LA VÍA FRANCÍGENA

 

La Vía Francígena es un peregrinaje de alrededor de 1.800 kilómetros que se completa a pie en unos ochenta días, cuyo inicio es Canterbury y su destino Roma. Se realiza con el anhelo de visitar la tumba del Apóstol San Pedro. El primer peregrino de la Vía Francígena (llamada así por atravesar Francia) fue el arzobispo de Canterbury Sigerico el Serio, en el siglo X.

La Vía Francígena atraviesa cuatro países: Inglaterra, Francia, Suiza e Italia. En Inglaterra se concluye en una jornada, pues son apenas 30 kilómetros a caminar, desde Canterbury al puerto de Dover, desde donde se toma un ferry a Calais, en Francia.

En Francia hay unos 810 kilómetros, que se suelen recorrer a pie en unos 30 días.

La parte suiza transcurre por unos 210 kilómetros, que se transitan en un máximo de 10 días.

La parte italiana, la más desarrollada, consta de unos 950 kilómetros y se realiza en unos 40 días.

 

La hermosa Catedral de Canterbury, Patrimonio Mundial. Tratan a los peregrinos de manera ejemplar

En la Christ Church Gate de la Catedral de Canterbury se inicia a pie la Vía Francígena

 

A los pocos días de peregrinaje, una vez cruzado en ferry el Canal de la Mancha, se arriba al poblado de Amettes, en la región francesa Nord-Pas-de-Calais, donde nació el errante perpetuo San Benoît Joseph Labre, peregrino de Santiago de Compostela, de la Vía Francígena y de otros lugares religiosos de Europa. Murió a los 35 años en Roma, donde dormía en las ruinas del Coliseo para rezar por las almas de los cristianos que allí murieron martirizados. Apodado el “Vagabundo de Dios”, es el patrón de los peregrinos y los desposeídos. Al pasar por Amettes hay que mostrarle respeto visitando la Iglesia de Saint-Sulpice .

 

San Benito José Labre no portaba más que un zurrón a la espalda, un bastón y un crucifijo.

 

Durante el peregrinaje, y sin desviarse, hay ocasión de visitar once Patrimonios Mundiales de UNESCO, uno en Inglaterra, tres en Francia, uno en Suiza y seis en Italia:

 

1 – La Catedral de Canterbury

2 – El Campanario de Calais

3 – La catedral de Reims

4 – La fortaleza de Besançon

5 – Los viñedos de Lavaux

6 – El centro histórico de San Gimignano

7 – El centro histórico de Siena

8 – El Valle de Orcia

9 – El centro histórico de Pienza

10 – El centro histórico de Roma

11 – La Ciudad del Vaticano

 

Yo acometí la Vía Francígena en enero del 2016, pero la tuve que abandonar en Francia a los pocos días debido al mal tiempo, lluvia y barro, además de no hallar albergues baratos para pasar la noche, pero preveo continuarla en verano. He coincidido en alguna de sus escalas mientras realizaba el Camino Español, desde Milán a Bruselas, siguiendo las huellas de los Tercios de Flandes, en la primavera del año 2014.

Cuando entré en la Oficina de Turismo de Aosta para solicitar un sello en mi credencial del Camino Español, el empleado me informó que Aosta es también escala en la Vía Francígena.

En la Oficina de Turismo de Aosta me regalaron este libro sobre la Vía Francígena

 

A veces la Vía Francígena se cruza con el Camino de Santiago y con el Camino Español. Debe de ser curioso un encuentro entre estos tres peregrinos. Esto sucede sobre todo entre Besançon (en el Franco Condado) y Pavía (en Piamonte). Imaginé entonces el desconcierto que debieron experimentar los peregrinos de los siglos XVI y XVII al atravesarse en su camino con miles de soldados de los Tercios de Flandes, a pie y a caballo, dentro de sus armaduras y el morrión cubriendo la cabeza, con sus picas, arcabuces, alabardas y espadas roperas, acompañados por sus pajes,  los cocineros, los barberos, los párrocos y las hetairas.

Los peregrinos de la Vía Francígena alcanzan Aosta por el Paso del Gran San Bernardo, de cerca de 2.500 metros de altitud, entre Suiza e Italia.

Los valles de los Alpes han sido, desde los primeros tiempos del Cristianismo, refugio de místicos, a la manera de los valles del Himalaya con los anacoretas budistas e hindúes en busca de recogimiento y meditación. En el año 1050 San Bernardo de Mont-Joux (nacido a orillas del Lago Annecy), fundó en el paso del Gran San Bernardo una canonjía y un hospicio para ayudar a los peregrinos e indigentes en el lugar justo donde un siglo antes había existido un monasterio llamado Bourg Saint Pierre (donde se había alojado Sigerico el Serio), que a su vez había sido un templo romano dedicado a Júpiter. Siglos más tarde sus moradores entrenarían una raza de perros para socorrer a los viajeros y peregrinos que se perdían o se herían durante las avalanchas de nieve: los famosos perros San Bernardo.

El hospicio del Gran San Bernardo fue uno de los tres hospitales más importantes de la Cristiandad, junto con el de Jerusalén y el de Santa Cristina, en Somport, al inicio del Camino Aragonés a Santiago.

 

El hospicio de peregrinos del Paso del Gran San Bernardo

 

En España tenemos la fortuna de contar con Raúl Santiago Goñi, que realizó la Vía Francígena al completo, a pie, en 85 días el año 2012 y ha creado una web indispensable para conocer todo lo concerniente a la Vía Francígena y te puede enviar la Credencial del Peregrino. Hela aquí:

http://www.viafrancigena.es/

 

La Credencial que ha creado Raúl Santiago y que se halla en su güeb.

 

El primer día de peregrinaje asistí a la misa de la catedral de Canterbury, a las 8 de la mañana. Tras ello fui agasajado, invitado a entrar en la rectoría y entregado diversos documentos de la Vía Francígena, más una credencial del peregrino, todo gratuito. Además, me bendijeron. Estos fueron los primeros sellos en mi credencial. También hay un centro de acogida en el patio de la catedral, o Cathedral Welcome Center.

Raúl ha escrito una detallada guía sobre el día a día del peregrinaje, con datos sobre alojamientos, escalas, fotos ilustrativas, consejos de primera mano, etc.

 

Una vez que el peregrino alcanza a pie el Vaticano se emite el Testimonium, certificado equivalente a la Compostela en el Camino de Santiago.

 

La Basílica de San Pedro, final de la Vía Francígena

 

A la llegada al Vaticano hay que presentar la Credencial del Peregrino a los guardias suizos, quienes te llevarán a una sala para ver la tumba de San Pedro y emitirte el Testimonium

 

Esta es la Credencial de la Vía Francígena que te entregan en Italia. Me falta la que te emiten en Canterbury. Cuando la tenga la publicaré aquí y haré un resumen de mi peregrinaje.

El laberinto era el símbolo de los peregrinos de la Vía Francígena del pasado. Esta piedra labrada se halla en la Catedral de Lucca

Este es el diario de mi primer día de peregrinaje, desde Canterbury a Dover:

“El primer día de la Vía Francígena no me fue fácil. Son sólo 31 kilómetros, pero hay que hacerlos de un tirón, hasta Dover, ya que no hay donde pernoctar durante el camino.
Iba siguiendo la ruta de Sigerico el Serio, el arzobispo de Canterbury que a finales del siglo X emprendió a pie el peregrinaje a Roma, lo que le tomó 80 días con etapas de 20 kilómetros, o un total de unos 1.800 kilómetros.
Era enero del 2016, invierno. Como no existen albergues de peregrinos en Canterbury había dormido sobre un cartón bajo un cajero automático callejero, y no me mojé sino que dormí plácidamente, pues el sonido de la lluvia me sirvió de nana.
A las 9 de la mañana abrieron la catedral de Canterbury a través de un portal majestuoso. Asistí a la misa anglicana y recibí la bendición del peregrino. Tras ello me dirigí a la catedral católica, a pocos pasos de la anglicana, y también solicité la bendición del párroco católico, por si acaso, pues más vale que sobren bendiciones que no que falten.
En ambas catedrales sellaron mi Credencial del Peregrino.
A la salida de Canterbury me detuve en una cafetería para tomarme un buen desayuno inglés, ya que pensé que hasta la noche no volvería a comer (de hecho me equivoqué pues por los huertos del camino recogería rábanos, riquísimos, que me comería mientras caminaba).
A la salida de Canterbury visité por unos minutos la iglesia de San Martín, la más antigua de Inglaterra, incluida, junto a la catedral, en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y tras ello seguí el camino hasta un poblado llamado Patrixbourne, antes de internarme por el follaje por más de 20 kilómetros. Había tanto barro campo a través que cada poco rato debía hacer un alto para limpiar mis mocasines. Ello aminoró mi marcha.
Me perdí dos veces. La Vía Francígena no está tan bien organizada ni señalizada como el Camino de Santiago. Una vez oí disparos de escopetas, eran cazadores matando pájaros; había entrado en un coto de caza sin darme cuenta. Y otra entré en la autopista y la Policía me detuvo y me depositó de nuevo en el camino,
Así y todo logré alcanzar Dover poco antes del anochecer, cansado por tantas paradas para limpiarme el barro. Una vez en esa ciudad costera caminé hasta el puerto y pocas horas más tarde crucé al Canal de la Mancha.
En Calais, ya en Francia, el peregrinaje se haría más benigno, pero no lo concluiría hasta Roma sino que varias etapas más adelante lo interrumpiría y regresaría a Hospitalet de Llobregat, en mi querida España, para proseguir la Vía Francígena más adelante”.

 Signo en la parte inglesa de la Vía Francígena
 El camino a través de huertos de rábanos del primer día en la parte inglesa
Barro el primer día en la parte inglesa
Welcome to Dover