una tienda para mí solo y el transporte ida y vuelta. Me aseguraron que vería los Big Five: elefantes, leones, rinocerontes, búfalos y leopardos. Y también los Small Five: cebras, jirafas, monos, hipopótamos y facóqueros. Además, avistaríamos otros animales y multitud de aves.

Vecino al campamento, a tiro de piedra, podríamos observar a diario el sistema de vida de los Masai con sus costumbres, como hacer fuego y sus competiciones de saltos. Sus mujeres bailaban, cantaban y trataban de vendernos suvenires.

No encontré el precio caro y todo lo que prometieron se cumplió, como la visión de los animales, los cinco grandes y los cinco pequeños. Como éramos centenares de turistas extranjeros, predominando los europeos, a mí me asignaron al vehículo de cinco turistas italianos muy simpáticos. Todo estaba muy bien organizado. Tan pronto como el conductor de un vehículo observaba cómo una leona acababa de capturar un impala, lo comunicaba a sus colegas y al rato éramos no menos de 40 vehículos tomando fotos por el techo abatible a la familia de leones comiendo. Con los monos había que tener mucho cuidado pues todos eran ladrones y si te descuidabas te robaban la gorra, las gafas, o el tabaco del bolsillo de la camisa.

El tercer día, a media tarde, nos devolvieron a Nairobi. Todos los italianos y yo estábamos satisfechos.

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50 – Kirguistán (3 patrimonios y 2 candidatos)

 

MONTAÑA SAGRADA DE SULAMAIN-TOO

Llegué a Osh ya oscuro, tras un largo viaje en un jeep compartido desde la república de Gorno Badakhshan (Tayikistán). Mi intención era visitar al día siguiente el famoso mercado (que no encontré nada particular comparado con otros de Asia Central), más los petroglifos de la Montaña Sagrada de Sulaimain-Too. Calculé que hacia el mediodía viajaría a Biskek. Salí temprano de mi albergue y me dirigí a pie a la famosa montaña. Es imposible perderse, la montaña se ve desde cualquier parte de la ciudad. En la falda compré el billete de entrada, que era baratísimo, y más si lo pedías en ruso, pues los ciudadanos de las 15 repúblicas de la antigua URSS pagaban un precio mucho más bajo que un turista de otro país. Justo en la falda se hallan los petroglifos, que no encontré nada interesantes. Además, estaban sin protección y cualquier gamberro puede acercarse y con un cuchillo escribir en la roca cualquier frase estúpida, como algunas que vi, que decían: “yo estuve aquí” y la fecha. Y aún en otra estaba escrito: “Igor ama a Tatiana”. Inicié la subida haciendo pequeñas paradas para admirar el paisaje que se abría ante mis ojos.

Una vez en la cima de la primera montaña (había varios picos) me detuve ante una gran bandera de Kirguistán. Observé allí una mezquita diminuta. Vi que varios nativos kirguises en su interior rezaban mostrando las palmas de las manos hacia arriba; la mayoría eran mujeres. El jefe de ellos, que hacía las veces de imán, al notarme extranjero propuso que me uniera a la oración, lo cual hice. Me descalcé y también recé como ellos, a pesar de ser católico. Al acabar, el imán me contó que eran peregrinos y me invitó a visitar las siete cuevas sagradas que alberga esa montaña para mejorar mi salud, pues todas ellas poseen propiedades curativas. Una cueva te alivia el dolor de espaldas, otra el del corazón, otra más te ayuda a ser fértil y tener muchos hijos, otra te alargaba la vida, aún otra te conserva la vista, etc.

Acepté la invitación y nos dirigimos al interior de una cueva tan estrecha que había que reptar para llegar al final de ella. Era la cueva que te ayudaba a tener una espalda bien sana para toda la vida. El imán fue primero en entrar. Luego fui yo. Había que avanzar de espaldas, descalzo. Tras unos 5 minutos, en el transcurso de los cuales tenías la sensación de quedarte atrapado sin poder avanzar ni retroceder, tanteando en la oscuridad, llegué adonde se podía leer el corán escrito sobre la roca con letra diminuta. El imán se había instalado en un hueco junto a ese corán con una linterna en la mano, y te bendecía; había que repetir tres veces en árabe que Alá era grande. Una vez afuera esperé a que acabaran de entrar todos los peregrinos y después proseguí con ellos hacia otra montaña, pero no ascendí hasta la cima, donde había otra cueva angosta, porque era la de la fertilidad, y yo, siendo padre de tres hijas y un hijo, ya había cumplido con la Naturaleza y no tenía intención de tener un quinto hijo. Me cité con ellos para 2 horas más tarde en la parte posterior de la montaña, junto a la vieja mezquita, para rendir pleitesía a un santo sufí muy venerado en toda Asia Central.

Esas 2 horas las empleé en visitar un museo fabuloso en el interior de una gruta gigante. Tuve que pagar una nueva entrada, pero fue baratísima, a precio de risa. Ese museo sería extremadamente didáctico. La entrada estaba dedicada a las religiones practicadas en Asia Central antes del advenimiento del islam. Vi representado un zigurat, torres del silencio de los adoradores del fuego, la figura al tamaño natural de un “bakshy” o chamán kirguís, brujos practicando ceremonias extrañas con partes de animales y preparando pócimas mágicas con las entrañas en recipientes raros de barro, los antiguos aborígenes pintando en la cueva dibujos “a lo Altamira”, una piedra original con extractos del Avesta, grandes estatuas de piedra de Buda, etc. Subiendo por la enorme cueva vi animales disecados. Al que más atención presté fue a la cabra montés llamada Marco Polo. Cuando vi que habían pasado las 2 horas me dirigí al mausoleo de Asaf Ibn Burhia, donde me reuní con mis amigos peregrinos.

Todavía, antes de oscurecer, me dio tiempo a visitar el último museo, el etnográfico. Allí, entre miles de viejos artilugios, había una pintura antigua de Marco Polo con un mapa con su recorrido por Asia, más un fragmento de su libro donde mencionaba Osh y la Ruta de la Seda, escrito en kirguís con traducción al ruso. Acabé esa extraordinaria visita oscureciendo, por lo que regresé a mi hostal a dormir una segunda noche, cosa que no había previsto por la mañana, pero esa montaña me subyugó y en ella perdí la noción del tiempo. A la mañana siguiente me dirigiría, vía Biskek, hacia otro sitio UNESCO sin par en Turkestan (Kazakstán), no menos prodigioso que la Montaña Sagrada de Sulaimain-Too, adonde llegaría al cabo de dos días en un tren español TALGO: el Mausoleo de Khoja Ahmad Yasawi.

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51 – Laos (2 patrimonios y 3 candidatos)

 

CIUDAD DE LUANG PRABANG

La primera vez que viajé a Laos, en 1997, no pude visitar a Luang Prabang porque estaba prohibido (al menos para los extranjeros) llegar a ella por tierra, debido a la peligrosidad, y te obligaban a volar, pero yo carecía del dinero para el billete de avión.

Menos mal que esa situación se acabó y muchos años más tarde pude por fin conocer esa interesantísima ciudad viajando a ella en autobús desde Vientiane, con una escala previa de dos días en la también bella Vang Vieng.

Una de las cosas que me gustaba hacer en Luang Prabang era madrugar para observar a los monjes pedir limosna, la ceremonia de tak bat, aunque reconozco que sólo madrugué una vez, y las otras me quedé dormido. Consideré que verles una vez bastaba, pues todos los turistas hacían lo mismo, y la madrugada que me levanté más temprano éramos más extranjeros en la calle que gente local. No noté a los monjes muy felices al sentirse tan seguidos con la mirada por los turistas.

Tres días fue mi estancia en Luang Prabang. No soy aficionado a apuntarme a las excursiones turísticas que se ofrecían, como visitar cataratas, tours en bicicleta, raftings por el río Mekong, montar en elefantes, etc., sino que me quedaba en los templos (visité los principales) y me quedaba ensimismado escudriñando los pequeños detalles tallados sobre ellos relatando la vida de Buda y sus discípulos.

Cenaba a diario en un callejón comida local muy aceptable, a precios de risa.

Hoy, los recuerdos de Luang Prabang se hallan almacenados en mi memoria bajo el apartado de ciudades asiáticas íntimas, junto a Isfahan en Irán, Khiva en Uzbekistán, Chitral en Pakistán, Kashgar en China, Lhasa en Tíbet, Bagan en Myanmar…

El cuarto día viajé en autobuses al sur del país, a la isla de Don Khong, siguiendo la Banana Pancake Trail.

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52 – Líbano (5 patrimonios y 8 candidatos)

 

VALLE SANTO (ULADI QADISHA) Y BOSQUE DE LOS CEDROS DE DIOS (HORSH ARZ AL RAB)

Uno de mis objetivos durante mi visita del Líbano era visitar Bsharre, donde nació un personaje cuyos libros (en especial El Profeta) me inspiraron durante mi adolescencia: Gibran Jalil Gibran. Salí temprano de Trípoli, en autostop, y al inicio de la tarde alcancé Bsharre. Vi allí un museo dedicado a él, más la casa donde nació. También observé una gran cabeza de piedra que le representaba. Se notaba que en Bsharre se sentían orgullosos de él. Y yo me sentí muy feliz de haber cumplido mi objetivo de visitar su pueblo. Ahora tenía un nuevo deseo, visitar las ruinas romanas de Baalbek. Los indígenas me aconsejaban regresar a Beirut, y tomar allí un autobús a Baalbek. Sin embargo, había una ruta que llevaba a Baalbek directamente desde Bsharri. Y de nuevo me aconsejaban no intentar seguir esa carretera pues atravesaba zonas remotas y apenas habitadas por las que no pasarían coches que pudieran llevarme.

No hice caso a los nativos y me puse a caminar montaña arriba para cruzar la cordillera, a pesar del frío. A los pocos kilómetros observé a la derecha un lugar llamado Bosque de los Cedros de Dios y noté que había un signo que declaraba el lugar como Patrimonio Mundial (era el año 1999 y en aquel tiempo no prestaba ninguna a tención a los sitios UNESCO). Curioso, entré. No tenía constancia de ese bosque de cedros. No había guardianes ni oficinas para cobrarme billetes de entrada. Me recreé por el lugar al menos una hora, a mi aire, hasta que temí no llegar con luz solar a Baalbek y regresé a la carretera para seguir caminando. Durante esa hora vi varias docenas de cedros. Al día siguiente me informarían de que en ese lugar existían en la actualidad unos pocos centenares de cedros, que eran el resto de los miles que había en la antigüedad. Finalmente alcancé Baalbek, exhausto, y me quedé a dormir en el medio de sus ruinas, en el centro del templo dedicado a Venus.

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53 – Lituania (4 patrimonios y 2 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL HISTÓRICO DE TRAKAI

Me tomó unos 20 minutos alcanzar este castillo caminando a paso ligero desde la estación de autobuses de Trakai. Iba preguntando por él a los indígenas que me encontraba por el camino, y todos me contestaban que siguiera la misma calle paralela a la orilla del lago Galvé. Y al final lo hallé entre dos lagos. Era un castillo asentado sobre una isla unida por un puente de madera a la ciudad de Trakai. La vista era bella como un cuento; el castillo aparecía romántico, seductor. Estaba el lugar lleno de turistas a pesar de encontrarme en un frío mes de febrero. Algunos nativos hacían un agujero en el hielo en medio del lago y pescaban.

El ingreso al castillo era barato. Compré mi billete en la taquilla de la entrada y penetré en el recinto. Al parecer, mi boleto me daba derecho a un guía una vez que se reuniera un pequeño grupo, pero no quise esperar a otros turistas y preferí descubrir el lugar a mi aire. El castillo, cuyo origen data del siglo XIV, ha sufrido destrucciones y reconstrucciones, sobre todo tras las particiones de Polonia, y ha pasado de manos lituanas y de los caballeros teutones, a polacas, a suecas, a alemanas, a rusas, a soviéticas…, y sus muros han albergado reyes, duques, templarios, revolucionarios, más otros residentes de diverso pelaje y posición social. Entré donde me estaba permitido en el Palacio Ducal. Tras una hora de visita salí y comprobé que era más bello por fuera que por dentro. Lo rodeé por completo, me recreé tomando fotos desde todas las perspectivas posibles. Al estar el lago helado, se podía caminar sobre él para obtener buenas vistas del castillo. Los aborígenes me contaron que en verano los turistas alquilan barquitas para admirarlo desde el medio del lago Galvé y el lago Luka.

Trakai en sí parecía una pequeña ciudad atractiva y en su museo (al cual no entré) se podía aprender sobre la comunidad karaim (de origen turco con mezcla de judíos) que fue llevada a Trakai desde Crimea en el siglo XIV. Además, leí que la vista del castillo por la noche, cuando lo iluminan, es espectacular. Consideré pernoctar allí para apreciar estos dos atractivos turísticos. Reflexioné, y al acabar la visita resolví regresar a la estación de autobuses para marcharme raudo a viajar a otra parte.

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54 – Luxemburgo (1 patrimonio y 0 candidatos)

 

CIUDAD DE LUXEMBURGO: BARRIOS ANTIGUOS Y FORTIFICACIONES

 

Me costó al menos una hora llegar, ya oscuro, desde la estación de tren al albergue de Luxemburgo, abajo del todo, junto al río, en un barrio llamado Grund Quarter. Allí conseguí una cama en un dormitorio a precios razonables. Me gustó mucho el alojamiento y conocí en él a viajeros notables españoles, con los que no paré de intercambiar información viajera.

Por la mañana organicé mis excursiones a esa ciudad, tan relacionada históricamente con España. Tras visitar las casamatas (erigidas por los españoles) junto a las murallas y sólidas fortificaciones, el Gran Palacio Ducal (por fuera, pues no me dejaron por dentro), y comprar un cirio en la catedral de Notre-Dame, me dirigí a la Oficina de Información y Turismo para recabar información sobre el paso de nuestros Tercios de Flandes por Luxemburgo, villa que era escala entre Milán y Bruselas, y donde nuestros soldados se sentían en casa.

Telefonearon a un historiador, que se presentó al ratito y durante más de una hora no paró de darme datos sobre los Tercios de Flandes y los lugares y signos que recuerdan a los españoles en Luxemburgo, como la calle dedicada a Felipe II (la más “chic” de Luxemburgo), y otra, la Rue Monterey, en honor de Juan Domingo de Haro, gentilhombre de Felipe IV.

Y, para finalizar, me obsequiaron con un mapa para efectuar por mi cuenta un tour circular llamado Wenzel, el cual me tomó unas dos horas, para conocer los sitios más históricos y característicos de Luxemburgo.

A media tarde me compré un bocadillo de mortadela para merendar, y embarqué en un tren a Namur, donde visitaría los famosos campanarios (otro Patrimonio Mundial) y el cenotafio donde se preserva el corazón de nuestro Don Juan de Austria.

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55 – Macedonia (1 patrimonio y 3 candidatos)

 

PATRIMONIO NATURAL Y CULTURAL DE LA REGIÓN DE OHRID


Llegué a Ohrid a media tarde tras haber partido de buena mañana desde Tesalónica.

Iba siguiendo en autobuses la histórica Vía Egnatia fundada por los Romanos, desde la antigua Bizancio (hoy Estambul) hasta Dyrrachium (hoy Durres, en Albania), a orillas del Mar Adriático.

Desde la estación de autobuses de Ohrid caminé unos diez minutos hasta el centro y allí una familia me propuso un cuarto en su casa por 10 euros, cosa que acepté. Además, para cenar me prepararían una sopa boba, y para el desayuno un café con leche junto a un bollo de nata.

Tras dejar mi pequeña bolsa salí a recorrer el centro y buscar un supermercado junto al lago, done me compré un bocadillo de mortadela.

No pude visitar nada más pues pronto oscureció; todas las atracciones turísticas estaban cerradas, así que pospuse las visitas hasta la mañana siguiente.

Tras el desayuno caminé hacia la fortaleza. Por el camino encontré la estatua dedicada a los santos y hermanos Cirilo y Metodio quienes, basados en el griego, crearon el que sería el actual alfabeto cirílico, hoy utilizado por alrededor de una docena de países, como Macedonia, Rusia, Bulgaria, Bosnia, Mongolia, Ucrania, Bielorrusia, Serbia, etc.

Pasé frente a la Iglesia de Santa Sofía, pero al estar cerrada seguí subiendo hasta la fortaleza, pero aplacé su visita hasta el mediodía, pues no me la quise perder por la perfección que observé en su arquitectura gracias a una maqueta que había junto a la entrada.

Alcancé el Monasterio de San Panteleimón, o Pantaleón, también llamada de San Clemente, que fue discípulo de los hermanos y santos Cirilo y Metodio. Aún estaba cerrado. Mientras esperaba a que lo abrieran me recreé ante la bella vista del lago. Había ruinas y mosaicos por doquier y andamios que denotaban que estaban restaurando la magnificencia original del lugar.

Pronto apareció un monje, un monaguillo y una chica joven que era la vendedora de suvenires. Aunque aún no era la hora prevista en el horario marcado en una nota, me dejaron entrar y pude así admirar los mosaicos, frescos, más los diversos iconos.

Compré un cirio y la chica, tras preguntarme el nombre, me regaló una postal de San Jorge.

Durante mi descenso al lago no dejé de entrar en otras iglesias, siendo la más notable la de Santa Sofía, cuyos frescos interiores me llenaron de gozo.

Al entrar la tarde proseguí mi viaje a lo largo de la Vía Egnatia.

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56 – Malasia (4 patrimonios y 4 candidatos)

 

MALACA Y GEORGE TOWN, CIUDADES HISTÓRICAS DEL ESTRECHO DE MALACA

 

Llegué a Malaca en barco, desde Dumai, la Isla de Sumatra, cruzando el estrecho de Malaca, como los viajeros de la vieja escuela, que evitan el avión siempre que pueden. Allí me quedé dos días recorriendo los lugares donde estuvieron dos grandes viajeros del pasado, nuestro misionero navarro San Francisco Javier, y el eunuco chino Cheng Ho (Zheng He), que posee en esa ciudad un interesante museo de dos plantas.

Tras Malaca seguí mi viaje en autobús a Kuala Lumpur, un día más tarde cogí un tren nocturno a Butterworth, y de madrugada preferí cruzar el estrecho a Penang, hasta George Town, abordando el famoso Yellow Ferry, desechando el autobús que atraviesa un puente. Y es que me encantan los medios románticos de locomoción, como viejos trenes, diligencias, o ferris de los años de María Castaña.

Pronto hallé en George Town un conocido hostal de “backpackers” donde me alojé en su dormitorio, y a continuación recorrí la ciudad, que se considera especial por albergar entre su población una mayoría de chinos, seguidos de malayos y, por último, indios.

Aunque la población extranjera es allí imperceptible, hallé un antiguo palacio que perteneció a un comerciante armenio, y fue uno de los muchos emigrantes de esa nacionalidad que llegaron en siglos pasados a Penang para realizar negocios. Por ello en George Town se encuentran edificios religiosos budistas, taoístas, musulmanes, hindúes y cristianos.

Por las mañana solía ver a los hindúes que caminaban descalzos y vestidos con un faldón a su templo para adorar a sus dioses, mientras que los musulmanes entraban en las mezquitas cuando el muecín llamaba a la oración, y los inofensivos chinos entraban inadvertidamente en sus pagodas para hacer quemar barras de incienso en honor a sus ancestros.

Tras mi estancia de dos días en Penang proseguí mi viaje por Extremo Oriente.

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57 – Mali (4 patrimonios y 17 candidatos)

 

TOMBUCTÚ

En Gao abordé un barco hasta Mopti. Sabía que a los cuatro días de travesía atracaría por unas pocas horas junto a Tombuctú, así que tendría tiempo de visitar esa ciudad.

El barco llegó la mañana del quinto día al puerto de Kabara. El capitán me informó que entre la carga y la descarga la escala se demoraría tres horas, tiempo que consideré suficiente para visitar una de las ciudades más impenetrables de África: Tombuctú, a unos 10 kilómetros de distancia del puerto.

El nombre de Tombuctú evoca, al igual que otras ciudades legendarias, como Lhasa, Harar, Samarcanda, o Isfahán.

Tombuctú fue fundada por los tuaregs en el siglo XI y desde entonces ha cambiado de gobierno muchas veces. Hubo un tiempo en el que la fama de su cultura y de su universidad alcanzó los confines más extremos del mundo musulmán.

Los tesoros de Tombuctú son los viejos manuscritos de su vieja universidad (llamada Sankore), una de las más antiguas del mundo, pero con los conflictos actuales de grupos de fanáticos musulmanes, temo que poco quede de esos tesoros en la actualidad, pues esas gentes ya destruyeron los Budas de Bamiyán (Afganistán), Palmira y otros sitios en Cercano Oriente.

Me sentía tremendamente emocionado de recorrer sus calles de arena y visitar sus principales mezquitas y su zoco. Es cierto que ya ha perdido la gran magnificencia de que gozó en siglos anteriores, pero no es una ciudad que decepcione a quien esté familiarizado con la historia de los grandes viajeros del pasado, pues Tombuctú fue uno de los lugares más impenetrables para los europeos hasta su colonización por los franceses.

Visité, además, la mezquita de Djingareyber y varias madrazas antiguas.

Observé que se conservan cinco placas instaladas en las paredes de sus callejones, dedicadas a cinco exploradores célebres, indicando el tiempo de su visita: René Caillié, de 1827 a 1828. Alexander Gordon Laing, muerto allí en 1826, por espía. El alemán Heinrich Barth, de 1853 a 1854. El austriaco Oskar Lenz, en 1880. Y el estadounidense Berky, que recorrió el Sáhara desde Biskra a Timbuktú de 1912 a 1913.

Precisamente René Caillié es uno de mis viajeros favoritos de todos los tiempos. Nació en 1799 junto al Golfo de Vizcaya, hijo de un padre borrachín y de una madre panadera. Se quedaría huérfano a los once años, cuando se puso a trabajar de aprendiz de zapatero, pero en sus ratos libres se deleitaba leyendo libros de viajes, siendo su preferido el de Robinson Crusoe. Pronto dejó de jugar con sus compañeros para ensimismarse ante la visión del mapa de África. A los dieciséis años su pasión por vivir aventuras lo llevó a embarcarse para Senegal, con 60 francos en el bolsillo, como ayudante de un oficial.

René Caillié sería el primer extranjero no musulmán en penetrar en la prohibida Tombuctú y salir de ella sin ser asesinado, como les sucedió a otros osados viajeros europeos.

Acabada la instructiva visita a Tombuctú, regresé a Kabara y de allí embarqué hasta Mopti, adonde llegué al cabo de dos días más de navegación.

Años más tarde vi un letrero en Zagora (Marruecos) indicando que a pie se tardaban 52 días en llegar a Tombuctú.

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58 – Marruecos (9 patrimonios y 13 candidatos)

 

KSAR DE AIT BEN HADU

 

En cierta ocasión, durante mis años mozos, viajé a Marrakech inspirado por una canción de los años 60 (del siglo XX) muy popular entonces, llamada “Marrakech Express”, de Crosby Stills and Nash. Desde entonces el nombre de Marrakech invoca en mí aventura y emoción, lo mismo que Timbuktú, o Samarkanda.

Pero un día observé un poster en un escaparate de una agencia de viajes de la plaza Jemaa el Fnaa con una vista fantástica, pregunté y me indicaron que se trataba del Ksar de Ait Ben Hadu, así que hacia allí me dirigí el día siguiente, con una visita larga en medio del camino para conversar y comer cous cous con los bereberes del Valle de Ourika.

Instalado en un hotelito de Ouarzazate, llamada “La Puerta del Desierto”, me dediqué durante tres días a realizar visitas radiales. Una fue a Zagora, donde vi el famoso letrero “Tombouctou 52 jours” que todos los turistas fotografiaban. Y el segundo lo invertí en el espectacular Ksar de Ait Ben Hadu.

Al llegar, un hombre vestido con una chilaba azul intentó venderme souvenires, y me informó que allí se habían filmado las películas Lawrence de Arabia, Gladiator, Sodoma y Gomorra, y aún otras muy famosas.

Para entrar en algunos edificios me pedían dinero. Si veía que no valía la pena no entraba, pero en las más fantásticas construcciones sí que pagué unos pocos dirhams a su dueña para verlas por dentro.

Los niños adivinaban mi nacionalidad por mi acento del francés, y entonces, al saber que era español, la primera pregunta que me hacían era sobre fútbol, para averiguar si era del Real Madrid o del Barcelona.

Subí a la parte alta de Ait Ben Hadu para obtener una vista sensacional del lugar, donde me recreé por un buen rato respirando hondo para captar en su máximo esplendor todo cuanto estaba contemplando. Había valido la pena viajar a ese Ksar por esa vista tan hermosa.

Cuando me cansé descendí, bebí un té con unos nativos bereberes, regresé en bus a Ouarzazate, y el día siguiente a Marrakech.

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59 – México (35 patrimonios y 22 candidatos)

 

ZONA DE MONUMENTOS HISTÓRICOS DE QUERÉTARO

Llegué a Santiago de Querétaro casi en éxtasis. Esa era la última ciudad de las veinte que durante veinte días seguidos había recorrido siguiendo El Camino Real de Tierra Adentro (otro Patrimonio Mundial en la lista de UNESCO).

Cansado de dormir en autobuses nocturnos o en estaciones de trenes esos veinte días, esa noche, la última, tiré la casa por la ventana y me gasté 400 pesos (unos 20 euros) por una excelente habitación en un hotel frente a la catedral, encantador, con un patio interior que me recordó a la Plaza Mayor de Tembleque (en La Mancha, España).

Tras dejar mi pequeña bolsa en mi cuarto salí a deambular a la Plaza de Armas, donde di con un restaurante con música de mariachis. Allí pedí una cerveza Pacífico, una margarita más una botella de pulque. Me sentía regocijado.

Esa noche dormí como un lirón en mi cuarto.

Santiago de Querétaro es una ciudad jacobea. Por la mañana comencé mis visitas entrando en el Templo de San Agustín. En la fachada principal había una representación del Apóstol Santiago montado en su corcel blanco matando moros. Incluso en el escudo de la ciudad aparece Santiago Matamoros montado en su caballo blanco.

Querétaro es conocido por un largo acueducto de 9 kilómetros de longitud, erigido en tiempos de la colonia, al que me acerqué, ya que no se hallaba lejos de mi hotel. Pero la visita estrella fue la que efectué a continuación al Templo y Convento de Santa Cruz, que estaba relacionada con el Camino Real de Tierra Adentro.

Tuve que esperar hasta que abrieran su museo. Mientras tanto observaba las estatuas a su derredor, una de ellas dedicada a Santiago Apóstol, otra a Fray Antonio Margil de Jesús (un humanista y religioso español, de Valencia), y la tercera a Fray Junípero Serra, que moró allí un tiempo. Bajo la estatua se podía leer:

“Al eximio humanista Fray Junípero Serra, civilizador de los pueblos Pames y Jonaces, hombre egregio que vinculó la cultura hispana con las milenarias culturas indígenas de la Sierra Gorda, en donde dejó la huella profunda de su entrega y solidaridad con la Humanidad.

Pueblo y Gobierno de Querétaro al dedicar este monumento en el bicentenario de su muerte, rinden también férvido homenaje a los heroicos civilizadores que compartieron con él una hazaña imponderable. Querétaro, Noviembre de 1984”

También leí en las paredes del templo los siguientes letreros:

“A la memoria de los heroicos misioneros que durante dos largas centurias salieron de este convento para llevar la civilización a vastas regiones de América. Querétaro agradecida”.

“Al conmemorar los 500 años del encuentro de las culturas hispana e indígena, pueblo y Gobierno de Querétaro reconocen en ello el mestizaje que dio origen a lo que hoy es México. Querétaro 12 de octubre de 1992”.

Cuando abrieron el museo seguí un tour junto a otros turistas. Nos enseñaron la habitación donde pernoctó en 1867 el Emperador Maximiliano antes de ser llevado a un cerro vecino para ser fusilado.

El guía, que era un entrañable monje llamado Jesús, nos mostró un fresco sobre una pared. Aparecía una cruz y el Apóstol Santiago sobre su caballo blanco. Lo miraban cuatro personas, un conquistador con su morrión, un jefe indio Chichimeca con el pecho descubierto, más un hombre y una mujer vestidos de paisano. A la derecha estaban pintados dos monjes franciscanos evangelizando a un matrimonio de indios con dos hijos. El paisaje estaba situado en Querétaro, con cerros y cactus dibujados.

La aparición había sido un milagro, como el de la Batalla de Clavijo, supuestamente acaecida en el año 844 en España.

Y, en efecto, según cuenta la historia, el 25 de Julio de 1531 los españoles iban a construir una ciudad cuando los indios Chichimecas se les opusieron. Comenzó una batalla campal entre ambos bandos cuando de pronto hubo un eclipse y en el cielo apareció la figura de Santiago montado en su caballo blanco, junto a una enorme cruz. Los Chichimecas vieron en ello un signo de Dios. Dejaron de guerrear, aceptaron la erección de la ciudad y se convirtieron mansamente al Cristianismo.

Tras el tour me quedé un rato con el octogenario monje Jesús. Me enseñó varias reliquias sagradas y los sitios donde se produjeron milagros. En un jardín, Jesús me mostró unos arbustos cuyas espinas crecen en forma de cruz, y los aposentos de los guías de las caravanas del Camino Real de Tierra Adentro.

A media tarde alcancé en autobús México D. F. y visité de inmediato el viejo almacén del edificio de aduanas donde se almacenaba el quinto real para ser enviado a España (el 80 por ciento de la plata se quedaba en México, por eso sus ciudades eran más ricas que las españolas), y se calculaban las alcabalas y almojarifes.

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60 – Mongolia (5 patrimonios y 12 candidatos)

 

PAISAJE CULTURAL DEL VALLE DEL ORKHON

Llegué a media tarde a Harhorin, la ciudad vecina a la histórica Karakorum, en el Valle del Orkhon.

Oír la palabra Karakorum me excitaba, al igual que Tombuctú, o Samarcanda, Jerusalén, o Babilonia… pues su sonido lo asocio a la aventura, a lo intrigante, a lo mágico.

No había jamás comprado ningún tour por Mongolia, pues es muy barato ir por tu cuenta a todas partes, además de fácil, incluso recorrer el Gobi en autostop. Sin embargo, me encontré con muy pocos turistas individuales, prácticamente todos compraban paquetes turísticos.

A la llegada a Harhorín había diferentes personas que ofrecían yurtas para dormir. Me fui con una chica llamada Maya que me ajustó un precio razonable, incluyendo el desayuno, y le pagué dos noches por adelantado. Poco visité esa tarde pues pronto se hizo de noche. En la oscuridad hallé un supermercado, que abrieron sólo para mí, y compré algo de comer y de beber.

Por la mañana me dediqué a explorar exclusivamente al monasterio budista Erdene Zuu (cuando los monjes lo abrieron), y a descubrir los pocos restos de la vieja Karakorum.

Los vendedores de souvenires me señalaron una enorme tortuga de piedra frente a sus tiendas, y me aseguraron que era el único resto que quedaba en pie desde los tiempos cuando Karakorum fue la capital del Imperio Mongol. Varios trabajadores estaban construyendo una especie de centro de interpretación de lo que debió ser Karakorum. Aparte de ello, nada más recordaba a la antigua ciudad.

La tarde la empleé en conocer el museo y fue donde aprendí más, pues al ser el único turista el guía me dedicó todo su tiempo. Además, conocía la llegada de los misioneros nestorianos, la de Giovani Pian del Carpine, y la Guillermo Rubruk. También me habló de Rabban Bar Sauma, un monje nestoriano que viajó a Europa en el siglo XIII y se encontró con el Papa de Roma, el rey de Francia y el rey de Aragón, en España. Los reyes mongoles fueron cristianos durante muchos años. Incluso un hijo y un nieto de Gengis Khan se convirtieron al cristianismo nestoriano.

El tercer día emprendí un largo viaje en autostop hasta la ciudad rusa de Novosibirsk.

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61 – Montenegro (4 patrimonios y 4 candidatos)

 

COMARCA NATURAL, CULTURAL E HISTÓRICA DE KOTOR

Iba viajando por los países de la ex Yugoslavia casi de manera ilegal en unos tiempos cuando las nuevas fronteras aún no estaban definidas entre las antiguas repúblicas que comprendían ese hoy extinto país. Llegaba a Kotor desde Kosovo, mitad en autostop y mitad en autobuses, y en la frontera los soldados de las Naciones Unidas (casi todos eran italianos) no me pusieron ningún sello sobre mi pasaporte. Al ver que era español me hacían un gesto para que siguiera adelante. Era extraño. En el pasado había tenido problemas en otros países por carecer de los sellos de entrada o salida de las fronteras.

Me quedaban dinares yugoslavos, o serbios y, oficialmente, tanto Kosovo como Montenegro en teoría todavía eran parte de Yugoslavia. Pero no me los aceptaron y tuve que pagar en euros el bocadillo de mortadela que me comí en la parte posterior de las murallas de Kotor. Usaba la lengua italiana para comunicarme con la gente, pues casi todos los locales la dominaban.

Esa noche quería dormir en Tirana; no había servicios de autobuses con Albania, sólo autostop. Por ello visité Kotor por unas 4 o 5 horas, desde la madrugada, cuando llegué, hasta que me comí el bocadillo de mortadela, poco antes del mediodía.

Me agradó mucho Kotor y su bahía, penetré por un portal de sus murallas que exhibía la bandera del nuevo país. Entré en la catedral católica, llamada San Trifón, en medio de la misa. Esperé a que acabara, comulgué y a continuación compré un cirio. Tras ello contemplé el símbolo de Kotor, además de las murallas, que representaba lo que me dijeron en inglés que era la Clock Tower (la Torre del Reloj).

Esperé poco más de media hora en las afueras de Kotor a que un montenegrino me llevara unos kilómetros más adelante hacia el sur. En un segundo “ride”, al pasar por Sveti Stefan, me encantó tanto la visión de esa casi isla que pedí al conductor del coche que frenara para visitarla, cosa que hice por un par de horas. Me recordó al Monte de Saint Michel, en la Baja Normandía francesa.

Tras Sveti Stefan proseguí el autostop y llegué a Tirana hacia las 11 de la noche.

Los agentes de inmigración albaneses sí que estamparon mi pasaporte con un sello de entrada. Volvía a viajar de manera legal.

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62 – Mozambique (1 patrimonio y 4 candidatos)

 

ISLA DE MOZAMBIQUE

No me fui fácil alcanzar la Isla de Mozambique desde Maputo debido a mi empeño en no tomar un avión. Debía llegar allí por tierra y por mar, como los viajeros de verdad, lo que me tomó tres semanas. En Beira, por ejemplo, tuve que esperar ocho días un barco para que me transportara a Quelimane debido a la ausencia de puentes para cruzar ríos por tierra y a las tormentas en el mar. Los camiones que me transportaban se averiaban por el camino, en medio del barro, y en muchos lugares debíamos hacer un largo desvío por estar la zona minada desde los tiempos de la guerra. Si uno recorría 100 kilómetros en camión en un día se podía dar por satisfecho, y más encontrándose en época de lluvias, como era mi situación, por no contar con los controles de los militares y de la ex guerrilla.

Era el año 1992; me había escapado de la Barcelona de los Juegos Olímpicos. Apenas llevaba dinero; un mes atrás me habían robado en Johannesburgo y, con apenas lo puesto, debía regresar a España por tierra, lo que me tomaría aún cinco meses de viajes llenos de tribulaciones.

Mozambique sería mi isla favorita entre las islas swahilis de la costa índica de África, como Zanzíbar, Pemba, o Lamu. Pero… ¡Mozambique no era en realidad una isla! Fue algo que me decepcionó al principio. Había un puente desde la parte continental que te llevaba a la isla. El ingeniero había sido el mismo que también construyó los puentes entre Macao y las islas Taipa y Coloane, antiguas posesiones portuguesas, hoy reintegradas en China. Ese puente le restaba romanticismo a Mozambique.

Me acerqué a la iglesia católica y le pedí al párroco (que era portugués) que me permitiera pasar unos días en ella a cambio de alguna labor, como barrer, ayudar en la cocina, fregar los platos, o tocar las campanas a las horas de misa. Precisamente en esa iglesia se habían alojado en el pasado, tanto Luis de Camões como San Francisco Javier y, probablemente, uno de mis héroes viajeros, Fernão Mendes Pinto. El buen párroco me aceptó.

La isla de Mozambique fue la capital del Imperio Portugués en Asia. Vi allí una fortaleza llamada San Sebastián, monumentos a héroes portugueses (como Luis de Camões), un castillo del siglo XVI que había sido destruido por los holandeses, un palacio con un museo conteniendo carrozas, casas portuguesas, varias iglesias de estilo manuelino y la catedral, aunque había pocos católicos en esa isla; la mayoría de la población era musulmana.

También noté un templo dedicado a Shiva, pues allí vivían varios indios provenientes de Goa, y numerosas mezquitas. La isla es pequeña, de unos 3 kilómetros de largo por unos 300 metros de ancho, y en ella viven unas 15.000 almas. Las calles eran estrechas y laberínticas, y en el exótico zoco se vendía jengibre, pescado seco, cocos, azafrán, clavo y cosas baratas chinas. Vi casas de nativos construidas con coral y bambú, las chicas jóvenes, que eran muy coquetas, se pintaban la cara con una crema blanca, a manera de mascarilla, para evitar ponerse más negras de lo que ya estaban, mientras que los hombres se entretenían jugando al n’tchuva (también llamado mancala, o kalaha), juego típico africano que consta de un tablero de 32 agujeros con 64 semillas.

Un buen día me despedí del bueno del párroco y del sadhu hindú que estaba al cargo del templo de Shiva y con el que había hecho amistad, y me dirigí en autostop a la frontera con Tanzania, lo que me llevó dos días con sus dos noches. Al llegar a Mocimboa da Praia pasé emigración mozambiqueña y en el puerto unos comerciantes tanzanos tuvieron a bien llevarme en su dhow a la aldea tanzana de Mtwara, travesía que duró tres días con sus tres noches, y en el transcurso de la cual unos insectos de altamar me devoraron el tímpano de mi oreja izquierda.

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63 – Myanmar (1 patrimonio y 14 candidatos)

 

ÁREA ARQUEOLÓGICA DE MRAUK U Y MONUMENTOS

No fue fácil acceder a Mrauk U. Primero volé desde Bangkok a Yangón, tras el cambio de aeropuerto compre un billete de avión a Sittwe, donde la Policía me registró en un libro de visitantes, pues esa zona es conflictiva por la tensión entre los budistas y los musulmanes, por ello no se permite llegar a Sittwe por tierra a los extranjeros.

Me acerqué al puerto de Sittwe sobre el río Kalandan y abordé durante 6 horas una barca hasta Mrauk U. Llegué ya de noche a esa mítica ciudad. Localicé un hotelito y tras depositar mi pequeña bolsa me desplacé a otro hotel vecino donde me encontré con un gran viajero estadounidense, Jeff Shea, con quien emprendería visitas diarias a los templos y monasterios budistas de los alrededores.

El Reino de Arakán era independiente hasta que fue invadido por los birmanos en el siglo XVIII. Las ruinas del antiguo palacio real se pueden hoy distinguir y quedaban justo enfrente de mi hotel.

Los tres días pasados con Jeff descubriendo ese lugar tan remoto e ignoto fueron memorables. El primer día juntos lo empleamos en conocer los templos budistas principales de Mrauk U, que son muchos, casi tantos como en Bagan, algunos de los cuales (como el Koe Thaung) albergan hasta 90.000 estatuas de Buda. El segundo día viajamos por el río Lay Myo hasta el Estado Chin, fronterizo con India, para ver las mujeres con tatuajes en la cara, y el tercero viajamos al remoto monasterio Maha Muni (que significa Gran Sabiduría), que fue visitado por el propio Buda.

Fueron tres días saturados de impresiones y de aprendizaje sobre budismo y etnografía que nos enriqueció la mente y el alma. El cuarto día Jeff y yo nos separamos. Él aún viajaría al Estado de Kachin, en Myanmar, mientras que yo, al carecer del permiso militar para ese estado, me tuve que conformar con hacer desplazamientos alrededor de Yangón, a los monasterios budistas de Bago y Kyaiktiyo.

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64 – Namibia (2 patrimonios y 8 candidatos)

 

ARENAL DE NAMIB

Viajé en autobús desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) a Windhoek (Namibia) en compañía de una chica aragonesa que vivía en Barcelona. Decidimos emplear en esta ciudad tres días con sus correspondientes noches para realizar excursiones radiales a algún parque nacional, a ver un meteorito y, sobre todo, a conocer las dunas del Arenal de Namib, para regresar por la tarde a nuestro albergue. En esos tiempos (año 1996) no estaba especialmente interesado en los sitios UNESCO (además, el Arenal de Namib sería nombrado Patrimonio Mundial en 2013), sino que fuimos allí por los comentarios positivos que habíamos leído sobre ese desierto.

En Windhoek enseguida nos dimos cuenta de que, o alquilábamos un coche, o nos apuntábamos a alguna agencia de viajes, pues no había transporte de pasajeros a los lugares que deseábamos visitar; sólo había transporte público entre ciudades. Acudimos a una agencia de alquiler de vehículos con conductor para que nos dieran presupuesto. Y justo allí nos vimos con dos turistas israelíes que tenían el mismo propósito que nosotros, así que los cuatro pagamos un precio razonable por una excursión de un día entero a Sossusvlei, un salar en el desierto de Namib, dentro del Parque Nacional de Namib-Naukluft.

El chófer del 4×4 nos llevaba a ver dunas rojas y nos señalaba las más interesantes para que subiéramos a ellas, cosa que hacíamos. La vista desde ellas era espectacular. Ese chófer era un gran experto en ese recorrido, pues siempre hacía paradas en los lugares más interesantes. En nuestro regreso a Windhoek hicimos una visita a las villas de Swakopmund y Walvis Bay, población esta donde visitamos un centro social de pescadores españoles, que nos trataron muy bien, y nos invitaron a comer paella, lo que fue la guinda del pastel del interesante día que pasamos.

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65 – Nepal (4 patrimonios y 15 candidatos)

 

CIUDAD MEDIEVAL AMURALLADA DE TIERRA DE LO MANTHANG

Me costó alcanzar Lo Manthang, la capital del antiguo Reino de Mustang.

Fue al llegar a Kagbeni cuando me uní a un grupo de gurungs con sus yaks y me camuflé entre ellos, pues en aquellos tiempos (1989) estaba estrictamente prohibido acceder a ese antiguo reino, pues el rey odia a los extranjeros. Sus habitantes están relacionados con los tibetanos. Pensé que el hombre existe antes que las fronteras y sentí curiosidad por conocer ese misterioso reino y demostrar al rey que no todos los extranjeros somos malos.

El descenso por la garganta de Kali Gandaki era muy peligrosa, hasta para los gurungs. A veces los yaks, cargados con sacos de arroz, se asustaban y no querían seguir adelante. Los gurungs les tenían que arrear en el lomo con un palo para que continuaran.

Tres días me costaría llegar a pie a la ciudad amurallada de Mustang, para no perderme seguía la ruta de los chortens en los picos de las montañas y cruces de caminos, pues actuaban como las flechas amarillas en el Camino de Santiago y te conducían a Mustang, y más allá al Monte Kailash.

Cuando divisé las murallas y los monasterios y chortens alrededor de Mustang, me emocioné. Pero temí que si entraba a su interior descubrirían que era un odiado extranjero y el rey me expulsaría. En realidad mi meta era el Palacio del Potala, en Lhasa, así que rodeé la ciudad sin penetrar en ella, y continué por un sendero hacia un paso que me conduciría hacia media noche a la entrada en la aldea tibetana cuyo nombre sonaba a Litse, burlando un control de un campamento militar chino.

Por desgracia, al pedir ayuda en una casa de Litse me denunciaron, me dejaron dormir en un cuartel y por la mañana los soldados chinos me devolvieron en su jeep al paso número 23 de Mustang. Fue cuando descendí y entré en la ciudad amurallada, con gallardía. Pero allí de nuevo sería descubierto, encerrado por orden del rey (a quien no llegué a ver) y al día siguiente sería conducido escoltado por un soldado de ese reino hasta Kagbeni, adonde llegamos dos días más tarde.

Mi aventura de viajero revoltoso no tuvo consecuencias; en Kagbeni la Policía me dejó en libertad y me permitió realizar el giro completo al Annapurna a través del Thorung La Pass.

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66 – Noruega (8 patrimonios y 5 candidatos)

 

ARCHIPIÉLAGO SVALBARD

En mayo del 2002 volé desde Oslo a Longyearbyen, en las Islas Svalbard, con una escala en Trondheim. En el aeropuerto me aconsejaron no caminar para llegar a Longyearbyen, debido al peligro de los osos, que son salvajes y andan sueltos por esas islas en busca de algo que llevarse a la boca, y me aconsejaban tomar un taxi. Como soy muy anti-taxis y llevaba poco dinero, apenas para comerme a diario un par de bocadillos de mortadela, en un momento de descuido de los agentes de emigración me lancé a paso ligero hacia la capital, que estaba cerca, a unos 15 minutos a pie, por lo que consideraba absurdo pagar el alto precio de los taxistas. Noruega es uno de los países más caros del mundo.

En Longyearbyen vi a gente por las calles armada con pistolas y rifles. El asunto era serio. Hacía pocos meses que una turista extranjera había sido atacada por osos cerca de la ciudad, muriendo. A veces los osos se acercan por las noches buscando comida en los cubos de basura. Está prohibido matarlos, salvo en caso justificado de defensa. El albergue más barato para dormir, en una litera dentro de un dormitorio en una antigua mina de carbón (la número 102) costaba un equivalente a 40 dólares. Y los hoteles no bajaban de 100 dólares la noche. Por suerte, me enteré de que la librería, la iglesia y otros edificios públicos, permanecían abiertos durante la noche para que, en caso de ataques de osos, la gente se pudiera refugiar. ¡Ya tenía solucionado el alojamiento gratis! Un día dormí sobre un mullido sofá en la biblioteca, con té y galletas; otro en la iglesia protestante, donde para agradecer la hospitalidad compré un cirio. Y la tercera noche me tumbé sobre unos cartones en el centro cultural, dentro de mi saco de dormir. El único inconveniente era que en esos sitios no había cortinas para evitar la luz, y era difícil pegar ojo pues en mayo había luz solar las 24 horas del día. Longyearbyen se ve en un par de horas, y mi billete de regreso a Oslo lo tenía para tres días más tarde ¿Cómo emplear provechosamente esos tres días? A casi ningún sitio te dejaban ir solo; se necesitaba un guía armado con un rifle. Y no había servicio de autobuses a ningún sitio, pues la isla está habitada por menos de 3.000 personas, concentradas casi todas en Longyearbyen.

Me resigné a comprar algún tour por los alrededores, pues no me iba a quedar los tres días aburrido en Longyearbyen. Una de las excursiones que proponían me interesó: visitar en moto-nieve la población rusa de Barentsburg, donde vivían unos 1.000 rusos que trabajaban extrayendo carbón en las minas. Y la compré, pues aunque cara, gracias a mis ahorros en alojamiento me lo pude permitir. A la mañana siguiente salimos unas diez personas, nueve noruegos y un español, conducidos por un guía armado con un rifle y una pistola lanza-bengalas. Tras unas 3 horas de maravilloso paisaje, con montañas y valles nevados donde hacíamos paradas para disfrutarlos, arribamos a Barentsburg, donde vimos a los mineros rusos (y sobre todo ucranianos) descansando, pues ese día era domingo. Había muy pocas mujeres, por lo que los hombres rusos se las rifaban. Todo estaba escrito en alfabeto cirílico. Entramos en un comedor comunal donde no se pagaba dinero; todo estaba incluido para los obreros. Visitamos una iglesia ortodoxa y luego una tienda donde vendían pins de Lenin, medallas con signos comunistas, gorros rusos, muñecas matrioshkas y botellas de vodka. Tras unas tres horas de estancia donde uno era libre de visitar las instalaciones rusas, regresamos a Longyearbyen con paradas en los lugares más hermosos por el camino para disfrutar de la naturaleza.

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67 – Nueva Zelanda (3 patrimonios y 8 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE TONGARIRO

Nueva Zelanda cuenta con sólo tres Patrimonios Mundiales: “Te Wahipounamu, zona sudoeste de Nueva Zelanda”, “Islas Subantárticas de Nueva Zelanda”, más el Parque Nacional de Tongariro.

Hasta ese entonces sólo había estado en el primer patrimonio, en el año 1983. Me faltaba conocer las islas subantárticas deshabitadas (Antípodas, Bounty, Campbell, etc.), adonde nunca iré por lo caro del precio del crucero para llegar a ellas. Ahora, con Tongariro, sumaría un patrimonio más en mi haber en Nueva Zelanda.

Tras cruzar un riachuelo por un puente me hallé a la entrada del parque nacional. Hubiera deseado realizar senderismo hasta el cráter del volcán más cercano de los tres que alberga el parque, el Ruapehu, a unos 20 kilómetros de distancia; pero tras los consejos de las mujeres de la oficina turística ya sabía que no podría llevar a cabo mi plan. Había llegado en otoño, cuando ya nadie realiza ese trekking, y los turistas que viajaban a Ohakune durante el mes de mayo lo hacían para practicar deportes de esquí. Ruapehu, con casi 2.800 metros de altura, constituye el pico más alto de la isla Norte de Nueva Zelanda.

No obstante, emprendí la marcha hacia la cima. Iba controlando el tiempo para poder regresar a Ohakune con luz solar. El sendero estaba muy bien señalizado con carteles que te explicaban las características de las plantas y los árboles del frondoso bosque. Caminé durante unas 3 horas hasta que estuve en las faldas del volcán, y entonces retrocedí. Por la mañana realicé una caminata diferente siguiendo un sendero circular donde se atravesaba denso follaje.

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68 – Pakistán (6 patrimonios y 26 candidatos)

 

RUINAS ARQUEOLÓGICAS DE MOHENJO-DARO

Mohenjo Daro fue el primer sitio UNESCO de los seis que visitaría en Pakistán. Llegué a él en tren, desde Karachi, tras un largo viaje de 20 horas de duración a lo largo de zonas desérticas y desoladas. Atravesaba poblados y sólo notaba gente deambulando sin objetivo por las calles buscando algo que llevarse a la boca; los perros y los burros estaban esqueléticos, e incluso las vacas que vi, tan delgadas estaban que en vez de dar leche daban lástima.

Al entrar en el recinto de Mohenjo-Daro, nombre que significa en la lengua sindhi Montículo de los Hombres Muertos, me extrañó el abandono del lugar; nadie me controló, no pagué ninguna entrada (fue en el año 1988), no había guardianes; me dio la impresión de que cualquier desalmado podría entrar allí y robar alguna piedra antigua u objeto valioso.

Había unos pocos letreros escritos en pastún e inglés, donde se indicaba que Mohenjo Daro tienen una antigüedad de 2.500 años, pero todo el complejo estaba muy abandonado, casi derruido, las paredes daban la impresión que se derrumbarían en cualquier momento; no era ese sitio muy atractivo para un visitante a menos que fuera arqueólogo, lo que no era mi caso, por ello poca atención presté a la mayoría de las piedras y paredes, con la única excepción de una estupa budista en lo alto de un pequeño promontorio. Y es que hace 2.500 años el Budismo era la religión reinante en todo el subcontinente indio, desde Afganistán a Indochina, incluyendo el Valle del Indo con la civilización que se desarrolló alrededor de Harappa (más al norte de Mohenjo Daro, adonde no iría), por ello el gran viajero chino y monje budista Xuanzang visitaría Mohenjo Daro el siglo VII de Nuestra Era durante su larguísimo viaje a la búsqueda de conocimientos budistas.

Tras el avance del Islam en el sur de Asia, allá donde se impuso se destruyó con saña y sin piedad todo vestigio del Budismo. Un pequeño museo a la entrada al sitio mostraba figuras de bronce y de piedra rescatadas de Mohenjo Daro, salvándolas de los saqueos de los ladrones de antigüedades.

Pasé unas 3 horas correteando por las ruinas de Mohenjo Daro y su museo, y a continuación abordé otro tren con destino al norte, luego me serví de autobuses, y finalmente caminé varias horas, para quedarme varios días a convivir con las coloridas tribus de los Kalash, cerca de la legendaria Chitral, en la frontera con Afganistán.

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69 – Palestina (3 patrimonios y 13 candidatos)

 

CIUDAD VIEJA DE HEBRÓN / AL KHALIL

En el año 1984 viajé por primera vez a Israel para conocer los lugares bíblicos y, siendo Hebrón una ciudad sagrada tanto para judíos, como musulmanes y cristianos, no podía dejar de visitarla.

Tenía días libres de mi trabajo de jardinero en un kibutz y me había alojado en un albergue encantador dentro de la parte amurallada de Jerusalén, cerca deL Damascus Gate. Cada día realizaba una excursión de ida y vuelta a algún lugar sagrado de los alrededores, como Belén, Jericó, Mar Muerto, diversos monasterios griegos ortodoxos, etc.

Una buena mañana me dirigí a la estación de autobuses y en menos de una hora alcancé la histórica ciudad de Hebrón, que los árabes conocen por Al Khalil. Aunque me paseé por el casco histórico, que encontré muy sugestivo y parecido al centro de Jerusalén por sus callejones angostos, mi objetivo primordial era el edificio milenario llamado Tumba de los Patriarcas, o Cueva de Machpelah por los judíos, y mezquita de Abraham (o Ibrahim) por los musulmanes.

Hebrón representa para los israelitas el segundo lugar más sagrado de su religión (tras el Templo de Jerusalén), mientras que para los musulmanes Hebrón es la cuarta ciudad más querida (tras Meca, Medina y Jerusalén).

Adentro, en los subterráneos, vi las tres tumbas dobles conteniendo los cadáveres de Abraham con su esposa Sara, Isaac con Rebeca, y Jacob con Lea. Noté indiferencia y frialdad en la relación entre los judíos y los musulmanes, tanto en los controles de los soldados israelíes como entre los fieles de las dos religiones. Pero al notarme extranjero y, además español, nacionalidad que tanto unos como otros adoran, me sonreían y me daban las gracias por visitar ese lugar sacro. Algunos judíos hasta me saludaban en español, lengua que dominaban, fuera por descender de sefaradíes, o por haber nacido en Argentina y ser hijos de emigrantes judíos rusos. El exterior del monumento era austero, pero el interior te ponía los pelos como escarpias. A media tarde, tras comerme en la parte musulmana de Hebrón un plato de humus más un falafel, y de postre un pastelillo moro llamado kanafeh, a base de cabello de ángel, miel y requesón, más un té aromático, regresé complacido a mi hostal de Jerusalén.

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70 – Panamá (5 patrimonios y 2 candidatos)

 

SITIO ARQUEOLÓGICO DE PANAMÁ VIEJO Y DISTRITO HISTÓRICO DE PANAMÁ

Panamá fue la primera ciudad construida en la costa pacífica americana, pero fue arrasada por el criminal Morgan, un repugnante pirata inglés que hoy sería considerado un terrorista, perseguido por la comunidad internacional y ahorcado sin piedad al ser capturado.

El casco antiguo del actual emplazamiento de Panamá (a pocos kilómetros del anterior) es merecedor de una visita de, al menos, un par de días. Yo ya conocía esa ciudad, además de Portobelo, de un viaje anterior en el año 1984 (aunque en aquellos tiempos carecía de cámara fotográfica), por lo que esta segunda vez me alojé sólo dos noches en Panamá, en una pensión a apenas dos “cuadras” (manzanas) de la Catedral Metropolitana.

En esa zona me sentía en un pueblo extremeño o andaluz, y sus gentes eran de lo más afable conmigo cuando les decía que era español.

Mientras organizaba mi incursión en las Islas de San Blas y la Jungla del Darién, tuve oportunidad de revisitar los lugares más remarcables e históricos del denominado Casco Antiguo de Panamá, sus iglesias principales y antiguos palacios erigidos por los españoles.

Una visita que no está contemplada por UNESCO en la ciudad de Panamá pero no por eso dejé de realizar, fue el templo Bahai, que durante mi primer viaje aún no estaba construido. Quedaba a unos 10 kilómetros de la ciudad de Panamá. Llegar a él fue fácil y la hospitalidad de sus feligreses fue ejemplar. Pasé toda una mañana allí disfrutando de las bellas vistas de la ciudad de Panamá a lo lejos.

Al tercer día me marché en un vehículo todo-terreno, junto a un grupo de indios Kuna, a la costa atlántica para visitar en lanchas las Islas de San Blas.

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71 – Paraguay (1 patrimonio y 4 candidatos)

 

MISIONES JESUÍTICAS DE SANTÍSIMA TRINIDAD DEL PARANÁ Y JESÚS DE TAVARANGÜÉ

El día anterior había visitado la misión jesuítica de San Ignacio Miní, en la provincia argentina de Misiones. Al trato poco cordial de sus porteros se añadió lo exagerado del precio de entrada, y me sentí timado (existen allí diferentes tarifas según las nacionalidades, y la mía, la española, era la más cara, carísima para unas ruinas en estado lamentable, y más teniendo en cuenta que tanto la población de San Ignacio como las misiones jesuíticas habían sido erigidas por los españoles).

Pero en Paraguay me vendieron por el equivalente a sólo 4 euros tres billetes para visitar las misiones de La Santísima Trinidad del Paraná, la de Jesús de Tavarangüe, y finalmente la de San Cosme y San Damián. Es decir, me salió el precio de misión a 1.33 euros, o unas 15 veces más barata que la de San Ignacio Miní.

En un largo día, desde la ciudad paraguaya de Encarnación, me dio tiempo a visitar, en diversos autobuses, en autostop, en moto y a pie, las tres misiones jesuíticas, a cual más interesante y fascinante, en mejor estado que la argentina de San Ignacio Miní, con excelentes folletos explicativos que me regalaron (cosa que no me dieron en la misión argentina). Además, en la primera las porteras me invitaron a desayunar en el excelente museo de la misión, en la segunda una joven guía se ofreció para explicarme el lugar durante más de una hora señalándome los elementos mudéjar de la arquitectura y el simbolismo de sus relieves. Y en la tercera tuve tres guías, uno sobre la misión en general, otro sobre las maravillosas tallas de madera de la iglesia, y el tercero fue un profesor en astronomía que me mostró el reloj de sol de la misión y me dio clases magistrales de su ciencia una noche estrellada en su observatorio astronómico dentro de la misión, pues su fundador, el sacerdote jesuita Buenaventura Suárez (descendiente de Juan de Garay, el fundador de las ciudades de Santa Fe y, por segunda vez, de Buenos Aires), fue un experto astrónomo, el primero del Hemisferio Sur.

Los conocimientos, tanto arquitectónicos como históricos que me fueron transmitidos ese largo día por los empleados paraguayos de esas tres misiones (de las treinta que hoy existen repartidas entre Paraguay, Argentina y Brasil), fueron de un valor incalculable. Aprendí sobre los siniestros paulistas, o bandeirantes, los criminales esclavistas portugueses (con ayuda de indios locales) que desde Brasil se internaban en Paraguay a capturar indios guaraníes para esclavizarlos y venderlos, sobre la expulsión de los Jesuitas por Carlos III, sobre los estudios que realizaban los guaraníes en las treinta misiones jesuíticas, entre ellos música, astronomía y tres lenguas (guaraní, español y latín).

Ya me hubiera gustado a mí ser educado en mi infancia como un indio guaraní de aquellos tiempos, y no como se estudia hoy en España, robando el alma a los niños por una educación dirigida por comisarios políticos, que tratan de adoctrinarte, y aún es peor en algunas regiones periféricas de nuestro país.

No tuve tiempo de regresar ese día a Encarnación, por lo que pasé la noche en una posada de San Cosme y Damián, junto al observatorio astronómico, cenando una deliciosa sopa de pescado al estilo paraguayo. Dormí feliz, como un lirón, por el rico día en conocimientos e impresiones dichosas que acaba de vivir. Por la mañana me marché a seguir viajando a otra parte.

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72 – Perú (12 patrimonios y 7 candidatos)

 

CENTRO HISTÓRICO DE LIMA

Varias veces he visitado Lima en el pasado, quedándome a dormir en casas de amigos. No poseo fotos de esos tiempos. Pero sí unas pocas de mi último viaje, acaecido el año 2006, cuando debía tomar un buque llamado Maxim Gorkiy, que me llevaría la isla de Pitcairn (la de los amotinados del Bounty), el cual durante dos días atracó en el puerto peruano de El Callao.

Cada mañana, tras el desayuno, me dirigía en autobús al centro histórico de Lima para revisitar y rememorar mis viajes del pasado a la llamada en tiempos de la colonia “Ciudad de los Reyes”, la joya de la Corona Española.

Esos días había toque de queda en Lima; todos los edificios oficiales estaban protegidos por tanques y soldados armados hasta los dientes. Era un gozo recorrer los edificios coloniales de la Plaza Mayor. Admiré de nuevo el Palacio del Gobierno, el Palacio de Justicia, el Palacio Municipal con sus bellísimos balcones de influencia rococó, la Catedral, la Basílica y Convento de San Francisco de Lima (que contempla UNESCO en su Patrimonio), más la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Carlos. Esta universidad de Lima está en lid con la de Santo Tomás de Aquino (en Santo Domingo, República Dominicana) por el honor de ser la Universidad más antigua de América. Últimamente se ha añadido a la disputa de este título la Universidad de México

Durante el tiempo de la colonia, España construyó 26 universidades en América, basadas en las de Salamanca y Alcalá de Henares (además de innumerables colegios). Ni franceses en Quebec, holandeses, daneses y suecos en las Antillas, rusos en Alaska, o portugueses en Brasil, fundaron ninguna universidad en todos los años que colonizaron tierras americanas.

La primera universidad que establecieron los ingleses en América fue en Pensilvania, en 1740, pero sólo para los “blancos” o emigrantes de Europa. Mientras que las 26 universidades españolas eran para todos los españoles, es decir, los nacidos en España, los criollos, y también para los propios indígenas, o nativos naturales de América, pues también eran ciudadanos españoles.

Antes de regresar al barco comía en un restaurante limeño que conocía del pasado: La Buena Muerte. Allí solía ordenar un cebiche de uñas de cangrejo, o bien un cuy, es decir, un conejillo de indias, y siempre regado por una buena jarra de pisco.

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73 – Polonia (15 patrimonios y 5 candidatos)

 

AUSCHWITZ BIRKENAU CAMPO NAZI DE CONCENTRACIÓN Y EXTERMINIO (1940-1945)

Hace unos años, encontrándome en Múnich, un amigo alemán propuso llevarme en su coche al antiguo campo de concentración nazi de Dachau, a apenas unos pocos kilómetros de distancia. Instintivamente me salió una respuesta negativa, y no fuimos. La misma respuesta le di a un amigo de mi barrio, que me quería mostrar la ubicación de las infames checas soviéticas de San Elías, en Barcelona, donde se practicaba la cremación de los allí detenidos, tras torturarlos, sobre todo con curas y monjas, antes y durante la Guerra Civil Española (1936 – 1939), adelantándose a los nazis de Alemania.

Sin embargo, poco después viajé a Hiroshima y aunque me entraron ganas de llorar cuando entré en el Parque del Memorial de la Paz, no lamenté la visita. Al contrario, me ayudó a conocer mejor la naturaleza humana. Antes de ir a Hiroshima me cuestionaba el por qué el ser humano había caído tan bajo como para lanzar sobre sus semejantes bombas de tal capacidad letal. Pero al salir de ese parque comprendí que estaba equivocado; la humanidad no había caído muy bajo, sino que la realidad era que nunca había estado tan alta como yo creía.

Por ello, recientemente, al cruzar desde Ucrania a Polonia, no me importó detenerme medio día en Auschwitz y Birkenau de camino hacia mi pueblo Hospitalet de Llobregat.

La entrada era gratuita. Me dieron folletos en español con explicaciones sobre las instalaciones.

La frase de ARBEIT MACHT FREI que observé a la entrada al campo me recordó a la de SLAVA TRUDU (Gloria al Trabajo), en las ciudades de la desaparecida URSS.

Medio día fue un tiempo suficiente para visitar ambos lugares. Entre Auschwitz y Birkenau caminé los 3 kilómetros de distancia. No me dejé nada por ver, ni siquiera los barracones de los gitanos, a pesar de que varias veces estuve a punto de llorar.

A media tarde proseguí el viaje hacia mi pueblo Hospitalet de Llobregat, en España.

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74 – Portugal (15 patrimonios y 21 candidatos)

 

CENTRO HISTÓRICO DE OPORTO

Hace unos años emprendí a pie el peregrinaje del Camino de Santiago Portugués desde la bella población de Oporto.

Iba junto a unos amigos españoles. Volamos por un pequeño puñado de euros desde Barcelona a Oporto, de allí abordamos un tren al centro y encontramos alojamiento cerca de la Torre de los Clérigos, precisamente en la zona que UNESCO considera Patrimonio Mundial.

La credencial del peregrino nos fue sellada en la oficina de Turismo en la explanada de la catedral, que a continuación visitamos, al igual que hicimos con otras iglesias notables junto al Bairro da Ribeira, zona que nos agradó sobremanera por sus intrincados callejones estrechos.

Como yo ya conocía Oporto de un viaje anterior, fui el cicerone de mis compañeros peregrinos. Les conduje a visitar la Bolsa, cuyos interiores recuerdan la Alhambra de Granada, a ver la extraordinaria Iglesia de San Francisco con su interior donde se utilizaron 300 kilos de oro. Luego paseamos por las orillas del Río Duero, que los portugueses conocen como Douro. Cruzamos por el puente de Dom Luis I al otro lado de la villa, a Gaia, y allí entramos en una bodega que nos sirvió delicioso vino de Oporto.

Les había contado a mis amigos que a los habitantes de Oporto se les conoce por Tripeiros, debido a una expedición a la conquista de Ceuta a los moros que zarpó de esa ciudad a inicios del siglo XV, y fue capitaneada por Enrique el Navegante, quien se llevó en sus barcos toda la carne de la ciudad, con lo que sólo quedaron las tripas. Los ingeniosos nativos aprendieron a cocinar de manera muy sabrosa las tripas restantes, o callos como se conocen en España, por ello nuestro almuerzo consistió en ese plato, acompañado por una botella de vino verde bien fresca. Tras ello les llevé a tomar un café de postre a una cafetería de la Belle Époque, como es Café Majestic, no muy lejos del Bairro da Ribeira.

Por la noche disfrutamos de un espectáculo de fado junto al Duero, en un edificio histórico y entrañable que había sido en el pasado un Consulado inglés.

Había sido un día perfecto. Y por la mañana emprendimos nuestro peregrinaje a pie hacia Santiago siguiendo las flechas amarillas. Ese día llegaríamos hasta São Pedro de Rates.

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75 – Reino Unido (31 patrimonios y 11 candidatos)

 

CATEDRAL, ABADÍA DE SAN AGUSTÍN E IGLESIA DE SAN MARTÍN EN CANTERBURY

He de reconocer que más que visitar otro sitio UNESCO, mi intención al viajar a Canterbury fue iniciar el peregrinaje de la Vía Francígena. Ello no quitó el que visitara todos los lugares inscritos como Patrimonio de la Humanidad, tanto la catedral, como la abadía de San Agustín y la iglesia de San Martín, además de otros lugares no contemplados por UNESCO que alberga la fascinante ciudad de Canterbury.

El primer día de la Vía Francígena no me fue fácil. Son sólo 31 kilómetros, pero hay que hacerlos de un tirón, hasta Dover, ya que no hay donde pernoctar durante el camino.

Iba siguiendo la ruta de Sigerico el Serio, el arzobispo de Canterbury que a finales del siglo X emprendió a pie el peregrinaje a Roma, lo que le tomó 80 días con etapas de 20 kilómetros, o un total de unos 1.800 kilómetros.

Era enero del 2016, invierno. Como no existen albergues de peregrinos en Canterbury había dormido sobre un cartón bajo un cajero automático callejero, y no me mojé sino que dormí plácidamente, pues el sonido de la lluvia me sirvió de nana.

A las 9 de la mañana abrieron la catedral de Canterbury a través de un portal majestuoso. Asistí a la misa anglicana y recibí la bendición del peregrino. Tras ello me dirigí a la catedral católica, a pocos pasos de la anglicana, y también solicité la bendición del párroco católico, por si acaso, pues más vale que sobren bendiciones que no que falten.

En ambas catedrales sellaron mi Credencial del Peregrino.

A la salida de Canterbury me detuve en una cafetería para tomarme un buen desayuno inglés, ya que pensé que hasta la noche no volvería a comer (de hecho me equivoqué pues por los huertos del camino recogería rábanos, riquísimos, que me comería mientras caminaba).

A la salida de Canterbury visité por unos minutos la iglesia de San Martín, la más antigua de Inglaterra, incluida, junto a la catedral, en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y tras ello seguí el camino hasta un poblado llamado Patrixbourne, antes de internarme por el follaje por más de 20 kilómetros. Había tanto barro campo a través que cada poco rato debía hacer un alto para limpiar mis mocasines. Ello aminoró mi marcha.

Me perdí dos veces. La Vía Francígena no está tan bien organizada ni señalizada como el Camino de Santiago. Una vez oí disparos de escopetas, eran cazadores matando pájaros; había entrado en un coto de caza sin darme cuenta. Y otra entré en la autopista y la Policía me detuvo y me depositó de nuevo en el camino.

Así y todo logré alcanzar Dover poco antes del anochecer, cansado por tantas paradas para limpiarme el barro. Una vez en esa ciudad costera caminé hasta el puerto y pocas horas más tarde crucé al Canal de la Mancha.

En Calais, ya en Francia, el peregrinaje se haría más benigno, pero no lo concluiría hasta Roma sino que varias etapas más adelante lo interrumpiría y regresaría a Hospitalet de Llobregat, en mi querida España, para proseguir la Vía Francígena más adelante.

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76 – República Checa (12 patrimonios y 19 candidatos)

 

CASTILLO DE LITOMYSL

En mi camino desde Bohemia a Moravia me detuve por medio día en la población de Litomyšl para visitar el famoso Palacio, que desde el año 1999 está incluido en la lista de UNESCO como Patrimonio Mundial. En la estación del tren pregunté a los indígenas por su ubicación, y una señora me acompañó por 10 minutos hasta donde se iniciaba un repecho que me llevaría a él. Más que un palacio el edificio central me pareció un castillo por estar amurallado, y de hecho, en la lengua checa se denomina zámek, que significa castillo, al igual que zamok en ruso (lengua hermana del checo), que también significa castillo. Aquello era un castillo renacentista del siglo XVI.

Había en ese complejo varios edificios juntos, todos de gran belleza. La entrada a la mayoría de ellos estaba abierta, excepto al palacio. En la oficina de turismo, sita en el complejo, me informaron de que el palacio sólo se abre al público en verano (era el mes de febrero). ¡Qué rabia! Me había desviado a Litomyšl especialmente por ese palacio. De haber sabido que estaba cerrado habría viajado en tren directamente a Brno. Una chica me dio folletos y por ellos supe que uno de mis compositores favoritos, Bed?ich Smetana, había nacido en ese castillo, por lo que en verano se ofrecen conciertos de sus obras en el interior de la denominada Smetana House.

Durante una hora y media entré donde encontré la puerta abierta para admirar el interior de los edificios. En algunos los nativos me dejaron husmear algunas salas, pero en otros me expulsaron de manera expeditiva, amonestándome en checo. Luego rodeé el palacio/castillo observando detenidamente su bella ornamentación exterior, hasta que finalmente me dirigí a pie a la plaza principal de Litomyšl, donde me detuve ante el ayuntamiento de origen gótico, tras ello admiré diversas casas barrocas y otros edificios que eran muy atractivos, como una iglesia amurallada. Cuando empezaba a oscurecer abordé un autobús a Brno, donde pernocté. A la mañana siguiente bien temprano me dirigí a pie a otro sitio UNESCO, la Villa Tugendhat, obra del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe.

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77 – Rumanía (8 patrimonios y 15 candidatos)

 

IGLESIAS DE MOLDAVIA

En Bacau abordé un autobús hacia un monasterio cuya descripción había leído en un blog de un viajero español nacido en Extremadura: Voronet, que era una de estas siete iglesias Patrimonio Mundial de UNESCO.

Se hallaba en el norte, a 5 kilómetros de la población de Gura Humorului, distancia ésta que recorrí parte a pie, hasta que hice autostop y un coche me llevó al monasterio. A la entrada distinguí en el muro el signo característico de la organización UNESCO. Piqué y me abrieron la puerta unas monjas vestidas de negro. En su interior vivían quince de ellas, que estaban a cargo de un pope. Pagué el importe del billete y entré al recinto.

Voronet consiste en un monasterio pequeño, tipo fortaleza. La arquitectura se asemejaba a la de Precista de Bacau (que había visitado el día anterior), pero el monasterio de Voronet era infinitamente más hermoso, sobre todo por los frescos, tanto exteriores como interiores. La iglesia central estaba dedicada a San Jorge. Entre los frescos destacaban los del Juicio Final, la Resurrección de los Muertos, las calderas de Gehena, escenas del Génesis, etc. Aquello era de una perfección sublime, por ello ha recibido el justo calificativo de la Capilla Sixtina de Oriente.

El color azul oscuro de los frescos resaltaba especialmente, y tan intenso era que a ese tono se le conoce por “azul Voronet”.

Todavía visité otros monasterios vecinos, bien fuera en autobús, en auto stop o caminando.

Una monja me había contado sobre un rey rumano llamado Stefan cel Mare, o Esteban el Grande, también conocido por el apelativo de El Santo (a su muerte fue canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rumana), que había ordenado construir casi todos los monasterio de Bucovina, entre ellos el de Voronet. Debido a su iniciativa, hoy Bucovina es un “archipiélago” de monasterios. Stefan cel Mare fue un príncipe de Moldavia del siglo XV que mantuvo a raya a los turcos otomanos, venciéndoles en casi todas las batallas en las que se enfrentó a ellos. En cada territorio nuevo que conquistaba erigía iglesias o monasterios, cuarenta y siete en total, pero, para proteger el Monasterio rumano de Koutloumoussiou, en el Monte Athos, pagaba tributo a los turcos. Era un monarca honesto, exento de soberbia, valiente pero clemente con los derrotados, equilibrado en el habla y amante de lo bello.

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78 – Rusia (28 patrimonios y 21 candidatos)

 

PARQUE NATURAL DE LOS PILARES DEL LENA

En Yakutsk debía esperar durante siete días el permiso militar para embarcarme por el Río Lena hasta la ciudad prohibida y militar de Tiksi, en el Océano Glacial Ártico, base de los famosos y bellísimos aviones Tupolev Tu-95, llamados Bear (Oso) por la OTAN.

¿Cómo emplear esos días de manera provechosa?

Fui al puerto fluvial y acabé comprando un tour de tres días con dos noches al Parque Natural de los Pilares del Lena. Aunque adquirí tercera clase en un camarote comunal con varias literas, una vez en el barco MEKHANIK KULIBIN los amables grumetes me instalaron en una suite individual.

Zarpó el barco a media tarde y los pasajeros se reunieron al poco rato en una sala con karaoke, donde se pusieron a cantar y a beber vodka sin coerción. No me extrañó esa actitud pues ya sabía sobre la afición a empinar el codo en Rusia…. ¡pero…! … ¡No había allí ni un solo ruso! todos los 50 pasajeros eran yakutos, sin excepción, incluidos el capitán y sus grumetes, a pesar de que los rusos constituyen aproximadamente un 50 por ciento de la población en la República de Sakha, o Yakutia.

-¡Qué raro! -pensé- ¿Por qué los rusos no se interesan en visitar los Pilares del Lena?

Entre ellos utilizaban el idioma yakuto, emparentado con el mongol y hasta con el turco. Pero al dirigirse a mí, por deferencia, usaban el ruso. Una de las canciones que cantaban repetidamente, con letra parecida a un villancico español, llevaba un estribillo que, traducido, decía así:

–… beben y beben y vuelven a beber, los yakutos en el río por ver al sol nacer… lalala… lalala…

Por la mañana atracamos en una orilla del río Lena. Desembarcamos y me uní a un pequeño grupo de yakutos muy jóvenes que deseaban escalar a un pilar para obtener una vista panorámica del entorno. Los yakutos mayores se dedicaron a colocar cintas de colores en los árboles y a regar con vodka una estatua de un gran tótem de piedra. Desde allí en lo alto de un pilar la vista era soberbia. En un par de ocasiones fuimos sobrevolados por dos aviones “Oso”. Estaba sobrecogido. Los jóvenes yakutos me contaron que el río Lena es el décimo más largo del mundo y que el presidiario, y posteriormente revolucionario, Vladimir Ilich Ulianov, tomó del nombre de ese río su apodo de Lenin.

Los indios que cruzaron el Estrecho de Bering para instalarse en América erigían también tótems como recordatorio de los de los Pilares del Lena, pues ése era un sitio religioso para ellos, y aún hoy.

Me quedé cerca de media hora con los jóvenes yakutos, hasta que decidimos bajar. Una vez en la orilla del río observé la presencia de dos nuevos yakutos. Eran chamanes y vestían de manera especial; él de inmaculado color blanco, y ella de verde botella. Comprendí entonces que aquello era un centro de ceremonias chamanes. Los chamanes prendieron fuego con unas astillas y leña (más algo de vodka) y comenzaron a danzar alrededor de la hoguera con los brazos extendidos y, dirigiéndose al gran tótem de piedra, gritaban:

–… ¡UUUUUUUHHHHHHH! … ¡UUUUUUUHHHHHHH!

Aquello duró más de una hora. La mujer del chamán se pasó todo el tiempo interpretando música por medio de un khomus, o un arpa de boca, y el chamán pintó con tiza negra de la hoguera la punta de la nariz y la frente de todos los yakutos participantes en el rito. Yo me sentía en un estado de estupor, asombrado a más no poder por todo cuanto estaba presenciando. Al acabar las danzas y los cantos guturales bebieron más vodka; me pareció que estaban todos mesmerizados.

A media tarde regresamos al barco y de nuevo todos se entregaron a beber vodka y a cantar:

–… pero mira cómo beben los yakutos en el río, pero mira cómo beben por ver al sol nacido… beben y beben y vuelven a beber, los yakutos en el río por ver al sol nacer… lalala… lalala…

A la mañana del tercer día alcanzamos Yakutsk y pocos días más tarde, cuando me concedieron el permiso militar, zarpé con destino Tiksi, en el Océano Glacial Ártico.

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79 – San Marino (1 patrimonio y 0 candidatos)

 

CENTRO HISTÓRICO DE SAN MARINO Y MONTE TITANO

Había estado ya en San Marino a finales del siglo XX, pero no me quedé allí a dormir, Abordé un autobús en Rimini por la mañana y a media tarde regresé a Rimini.

Pero años más tarde me inscribí en un club de viajeros virtual y gratuito de Dinamarca, y en él esa visita a San Marino no me contaba, pues era condición sine qua non pasar una noche en un país para considerarlo como visitado, o bien 24 horas seguidas.

Días atrás había pasado una noche en Liechtenstein por el mismo motivo, y días más adelante pasaría cuatro noches seguidas dentro de mi saco de dormir en la Piazza di San Pietro, en el Vaticano, por lo mismo.

Regresé a San Marino y esta segunda vez, sí que me quedé a dormir. Como allí la Policía no admiten vagabundos ni a nadie a dormir en la calle, localicé un hotelito a precios moderados (20 euros) e hice el sacrificio de pagarlos para cumplir la condición del club danés.

Como la primera vez, visité de nuevo los atractivos turísticos de San Marino, paseando por sus callejones y entrando en sus museos y otras construcciones notables cercanas a la Piazza della Libertà, como el Pallazo Pubblico y el Parlamento. Visité la Iglesia de San Francisco, la Basilica di San Marino, los jardines y fortalezas, y cuando estuve cansado me senté en un banco de madera y me comí varios helados riquísimos.

Tuve la tan buena fortuna que esa noche había un espectáculo en el Castello della Guaita y su entrada era gratuita, así que pude disfrutar de él y degustar como regalo vasitos de un licor local y bollos de nata.

Por la mañana regresé en autobús satisfecho a Rimini, y lo primero que hice fue buscar un internet café para apuntarme San Marino como “visitado”, como Dios manda, en el club danés.

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80 – Senegal (7 patrimonios y 8 candidatos)

 

ISLA DE SAINT-LOUIS

En Dakar gestioné mi visado para entrar en Mauritania. Al día siguiente me fue concedido, gratuitamente. Salí a las afueras de la ciudad y comencé el autostop. Al cabo de 10 horas llegué a Saint Louis, a sólo unos 250 kilómetros de distancia. Me desesperaba por las horas y horas que esperaba en la carretera y nadie paraba para llevarme, pero no tenía dinero para pagar un boleto de autobús. Saint Louis fue otro “almacén” de esclavos (el día anterior había visitado la isla de Gorée).

La situación geográfica de Saint Louis es original. Se halla en la desembocadura del río Senegal, y hay una isla en medio del río unida por un puente al continente. Esa isla es lo más interesante de la ciudad, pues en ella se hallan los edificios coloniales franceses. Saint Louis se considera el asentamiento francés más antiguo en toda África. Pero mucho antes que los franceses, los portugueses ya habían explorado toda la costa occidental africana. Lo primero que hice al llegar fue preguntar a los indígenas por el hospital central. Llegué ante él, pero no había allí ninguna placa explicando que había estado internado uno de mis héroes viajeros, el francés René Caillié, el primer europeo, no musulmán, en penetrar en la prohibida Tombuctú y salir vivo.

La ciudad es agradable, más tranquila que Dakar. Se la denomina la Venecia africana. Conserva muchas casas coloniales, la gente es amable y se ocupa de la pesca. Había una zona donde sólo se veían por centenares las coloridas barcas de pescadores que, al caer la noche, se internaban en el océano Atlántico para faenar. Busqué un alojamiento y por la mañana continué el autostop con más suerte, pues pronto una furgoneta me depositó en la frontera de Rosso, a unos 100 kilómetros de distancia, crucé el río Senegal en una gabarra y penetré en territorio mauritano.

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81 – Serbia (5 patrimonios y 11 candidatos)

 

MONASTERIO DE STUDENICA

Me hallaba siguiendo la Ruta Transrománica. De Pristina, la capital de Kosovo, crucé a Kosovo Norte, a la ciudad dividida de Kosovska Mitrovica, a la parte serbia tras la aprobación de los militares de las Naciones Unidas (me controlaron varios soldados italianos). Me hicieron preguntas sobre el propósito de mi viaje por Kosovo, pues de los 193 países de las Naciones Unidas, 108 reconocen la independencia de Kosovo, mientras los otros 85 no, y entre estos últimos se halla España junto a la inmensa mayoría de los países iberoamericanos (Brasil, México, Argentina, Chile, etc.).

Una vez cruzado el Río Ibar entré en la parte serbia de Kosovo. Hasta llegar a Serbia debí todavía viajar en autobús, cruzar la frontera, descender en Usce y finalmente caminar ascendiendo montañas unos 11 kilómetros, hasta el monasterio. Suerte que a la media hora paró un coche y su conductor me transportó hasta Studenica.

Desde Pristina me había tomado un día entero alcanzar ese Patrimonio Mundial que es, al mismo tiempo, uno de los monasterios de la Ruta Transrománica.

Además de Serbia, otros siete países europeos integran esa ruta, entre ellos España y Portugal. Los más de 1.300 monasterios y templos cristianos ortodoxos serbios localizados en Kosovo, debido al odio hacia los serbios por parte de los albano-kosovares, que son musulmanes, centenares de ellos han sido destruidos con saña, a pesar de estar en la lista de Patrimonios Mundiales de la UNESCO.

El monasterio de Studenica era más bien pequeño y estaba amurallado. Era bello, rodeado de naturaleza exuberante, y databa del siglo XII. Su emblema era una cruz y un ancla, que simboliza la esperanza en la resurrección. El monasterio lo moran ocho monjes. Al entrar vi a uno de ellos que estaba barriendo el monasterio. Le pregunté por los dormitorios de los peregrinos y me mandó al albergue, dentro del territorio amurallado, que cobraba 110 dinares (unos 10 euros) por una habitación individual con el desayuno incluido. En una pared de mi cuarto había un mapa mostrando los viajes de San Sava, un santo muy venerado en los Balcanes que peregrinó a Anatolia, a Egipto (al Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí), Tierra Santa, etc., y fundó, junto a su padre, el monasterio de Hilandar, en el Monte Athos. Los padres de San Sava habían sido precisamente los fundadores del monasterio de Studenica.

Acepté encantado el precio, dejé mi bolsa y salí a explorar el monasterio por dentro y fuera de sus murallas, con todas sus instalaciones y los frescos en la iglesia central y en el refectorio, o trapeza. El monje barrendero fue el encargado de mostrarme la iglesia, las tumbas de reyes (entre ellas el hermano de San Sava) y los mejores frescos, en especial el de la Crucifixión. Los del interior de la Trapeza también eran muy vistosos y su visión te transmitía paz interior.

Al día siguiente, tras participar en la misa y luego desayunar, reanudé mi peregrinaje a pie, en autostop y en autobuses a lo largo de la Ruta Transrománica. Y si el monasterio de Studenica me había gustado, el próximo adonde me dirigía, el monasterio femenino de Zeca, llamado el Rojo (que fue fundado por San Sava), me encantaría todavía más por ser el lugar de coronación de los reyes serbios, y su estancia en él me proporcionaría una gran satisfacción por su belleza y el trato exquisito que las lozanas monjas me dispensarían sin cesar.

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82 – Siria (6 patrimonios y 12 candidatos)

 

CRAC DE LOS CABALLEROS Y QAL’AT SALAH EL-DIN

En mi camino de regreso desde Damasco a Turquía me detuve por un día y una noche en el castillo de Crak de los Caballeros (Krak des Chevaliers), construido en la cima de una colina por los cruzados, cerca de la frontera con el Líbano.

El castillo hacía las veces de hostal a precios abordables. Me cobraron 5 dólares americanos por pasar allí la noche. Tenía a mi disposición dos cocineros, tres camareros más una moza de limpieza que me colmaron de zalamerías.

Hice amistad con Mahmoud, un joven de 19 años que estaba destinado en Beirut, pero durante sus días de permiso se desempeñaba de guardián del castillo para ganar un poco de dinero extra.

Tras la cena me retiré a dormir en un enorme y regio aposento, donde seguramente se alojaba el prior de la Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén en tiempos de los cruzados.

Me desperté al amanecer y no vi a nadie en el castillo, lo que me produjo una sensación extraña. Me asomé al exterior por un balcón de la Torre del Homenaje y sobre las 7 de la mañana divisé cómo llegaban el guardián con las llaves más los dos cocineros, los tres camareros y la moza de la limpieza para prepararme el desayuno ¡Me habían dejado solo en el castillo durante la noche!

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83 – Sri Lanka (8 patrimonios y 2 candidatos)

 

MESETAS CENTRALES DE SRI LANKA

El Pico de Adán, de 2.243 metros, es un lugar sagrado para las cuatro religiones principales de Sri Lanka y fue visitado por los grandes viajeros Ibn Battuta y Marco Polo. Hasta Sindbad el Marino lo llegó a conocer durante su sexto viaje. En la cima hay un templo con huellas de pisadas que los budistas atribuyen a Buda; los hindúes afirman que pertenecen a Shiva en una de sus correrías amorosas persiguiendo a unas bellas doncellas; los musulmanes aseguran que esas huellas son de Adán, encontrándose allí el Paraíso Terrenal. Los cristianos opinan que el apóstol santo Tomás hizo una visita a Sri Lanka en su viaje a la India.

Cuando me enteré de la historia del Pico de Adán y de los grandes viajeros que lo habían escalado en el pasado,  no dudé ni un segundo en desear, yo también, emularlos.

El sitio UNESCO de Mesetas Centrales de Sri Lanka abarca tres lugares: el Parque Nacional de las Llanuras de Horton, el Bosque de Conservación de Knuckles, y el área protegida del Pico Wilderness, que comprende también el Pico de Adán.

Los tres primeros meses del año son los más propicios para efectuar el peregrinaje, debiéndose hacer por la noche para evitar el gran calor.

Seríamos unos 20.000 peregrinos los que una noche lluviosa, peldaño a peldaño, iniciamos el largo ascenso hasta la cima. Cada 50 metros había puestos de refrescos, gorros y chubasqueros. Un té en el pueblo a las faldas de la montaña costaba 1 rupia, a 200 metros más arriba 2 rupias, a 500 metros 5 rupias, y en la cima 10 rupias.

Debido a la muchedumbre tardé 8 horas en llegar al pico, mojado y cansado, cuando lo normal son de 3 a 5, debido a que me eché una cabezada de un par de horas en un kiosco para reponer fuerzas. Pero me dio tiempo a llegar antes del amanecer para contemplar la proyección del sol sobre el horizonte, haciendo un triángulo.

Creo que los musulmanes están más cerca de la verdad sobre el origen de esas pisadas; si hubo un Paraíso Terrenal debió encontrarse en esos alrededores de increíble hermosura.

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84 – Suecia (15 patrimonios y 1 candidato)

 

CIUDAD HANSEÁTICA DE VISBY

Gracias a un amigo viajero sueco que me invitó a estar unos días con él en Estocolmo, viajé a la isla de Gotland en barco, quedándome en ella un día y una noche. Decía con orgullo de su capital Visby que era la Ávila sueca debido a sus murallas. Así pues tenía muchas expectaciones. El barco me dejó en el centro de Visby, a apenas 100 metros ya se entraba en la vieja Visby por una puerta de su muralla. Justo la oficina de turismo se hallaba allí cerca por lo que conseguí unos folletos en lengua española donde me indicaban los sitios a no perderme de esa ciudad. No tenía intención de visitar la isla entera, sino solo su capital, Visby, por ser Patrimonio Mundial. Dejé mi pequeña bolsa en un hostal que había sido una antigua prisión y me lancé al centro a descubrir los sitios que me sugerían los folletos.

Mi primera impresión no fue del todo positiva, las murallas estaban en su mayoría destruidas y la primera iglesia que visité (San Nicolás) estaba en ruinas. Aunque me dijeron que Visby era un antiguo asentamiento vikingo, no observé restos de ellos, todo había desaparecido. Visby estaba a años luz de parecerse a Ávila. Sin embargo, me gustó mucho, pues tenía encanto. Vi casas antiguas de mercaderes de estructura original y bodegas de cuando Visby era una ciudad hanseática. La iglesia principal se llamaba Visby Sankta Maria domkirka y su interior era bello y acogedor. Primero había sido una iglesia católica, hasta la aparición del protestantismo. Me gustó que en su interior hubiera una barca de piedra y un poema en sueco e inglés que se titulaba: Allow it to Travel, que era una alegoría al viaje de la iglesia hacia la eternidad y el cielo. Por todas partes que iba veía una estatua de piedra representando a un carnero, y luego advertí que el carnero aparece en el escudo de armas de la ciudad.

La ciudad se recorre en unas pocas horas, pues es pequeña, con apenas 25.000 habitantes, o una décima parte de los que tiene mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, en mi querida España. Había calles adornadas con flores y también vi los sitios donde se había filmado la serie infantil televisiva de Pipi Calzaslargas. Esos días había una competición en una plaza central (The Main Square, se llamaba en inglés) de cantos, duelos y juegos de las islas que habían pertenecido a Inglaterra, o eran posesiones inglesas en la actualidad, unas veinte, como Man, Santa Elena, Jersey, Malvinas (aunque los ingleses las conocen por otro nombre), e incluso Menorca. El espectáculo fue muy colorido y regalaban bocadillos de mortadela, de los cuales me agencié unos cuantos para mi cena. Todo había sido financiado por el gobierno inglés y cada año cambian de isla. Tal vez en el 2019 se celebrará en Menorca. La parte que más me gustó de mi larga visita fue la puerta Osterport por hallarse en mejores condiciones. Cuando empezaba a oscurecer me llevé los bocadillos de mortadela a mi prisión-hostal, pasé allí la noche y por la mañana abordé un ferry de regreso a Estocolmo.

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85 – Suiza (12 patrimonios y 2 candidatos)

 

FERROCARRIL RÉTICO EN EL PAISAJE DE LOS RÍOS ALBULA Y BERNINA

Una fría mañana del mes de febrero, en Saint Moritz, Suiza, compré un billete de tren a Tirano, en Italia. Pagué por él la equivalencia a 30 euros.

El trayecto duraría dos horas y media. Había más extranjeros en el tren, pero ellos habían pagado un extra para instalarse en un vagón con techo de cristal para poder hacer fotografías a las montañas. Yo viajé en el vagón de batalla. De hecho, apenas iban pasajeros en ese tren, y casi todos los que viajábamos en él éramos turistas.

Hubo muchas paradas pero la mayoría eran tan cortas, de apenas 10 segundos, que no podía descender por miedo a que se me escapara el tren, aunque a veces lo hacía y corría rápido de vuelta. El controlador, vestido con un anorak de color rojo, ya se había fijado en mi audacia y cuando me veía intentando bajar, me reñía y me pedía que me quedara dentro del vagón.

¡Qué rabia!

El paisaje era hermoso, las cumbres de las montañas estaban nevadas, como el macizo de la Bernina, que supera los 4.000 metros de altura, los pueblecitos que atravesábamos eran encantadores, así como los lagos, pero al no disponer de más tiempo en las paradas para saborear el entorno, me sentía moderadamente frustrado.

Había muchos letreros por el camino que te ilustraban de cada lugar, indicando la altitud. Por los altavoces anunciaban las paradas con comentarios turísticos en los idiomas alemán e inglés, mas al cruzar la frontera italiana los cambiaron por italiano e inglés. Cruzamos un acueducto e invadimos carreteras. Semáforos en rojo obligaban a los coches a parar en las aldeas para dar preferencia de paso al tren. Incluso había carreteras que eran compartidas simultáneamente por coches y las vías del tren.

Cuando avisté el Santuario della Madonna supe que ya estaba arribando a Tirano. Varios turistas extranjeros esperaban en esa población para realizar el mismo trayecto en tren, pero a la inversa.

Horas más tarde, tras visitar las atracciones turísticas de Tirano y comprar un cirio en el Santuario della Madonna, abordé otro tren, esta vez con destino Milano para visitar otro Patrimonio Mundial: la pintura de La Última Cena, de Leonardo da Vinci.

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86 – Tayikistán (2 patrimonios y 16 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL TAYIKO – CORDILLERA DEL PAMIR

Para visitar como Dios manda el Parque Nacional Tayiko, se precisa un vehículo todo terreno e ir en verano. Pero al viajar en febrero, con un frío por la noche en Murghab de 35 grados bajo cero, me conformé con acercarme al Lago Karakul desde el poblado del mismo nombre, donde permanecí una hora, antes de proseguir viaje hacia la frontera con Kirguistán. Ese lago forma parte del Parque Nacional Tayiko.

Sobre las 8 de la mañana abordé en Murghab un jeep junto a varios pasajeros tayikos y kirguises que se dirigían a la ciudad kirguisa de Osh. El chófer me vino a buscar a la casa donde estaba alojado. Los pamiríes son gente muy hospitalaria y no aceptaron dinero por haberme dado cobijo la noche anterior, con cena incluida. Durante muchos kilómetros la carretera iba paralela a la frontera con China. La teníamos a unos pocos metros. Cuando se hacían paradas para estirar las piernas, uno podía pasar al lado chino pues había muchos agujeros en las telas metálicas que separaban Tayikistán de China. Observé puestos militares abandonados; se trataba de puestos de vigilancia rusos de tiempos de la URSS. Un letrero en un collado llamado Baital, nos indicaba que habíamos alcanzado los 4.655 metros de altura.

Por el camino vimos varias cabras de la especie llamada Marco Polo. Y es que por esas tierras pasó el viajero veneciano, además del monje chino Xuan Zhan, que bautizó ese lago como del Dragón. Llegamos a la aldea de Karakol y el chófer nos dijo que tendríamos una hora libre, tiempo que aproveché para visitar la mezquita y el lago Karakol, que estaba helado. Un letrero en tayiko explicaba las características de ese lago. Menos mal que, en atención a los extranjeros que no entienden el tajiko, el alcalde había traducido en dos idiomas más los datos de ese lago: el chino y el ruso. Fue gracias a ello que leí que el diámetro de ese lago (que es salado) es de unos 25 kilómetros y se halla a unos 3.900 metros de altitud, superando en altura al lago Titicaca, entre Perú y Bolivia. Al caer la tarde arribamos al puesto fronterizo de Kizil-Art y penetré en territorio kirguís.

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87 – Tonga (0 patrimonios y 2 candidatos)

 

ANTIGUAS CAPITALES DEL REINO DE TONGA

Una de las grandes construcciones arqueológicas más impactantes de Oceanía es el Trilito de Ha’amonga’a Mau’i, en el Reino de Tonga.

Había estado en ese país unos días en el año 1991, durmiendo debajo de él.

En aquellos tiempos los vecinos me trajeron un colchón y fruta para cenar.

Gracias a mi lavalava (una especie de faldón polinesio) que usé a manera de soga, trepé a lo alto del Trilito para observar sus señales que marcaban los puntos cardinales y eran útiles para la navegación, pues los polinesios han sido grandes navegantes.

Pero en un viaje posterior casi dos décadas y media más tarde a Tonga, cuando invertí varios días en volar a las islas de Vavau para aprender más sobre el descubrimiento para el mundo occidental de ese archipiélago por el navegante gallego Francisco Antonio Mourelle de la Rúa, al regreso en Tongatapu resolví visitar de nuevo el trilito. Esta vez todo el complejo estaba cercado con vallas. Tuve que hacer un gran rodeo penetrando en el mar y abriéndome paso entre la maleza para alcanzar ese trilito, lleno de arañazos. Al rato una nativa que abrió las rejas y trató varias veces de venderme collares y reproducciones del gran trilito.

En este segundo viaje no me quedé a dormir bajo el trilito, algo que estaba prohibido.

Había letreros explicando en inglés la historia del lugar. Además, noté la presencia de una gran piedra que no recuerdo haber visto durante mi primer viaje. Se llamaba Maka Faakinanga, aunque era menos atractiva que el trilitón.

En mi viaje en autobús de regreso a Nukualofa, la capital del país, observé las tumbas de Lapaha a través de las ventanas del autobús, pero no las consideré lo suficiente atractivas como para bajarme a explorarlas.

Celebré ese día bebiéndome en una cantina de Nukualofa una cerveza de marca Ha’amonga’a Mau’i.

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88 – Túnez (8 patrimonios y 13 candidatos)

 

KAIROUAN

Llegué a Kairouan en autostop, desde Tozeur. Mi mayor interés en esa ciudad, aparte de recorrer su zoco, era visitar la famosa Grande Mosquée, o de Oqba bin Nafi, quien la fundó en el siglo VII. Unos tunecinos que me recogieron en autostop me habían asegurado que es la cuarta mezquita más sagrada para los sunitas.

A pesar de que se notaba que no era musulmán, me dejaron entrar en ella, cosa que aproveché para lavarme pues tras recorrer el desierto y dormir en las dunas me hacía falta. Y no sólo eso, sino que tras visitar el enorme patio y el alminar, el muecín me permitió subirme a los muros y a los tejados y corretear por ellos.

Yo disfrutaba como un niño. La vista de la ciudad desde esos tejados era espectacular. Antes de viajar a Túnez ya había planeado conocer esa mezquita, así como las ruinas de Cartago y la ciudad “troglodita” de los bereberes de Matmata, por ello al cumplir los tres principales objetivos viajeros en ese país me sentí satisfecho.

Estaba oscureciendo y como el muecín había sido tan benevolente conmigo, le pregunté si podría quedarme allí a dormir, sobre las alfombras. Y él me aceptó. Hacia las 9 de la noche el muecín preparó té y me invitó. Yo entonces saqué de mi pequeña bolsa de viaje todos los dátiles que había ido recogiendo trepando a las palmeras de los oasis de Tozeur y Nefta, y los coloqué en la alfombra para que él también se sirviera. Tras ello ambos nos preparamos para dormir. El muecín disponía de un cuarto, mientras que yo desplegué mi saco de dormir bajo el gran minarete.

Me despertó de madrugada para la primera oración, y mientras él se subió a lo alto del minarete para llamar a la oración a los fieles, yo preparé esta vez el té y volví a ofrecerle dátiles al muecín, como desayuno, y él lo complementó con unas tortas.

Tras la primera oración seguí descubriendo otros lugares atractivos de la ciudad, como la Mezquita de las Tres Puertas. Y hacia el mediodía proseguí viajando en autostop en dirección a Argelia.

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89 – Turkmenistán (3 patrimonios y 8 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL HISTÓRICO Y CULTURAL DE LA ANTIGUA MERV

En Bakú (Azerbaiyán) abordé un barco a través del Mar Caspio que a la mañana siguiente me depositó en la antigua ciudad de Krasnovods, hoy conocida como Turkmenbashi (Turkmenistán). Era el año 1996. En Emigración me concedieron sólo 3 días de tránsito. Tenía que correr. Mi siguiente destino era Uzbekistán, para donde tenía un visado de un mes. Apenas me dio tiempo de pasar ese día en Krasnovodsk, donde pasé el resto del día, hasta que por la noche viajé en tren a la capital del país, Ashgabat (o Asjabad, como se escribe en español), una ciudad que sorprende por lo moderna, pero carece de un casco histórico, ya que fue destruido por un terremoto. Ahora me quedaba un día más para conocer algún otro sitio interesante entre Asgabad y Chardzhou, en la frontera con Uzbekistán, si no quería ser multado por exceder el tiempo de mi visado.

Pero por el camino me detuve en Mary, pues deseaba visitar un sitio UNESCO relacionado con la Ruta de la Seda, la antigua Merv, erigida sobre un oasis. Una vez en Mary unos taxistas se me ofrecieron para conocer en unas 3 horas las ruinas más sobresalientes de Merv. Y aunque soy reacio a utilizar los servicios de un taxi, esta vez accedí, pues no había otro modo de conocer esos vestigios milenarios. Además, el taxista me pidió un precio de risa que de inmediato acepté. Mi chófer fui muy amable, se excedió en el tiempo contratado, pero lo hizo como un regalo, ya que al decirle que era español se alegró. Le pregunté por el antiguo observatorio astronómico de Omar Jayam, pero él ignoraba su existencia. Me paró en unos cuatro sitios, además de donde le pedía sobre la marcha. Uno de ellos fue el famoso arco Qyz Kala. También nos detuvimos ante un mausoleo.

Poco más vi de la antigua Merv, ciudad que en sus mejores tiempos sobrepasó en población a Constantinopla, hasta que fue arrasada por los mongoles y prácticamente todos sus habitantes, sobre un millón, fueron asesinados, matanza que está considerada como una de las más atroces en la historia de la Humanidad. Acabada la excursión el taxista me depositó en la estación de trenes de Mary, donde cogí el primero que salía hacia Chardzhou, y una vez allí crucé el río Amu Daria para penetrar en territorio uzbeko. Esos tres intensos días habían pasado muy rápido.

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90 – Turquía (18 patrimonios y 71 candidatos)

 

SITIO ARQUEOLÓGICO DE ANI

Muy pocos turistas se aventuran a visitar Ani por lo remoto del lugar, y menos en los años cuando aún existía la URSS, como fue mi caso (viajé a Ani en 1988).

Viajé allí porque me lo recomendó un barbero callejero en la Capadocia. Una vez que llegué en autobús a Kars, en el extremo oriental de Turquía, hube de esperar varios días en un hotel para recibir tres permisos para poder visitar Ani. El primero de parte de la Oficina de Turismo, el segundo de la Policía de Seguridad, y el tercero de la Comandancia Militar. Declaré que era arqueólogo.

Mientras tanto me entretenía conociendo Kars, una ciudad dos veces milenaria que posee un histórico castillo, una ciudadela, antiguas iglesias armenias y numerosas mezquitas.

Antes de desplazarme a Ani hube de firmar un documento donde me comprometía a no hacer fotos (no llevaba cámara, por ello las fotos que poseo de Ani son de amigos que las tomaron en años posteriores), no hacer señales ni saltar entre las ruinas, no comer, y sobre todo no mirar hacia Armenia, pues los soldados rusos podrían dispararme. Y, por si eso fuera poco, me confiscaron el pasaporte hasta mi regreso a Kars.

Ani, o también Ani Harabeleri, fue en el pasado la capital de Armenia y en sus tiempos esplendorosos llegó a albergar mil y una iglesias. Pero durante mi visita sólo vi ruinas y más ruinas. Tal vez las mejor conservadas eran las correspondientes a la catedral. Vi restos de murallas, de iglesias con frescos en su interior, de fortalezas, de antiguos caravanserais… Parecerá extraña mi afirmación, pero esa ciudad en ruinas me pareció bella.

A pocos metros se hallaba el río Arpachay, que los armenios conocen como Akhurian. Al otro lado del río se localizaba Armenia. Aunque yo no lo vi, enfrente debía haber un fuerte ruso y seguramente algún soldado desde una torre debería seguir mis pasos mediante unos prismáticos. (Muchos años después viajaría a Gyumri, en Armenia, donde permanecería tres días visitando diversos lugares remarcables, como el fuerte ruso en forma redonda como una plaza de toros. Desde ese fuerte distinguí Ani y recordé mi estancia del año 1988. Pero las circunstancias casi 30 años más tarde eran muy similares, ya no existía la URSS y se podía mirar al otro lado del río Akhurian, pero seguía habiendo soldados rusos en Armenia y todavía no se podía atravesar desde Armenia a Turquía o viceversa).

Tras Ani regresé a Kars, recuperé mi pasaporte y me marché a viajar a otra parte.

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91 – Ucrania (7 patrimonios y 16 candidatos)

 

KIEV: CATEDRAL DE SANTA SOFÍA, CONJUNTO DE EDIFICIOS MONÁSTICOS Y LAURA DE KIEVO-PETCHERSK

Kiev es una ciudad preciosa como un cuento, pero casi todas mis visitas fueron en tiempos de la URSS, cuando entré en Pechersk Lavra, o el Monasterio de las Cuevas.

En mi último viaje a esta ciudad ya poseía una cámara de bolsillo, y revisité el centro, en especial la solemne catedral de Santa Sofía, cuyo nombre, traducido como Sagrada Sabiduría, proviene de la de Constantinopla. Coincidí con una misa, a la que asistí, pues no suelo perderme ni una. Tras ello compré un cirio y me paseé por el parque anexo, donde escuché con deleite las bellas melodías que interpretaban unos bardos con sus laudes y balalaikas.

El Patrimonio Mundial en Kiev no sólo se circunscribe a esta catedral y al Monasterio de las Cuevas, sino al “conjunto de edificios monásticos”, o las diversas iglesias que adornan la ciudad, a cual más hermosa. Las identificaba por sus colores, y son numerosas. No me perdí asimismo la visión del río Dniéper desde una colina, más las estatuas dedicadas a los tres fundadores de Kiev: Kyi, Schek y Khoryv, y también a la Madre Patria (Rodino Mat).

Pero ninguna visita es completa en Kiev si no se sube hasta el memorial del Holodomor, o genocidio. Durante los años 1932 y 1933 murieron de inanición unos 5 millones de ucranianos. Un monumento en forma de torre junto a una niña exageradamente delgada, simbolizan este siniestro episodio de la historia de la URSS. En el sótano de este memorial me dieron todo tipo de información con folletos explicativos, hasta un cirio para colocarlo junto al memorial tras la visita, pues allí no hay luz eléctrica. Los ucranianos lo consideran un genocidio de Stalin, pues el grano que se recolectaba en las granjas de la actual Ucrania lo vendía Stalin al extranjero para conseguir divisas, matando de hambre a su propia gente.

Tras ver la exposición con fotografías de esos años mostrando gente moribunda en las calles, que caían como moscas, uno sube a la superficie conteniendo las lágrimas. Tras mis visitas en Kiev viajé en un tren nocturno a Lvov, que constituye otro Patrimonio Mundial.

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92 – Uganda (3 patrimonios y 5 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE LOS MONTES RWENZORI

El apelativo de Montes de la Luna, como familiarmente se conocen los Montes Rwenzori, era tan evocativo que hallándome alojado en el templo bahai de Kampala, determiné visitarlos a pesar del poco dinero del que disponía, practicando el autostop, caminando o, cuando no tuviera más remedio, pagar un pasaje en autobús. Dormiría en los templos hindúes, preferentemente en los de los hospitalarios Sikhs, allá donde los hubiese.

El primer día llegué a Kasese. Proseguí al siguiente a Fort Portal y cuando estaba cruzando el puente sobre la unión de las aguas entre el Lago George y el Lago Edward, conocí a unos ingleses que conducían un jeep. Se dirigían a la aldea de Bundibugyo para encontrarse con los pigmeos de la raza Batwa.

Accedieron a llevarme con ellos. Hicimos muchos rodeos, ellos no tenían prisa lo cual agradecí pues me permitió admirar ese parque nacional con cierta profundidad. Debimos atravesar territorio del Congo, pero como no había ni fronteras, ni control de agentes de emigración, no nos enteramos. Bordeamos una orilla del río Semliki, que es la frontera con el Congo, y al cruzarlo, sí que estuvimos en el Congo con toda seguridad, aunque fuera unos minutos.

Llegamos por fin a Bundibugyo. De repente toda la población, unos sesenta pigmeos, incluyendo ancianos y niños, aparecieron sonriendo y tratando de vendernos algunos souvenires que ellos mismos confeccionaban. Todos nos pedían dinero en inglés: “give me money, give money, give me …” hasta tal punto que les bautizamos en inglés “gyvmies”, en lugar de pygmies. Estuvimos con ellos varias horas. El jefe del poblado se “defendía” en inglés y nos contó acerca de sus costumbres y sus habilidades de caza.

Tras esa entrañable visita nos dirigimos a Kampala, lo celebramos en un bar bebiendo cervezas y nos separamos. Sólo lamento que mis amigos ingleses no me mandaran fotografías con los pigmeos, sino sólo de paisajes del parque nacional.

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93 – Uruguay (2 patrimonios y 7 candidatos)

 

BARRIO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE COLONIA DEL SACRAMENTO

Desde Buenos Aires abordé un barco hasta Uruguay.

El puerto de Colonia se halla a apenas cien metros del barrio histórico de la ciudad Colonia del Sacramento.

Comencé mi recorrido a pie por la famosa e histórica Calle de los Suspiros, que no encontré nada especial. Después continué hasta un faro de color blanco al que se subían los turistas para disfrutar de una buena vista panorámica.

Por el camino vi ruinas de fortalezas y de conventos y casas viejas. La mayoría de las calles estaban empedradas. Se percibía la influencia de los portugueses, pues fueron los que invadieron ese territorio y levantaron la ciudad de Colonia en 1680. Tras su expulsión, los españoles fundaron nuevas construcciones. Esa mezcla de estilos hace hoy de Colonia una ciudad muy seductora.

La parte histórica era muy festiva ese día de mi visita; había muchos restaurantes y cafeterías con terrazas llenas de turistas bebiendo cervezas y comiéndose un típico plato llamado chivito.

Junto a la plaza de Armas entré en la basílica Santísimo Sacramento, que se considera la iglesia más antigua de Uruguay. Exteriormente no era nada atractiva; su arquitectura mostraba formas cuadradas simples y sus muros estaban encalados. En su interior me fijé en dos tallas de madera; una representaba a san Pedro de Alcántara y la otra, a san Francisco Javier.

A continuación entré en el Museo del Período Histórico Español, en la calle España. Allí aprendí que las primeras causas de la creación de Uruguay como futuro país independiente provienen de las dos invasiones por Portugal de ese territorio, en el siglo XVII y en el XIX.

A media tarde abordé un autobús con destino a Fray Bentos para visitar otro Patrimonio Mundial.

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94 – Uzbekistán (5 patrimonios y 30 candidatos)

 

CENTRO HISTÓRICO DE BUJARÁ

Llegué de noche a Bukhara, proveniente de las ruinas de Merv, en Turkmenistán (otro Patrimonio Mundial), atravesando el río Amu Darya en Chardzhou, (hoy Turkmenabat).

La estación de tren queda alejada del centro de la ciudad. Intenté quedarme a dormir en ella, pero a medianoche la cerraban. Llovía en la calle. Justo enfrente de la estación, atravesando los raíles, unas luces intermitentes indicaban que allí había un caravanserai. Me acerqué y por el equivalente a medio euro de la actualidad me ofrecieron un camastro donde encontrara sitio. En una sala ya había siete uzbekos instalados, ruidosos y fumando (me pareció oler marihuana), busqué en otro, y aún en otro, y al final hallé un cuarto con sólo cuatro uzbekos pacíficos que me ofrecieron naranjas de sus bolsas. Todos eran vendedores de naranjas que al día siguiente abordarían el tren para venderlas en alguna ciudad de Uzbekistán, Kazakstán, o bien de Rusia.

Por la mañana me desplacé al centro de Bukhara. De hecho, iba en tránsito desde las orillas del Mar Caspio hasta Siberia, pero era una pena no detenerme, aunque fuera por sólo un día, en las ciudades más legendarias del camino, a pesar de que las conocía absolutamente todas de cinco o seis viajes anteriores en tiempos de la URSS, cuando un inevitable guía de la agencia soviética Intourist te acompañaba a todos sitios. Esta sería la primera vez que visitaría Bukhara por libre.

Sólo disponía de un visado ruso. En Turkmenistán me habían concedido un visado de tránsito de tres días al llegar en barco a Krasnovodsk (hoy Turkmenbashi), procedente de Bakú, en Azerbaiján. En Bukhara, cuando me presenté a la Policía, me ofrecieron in situ tres días más, y así poco a poco iba recorriendo las repúblicas de Asia Central, no pasando en cada una de ellas más de tres días, hasta que alcancé Novosibirsk, en Rusia.

Rememoré mis viajes anteriores a la mítica Bukhara, cuyo nombre tal vez no invoca tanta pasión y exotismo como “Samarkanda”, pero me gustaba más; de hecho Bukhara es mi ciudad favorita de toda Asia Central.

Lo primero que hice al formalizar mi situación con las autoridades, fue dirigirme a Lyabi Houz, y tomarme un té con dulces de miel en un chaikhaná junto a la estatua de mi héroe Mullah Nasrudín y su burro. No dejé asimismo de revisitar los originales cuatro minaretes de Char Minor (que justo significa “cuatro minaretes”), las madrasas principales, mausoleos y minaretes varios, la bella mezquita Bolo-Khauz, el palacio y la fortaleza Ark con el pozo donde encerraron y, posteriormente, ajusticiaron a los dos espías ingleses Stoddart y Conolly, en el contexto del Torneo de Sombras (El Gran Juego) entre Rusia e Inglaterra por controlar Asia Central.

En aquellos tiempos del siglo XIX Bukhara era una ciudad prohibida, y al intruso que penetraba en ella y era capturado, el Emir ordenaba ejecutarlo sin contemplaciones. Sólo se tiene constancia del gran viajero húngaro Arminius Vámbéry que se introdujo en esa ciudad prohibida y se escapó vivo de ella, pues cuando los soldados del Emir quisieron probarle para comprobar si era un europeo, interpretaron con la flauta una pegadiza melodía, a ver si con sus pies seguía el ritmo, cosa que hacen todos los europeos, pero no los asiáticos. Como Arminius ya conocía esa trampa, se contuvo, no movió los pies, y le tomaron por local, de momento. Después le siguieron para ver cómo se desenvolvía para hacer aguas menores en el campo. Arminius se agachó, como las mujeres, pues esa es la forma que adoptan los asiáticos, y no de pie, como hacen los europeos. También superó la segunda prueba. No obstante, resolvió abandonar Bukhara al día siguiente, por si acaso le planteaban una tercera prueba que no pudiera solventar.

El día siguiente proseguí mi viaje por Asia Central y me desplacé a Samarkanda.

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95 – Vanuatu (1 patrimonio y 5 candidatos)

 

ÁREA DE CONSERVACIÓN VATTHE

Confieso que mi deseo de alcanzar la Big Bay no fue motivado por “apuntarme” un candidato a Patrimonio Mundial de UNESCO y explorar el bosque de Vatthe, sino por querer alcanzar la bahía donde llegaron los españoles el año 1606, capitaneados por el portugués (al servicio de España) Pedro Fernández de Quirós.

El que Quirós hubiera nacido en Portugal no tiene la mayor importancia, pues entre los años 1580 y 1640 las coronas de España y Portugal estaban unidas; todos los expedicionarios eran celtíberos.

Sabía que en esa bahía (Big Bay) se erguía un busto dedicado a Quirós, colocado por el Embajador español de Canberra, en Australia, y lo quería descubrir. Resolví viajar allí desde Luganville, la capital de la isla Espíritu Santo. Era domingo, día que nadie trabaja en las islas del Pacífico. Todos van a misa y respetan a rajatabla las fiestas de guardar. Yo también fui a misa, recé, compré un cirio, desayuné con los parroquianos café con leche y bollos de nata, y a continuación inicié el autostop hacia el norte de la isla, pues había oído que varios nativos vivían en aldeas diminutas en el norte, donde no había iglesias, por lo que se desplazaban a Luganville los domingos para asistir a la misa, tras lo cual compraban productos en el mercado al aire libre y retornaban a sus chozas en sus vehículos.

Y así fue. Una familia me recogió en la carretera y me llevó hasta un cruce a varias decenas de kilómetros de distancia. Tras ello caminé durante dos horas. Ya estaba casi llegando a Matantas cuando un coche se detuvo y me llevó a un poblado, y luego otro coche más me condujo hasta Matantas. Allí un jefe de poblado muy ávido por el dinero me exigía una cantidad ridícula por mostrarme el busto de Quirós. Me desembaracé de él y traté de encontrarlo por mi cuenta. Al rato alcancé el otro lado del poblado y allí conocí a su segundo jefe, el bondadoso señor Moisés junto a su esposa y su hijo, cuyos antepasados se habían reunido con Quirós y habían hecho amistad con los tripulantes de la expedición española.

El hecho de ser español me abrió sus corazones pues tenían buenos recuerdos que les habían transmitido sus abuelos sobre aquellos españoles del siglo XVII. Me prepararon frutas y me abrieron un coco para que bebiera. Vi el río Jordán y un monumento piramidal coronado por un busto de Quirós. Estaba emocionado hasta el máximo de los extremos. Subí como un crío a la pirámide, la rodeé, acaricié el busto, y así estuve entretenido por cerca de una hora. Una placa en inglés, francés, bislama y español, decía:

“QUIRÓS En Conmemoración del 400 Aniversario de la llegada a “Austrialia del Espíritu Santo” (Vanuatu) de tres buques españoles, enviados por Felipe III, Rey de España, al mando del Capitán Pedro Fernández de Quirós. Embajada de España 14 de Mayo de 2006”

El señor Moisés me invitaba a pasar allí la noche, pero decliné con gentileza, y no por temor a que se me apareciera en sueños el espíritu Alawuro, que todos los isleños temen, sino porque quería regresar a mi albergue de Luganville ese mismo día, pues había acordado con un australiano allí alojado partir al día siguiente de madrugada a una excursión sin par en el sur de la isla, y si me quedara en una choza del señor Moisés no llegaría a tiempo.

Me despedí con gratitud y emprendí el largo viaje de regreso.

Me pilló la lluvia y durante dos horas tuve que cobijarme bajo un árbol y cubrirme la cabeza con hojas gigantes, hasta que un coche que pasó por allí se apiadó de mí, frenó al verme, me invitó a subir atrás, junto a las gallinas y los niños, y me depositó en Luganville, adonde llegué mojado hasta los huesos.

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96 – Venezuela (3 patrimonios y 3 candidatos)

 

PARQUE NACIONAL DE CANAIMA

Por el equivalente en bolívares a 200 dólares americanos (claro, comprando los bolívares en el mercado negro) adquirí en la Posada Don Carlos (maravilloso edificio de madera, estilo colonial) de Ciudad Bolívar la siguiente excursión al Parque Nacional Canaima:

– Primer día: Vuelo Ciudad Bolívar – Canaima. Excursión en lancha a los alrededores del Salto Ángel

– Segundo día: excursión en lancha (6 horas) y senderismo a la piscina formada por la caída de las aguas del Salto Ángel, tiempo libre para colocarse debajo de las aguas del Salto Ángel, nadar y disfrutar

– Tercer día: regreso al aeropuerto y vuelo Canaima – Ciudad Bolívar

Al tour se apuntaron dos turistas de Austria y una chica francesa. El vuelo a Canaima fue sobrecogedor. Admiramos tepuis y el Salto Ángel a poca distancia. Dormíamos en un campamento de hamacas y las tres comidas estaban incluidas. Siempre íbamos acompañados de un guía, un muchacho joven que, tras la cena, nos contaba historias acerca de la vida y costumbres de los indígenas que viven en la selva, en los alrededores del Salto Ángel.

No tuve la suerte de visitar ese lugar cuando el chorro es poderoso, pero igualmente me di por satisfecho con la excursión.

El explorador almeriense Fernando de Berrío, que también sería gobernador de la Provincia de Guayana, fue el primer occidental en contemplar el llamado Salto Ángel en una de sus veinte expediciones, entre finales del siglo XVI e inicios del XVII, a la búsqueda de El Dorado. Ya en pleno siglo XX (en 1927) el Salto Ángel sería redescubierto por el español Félix Cardona Puig (capitán de la Armada venezolana) y su compañero explorador Juan María Mundó Freixas (ambos de Barcelona). Sin embargo, en 1937 el piloto estadounidense Jimmie Angel sobrevolaría (en compañía de Cardona) ese salto y lo popularizaría después.

No llego a comprender por qué al actual Salto Ángel no se le llama Salto Berrío, o Salto Cardona, cosa que sería más justa.

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97 – Vietnam (8 patrimonios y 7 candidatos)

 

BAHÍA DE HALONG

En un café de Hanoi, llamado Sinh, compré por 20 dólares americanos una excursión a los islotes de la bahía de Halong, nombre que, según me dijeron, se traduce por El Dragón Descendiendo. Por ese precio me incluían el autobús ida y vuelta al puerto de Haiphong, desplazamiento en velero hasta una isla del archipiélago, estancia de dos noches en una choza, más las tres comidas diarias.

A la mañana siguiente abordamos un autobús unos treinta turistas de diversas nacionalidades que también se habían apuntado a la misma excursión, entre ellos cuatro hombres australianos jubilados, un ciclista neozelandés dando la vuelta al mundo, numerosos israelíes, chicos y chicas, que acababan de hacer el servicio militar en su país, una pareja de japoneses, unas jóvenes estadounidenses viajando cada una en solitario, dos italianos, un alemán que había viajado un año seguido por la India, tres franceses y un español (yo).

El viaje en velero fue maravilloso e íbamos esquivando islotes rocosos; fue más bien una atracción placentera con numerosas paradas para zambullirnos en las aguas de color esmeralda, para penetrar en cuevas, visitar poblados, y para observar con deleite pagodas en la cima de algunos islotes. Ese viaje nos complació más que la estancia en la isla donde dormiríamos; todos estábamos exultantes y nos sentíamos en el paraíso.

Por las noches, tras las cenas, todos los extranjeros nos pasábamos varias horas contándonos batallitas sobre nuestros viajes, era muy didáctico aprender trucos viajeros o descubrir nuevos lugares que ignorábamos. La mayoría de los turistas se quedarían varios días más en ese islote y realizarían visitas a los alrededores, pero yo al tercer día regresé a Hanoi, pues apenas tenía dinero y aún me quedaba un largo viaje en trenes y autobuses de regreso hasta mi pueblo Hospitalet de Llobregat, en mi querida España.

Dos franceses vinieron conmigo de vuelta a Hanoi y nos separamos una vez que alcanzamos la bella Güillín, en China. Yo me dirigí en tren a Vladivostok, via Corea del Norte, y ellos querían presenciar la entrega de Hong Kong a China. Era el año 1997. Esa excursión a la de Bahía Ha Long fue la más bella y memorable de las que realicé en Vietnam.

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98 – Yemen (4 patrimonios y 10 candidatos)

 

ARCHIPIÉLAGO DE SOCOTRA

Aterricé en Hadiboh, la capital de la Isla de Socotra, proveniente de Sanaa, con una parada técnica en Mukalla. Debía reunirme con un grupo de viajeros internacionales para pasar juntos una semana, pues esa era la frecuencia de los vuelos desde Sanaa.

Desde el aeropuerto llegamos a la capital en autostop y una vez allí nos instalamos como pudimos, cada uno a su aire, en hostales de nativos o en casas particulares (todos los miembros del grupo eran expertos en viajar con lo puesto, con una mano por delante y otra por detrás).

Habíamos leído sobre los árboles drago (árbol de la sangre de dragón, o árbol drago de Socotra) y los arbustos adeniums, además de sus más de 800 plantas endémicas, y sabíamos que allí las playas eran idílicas, por ello mis amigos y yo habíamos elegido esa isla para celebrar el cumpleaños de nuestro compañero francés.

Lo que ignorábamos es que Socotra es mucho más que esos árboles y esas playas. Era una isla tan rica en actividades diversas que lamentamos no habernos quedado una semana más para descubrirla mejor y para habernos aventurado a navegar a sus islas vecinas de Abd al Kuri, Samhah y Darsah, que debían ser remotas entre las remotas. Si en la semana que pasamos en Socotra no vimos a otro extranjero ni por asomo, se puede uno imaginar que a esas tres islas mucho menos llegarían los turistas.

Si uno presume de chapurrear el árabe, en Socotra no le sirve de mucho, pues la mayoría de sus gentes no lo dominan, entre ellos hablan una lengua local afro-asiática que no se encuentra en el Yemen continental, pues las mujeres socotrís tienen prohibido abandonar su isla, por ello, los hombres de Socotra al casarse con una yemenita del continente, enseña a sus hijos el árabe y no el socotrí.

Siete días fueron escasos para Socotra y recorrimos el este, el oeste, el norte, el sur y el centro. El primer día descansamos, otro observamos un santuario natural con los árboles drago, otro nos fuimos a la paradisíaca playa de Qalansiyah, otro nos fuimos a un oasis inimaginable en esa isla y nos bañamos en sus aguas dulces, otro penetramos en unas cuevas de un desfiladero, el sexto descubrimos barrancos inesperados y visitamos un pueblo de pescadores para comer con ellos langostas junto a unos tanques dejados por los rusos, el séptimo nos comimos en Hadiboh una cabra a medias para celebrar el cumpleaños del francés…

El octavo día regresamos a Yemen continental para descubrir la ciudad vieja amurallada de Shibam (otro Patrimonio Mundial).

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99 – Zambia (1 patrimonio y 7 candidatos)

 

MOSI-OA-TUNYA / CATARATAS VICTORIA

Poco antes de llegar a las cataratas de Victoria se comenzaba a oír el estallido de las aguas de sus cinco caídas principales. Me empezaba a emocionar. El nombre de Victoria, en honor a la reina de Inglaterra, le fue dado a esas cataratas por el explorador escocés David Livingstone, que creyó ser el primer europeo que las veía (en realidad fue el portugués Duarte Lopes, en 1578). Los nativos las llamaban Mosi-oa-Tunya, que viene a significar algo así como el humo que truena, por la masa gaseosa que se eleva como una nube constante cuando el agua cae desde una altura máxima de ciento ocho metros. Cuando las contempló acompañado de un guía local, Livingstone exclamó:

– Escenas tan sublimes como ésta sólo son visibles por los ángeles en su vuelo.

Es cierto que son una de las maravillas del mundo, al igual que el Cañón del Colorado, el Río Amazonas, las montañas del Himalaya, el Lago Baikal, o algunos de los archipiélagos del Pacífico.

Esas cataratas guardan una leyenda; según muchos testigos, en el fondo de las aguas existe una gran serpiente o monstruo, similar al del Lago Ness en Escocia. Ese día vi fotografías mostrando su cabeza, aunque no supe distinguir si eran trucadas o no. Ya Livingstone, en sus escritos, menciona a ese monstruo que los nativos conocen por Chipique.

Al igual que hice en viajes anteriores por América, durmiendo junto a las cataratas del Niágara y del Iguazú, también en las de Victoria quería pasar la noche para que su magia y magnificencia penetraran en mi ser. Mientras me estaba instalando en una glorieta para pasar allí la noche sobre mi saco de dormir, un vendedor de máscaras se acercó e intentó colocarme una de ellas, o bien cambiármela por mi reloj. Poco a poco me iba rebajando el precio hasta que al final me la ofrecía poco menos que regalada. Le dije que no tenía dinero. Él estuvo algo molesto por el tiempo que había perdido en vano tratando de convencerme para que le comprara una, así que al despedirse me lanzó un hechizo:

– El último mzungu (hombre blanco) que durmió en esta glorieta se volvió loco por el ruido de las aguas de las cataratas y se suicidó lanzándose al vacío ¡A ti también te pasará lo mismo!

Y el vendedor desapareció llevándose todas sus máscaras.

Me dio un poco de miedo esta maldición, pero no podía permitirme ir a un hotel por disponer de poco dinero. Me quedé sin dormir hasta las 12 de la noche, y cuando me sentí muy cansado saqué la correa de mi pantalón y con ella me até el brazo a una barra de la glorieta. Por si acaso, pensé. Así, si me entraban deseos de suicidarme, la correa me frenaría y ante el forcejeo para desligarme seguro que recuperaría la conciencia y evitaría la locura de saltar al precipicio. Me desperté sobre las 6 de la mañana. Había dormido como un lirón. Y la correa seguía atada a mi brazo ¡Había vencido al encantamiento!

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100 – Zimbabue (5 patrimonios y 1 candidato)

 

MONUMENTO NACIONAL DEL GRAN ZIMBABWE

Tras visitar las Cataratas Victoria, descubiertas para el mundo occidental por el misionero portugués padre Silveira a principios del siglo XVII, me dirigí a Masvingo y de allí proseguí el viaje en autostop y a pie a las cercanas ruinas del Gran Zimbabwe.

Era ya tarde y no las pude ver ese día; además, estaba lloviznando. Conversé con el portero de noche y le pedí que me dejara dormir en su caseta, a lo que él accedió mediando una propina, y se fue a pasar la noche debajo de un puente.

Tenía mucho interés en visitar ese lugar por parecerme que, tras los vestigios arqueológicos de Egipto, los del Gran Zimbabwe eran los más impresionantes de África. Fueron construidos por los nativos Shona hacia el siglo XIII.

El Gran Zimbabwe lo forman cuatro zonas que debieron ser residencias de nobles, todas en el interior de lo que se llama en inglés Great Enclosure (gran cerca), o muralla elíptica de 240 metros de circunferencia por unos 10 metros de altura y unos 5 metros de ancho.

Había leído que viajeros y comerciantes portugueses fueron los primeros europeos en admirar estas fantásticas ruinas africanas, aunque a finales del siglo XIX un entrañable gran viajero alemán, llamado Karl Mauch, creyó ser el primer descubridor de ellas y afirmó que era en ese preciso lugar donde el rey Salomón halló el oro para construir su templo en Jerusalén. Al poco tiempo se marchó a Mozambique y explicó su hallazgo a las autoridades portuguesas, quienes a punto estuvieron de ponerle una camisa de fuerza y encerrarle en un manicomio. Lo mismo le sucedió al contar su descubrimiento en Alemania, donde no le creyeron y le tomaron por loco.

Tan pronto amaneció y antes de que regresara el portero yo ya estaba recorriendo todo el complejo, ascendiendo y descendiendo colinas, corriendo y saltando de alegría, admirando rocas de formas caprichosas, disfrutando del exotismo de un lugar que embelesó a Karl Mauch, uno de mis héroes viajeros, aunque tuvo un trágico final.

A unos 100 metros del gran recinto, cerca de la torre cónica, advertí lo que llamaban la Acrópolis, que se supone fue el palacio de algún importante rey Shona. Hacia el mediodía, una vez que me pareció que ya había visitado lo más remarcable de ese complejo, me despedí del portero, regresé a Masvingo y, por la noche, abordé un tren para penetrar en Botswana.

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