VIAJE A SHAMBHALA

 

He conocido viajeros cuyo principal interés al viajar era nadar en las playas más bellas del mundo. Otros daban preferencia a los Patrimonios de la Humanidad de la UNESCO. Muchos sienten debilidad por las cataratas y han llegado a visitar las más impresionantes del planeta. Algunos (algunas), en cada país, tratan de intimar con una nativa (o nativo), otros solo pretenden contactar con etnias de cultura ancestral. Hay quienes son unos apasionados por los mercadillos, por el buceo, por las montañas, por los animales, por la arqueología, por hacer fotos sin parar… y hasta me he encontrado con viajeros que lo primero que hacen al llegar a una ciudad nueva es visitar su cementerio.

Mi leitmotiv viajero son los cenobios, los ashrams, los templos, los tekkés…, ya que viajo para aprender, pues abandoné la escuela a los trece años para hacer de la Tierra mi universidad. Y aunque he encontrado sabiduría en gente “de a pie”, en las ciudades, de monjes que pasan desapercibidos en las grandes urbes, de quienes más he aprendido ha sido de los conocimientos que me han transmitido los monjes de los monasterios donde he permanecido largas temporadas.

Por otra parte, aunque sea por simple curiosidad, a nivel turístico, visitar los monasterios aporta muchos conocimientos culturales y artísticos. La mayoría son, además, bellos y suelen estar ubicados en lugares dramáticos. Muchos son Patrimonios de la Humanidad, como El Escorial, Guadalupe, Poblet, Suso y Yuso en España, los de la región de Moldava en Rumania (como el de Voronet, considerado la “Capilla Sixtina” de Europa Oriental), la Abadía de Fontenay en Francia, los monasterios de Meteora y el de San Juan el Teólogo en Grecia, Gelati en Georgia, la mayoría de los monasterios armenios en Armenia y también en Irán, Rila en Bulgaria, los monasterios de los Jerónimos, de Batalha y de Alcobaça en Portugal, Studenica en Serbia, los monasterios de las islas Solovetski y el de Ferapontov, en Rusia, Santa Catalina en el Sinaí, la Basílica de San Francisco de Asís en Italia, el Potala en el Tibet, los catorce monasterios españoles del siglo XVI en las faldas del Popocatepetl, México, etc. Además de numerosas iglesias y catedrales.

Otros monasterios, no inscritos en la lista de la UNESCO pero de belleza subyugante, comprenden el impactante monasterio de Taktshang, en Bhután, el de Sumela, cerca de Trabzon, el de San Jorge, en Wadi Kelt, cerca de Jericó, y prácticamente todos los de Sikkim.

 Siempre que llego a un lugar nuevo, aparte de comer en un mercadillo local (¡y de beberme una cerveza local!) y de hacer amistad con los paisanos, pregunto por la Grande Mosquée si es un país musulmán, por la Catedral en un país cristiano, o por el templo principal o el vihara si viajo a la India o a Extremo Oriente. Una vez que me relaciono con más profundidad con los monjes les pregunto por los monasterios donde se imparten conocimientos sobre el sentido de la existencia, provenientes de antiguas civilizaciones, que han sido ignorados. A veces te hacen preguntas para comprobar tu seriedad, y una vez que se convencen de tus propósitos sinceros te dan pistas para alcanzar un monasterio remoto cuyo mero hecho de llegar a él ya pone a prueba tus intenciones, y solo los más resueltos lo localizan.

Algunos de estos monasterios están al alcance de todos, otros se encuentran en zonas prohibidas por las autoridades locales y hay que burlar los controles aun a riesgo de ser encerrado en una mazmorra por una temporada. Pero hay otros que solo el verdadero buscador los halla, y aunque entres por azar en alguno, no te apercibirás de ello, como si esos cenobios, o centros de enseñanza, fueran invisibles a ojos indeseados.

 No pretendo aportar nada que no exista ya; todo está en las enciclopedias y en Internet. En este capítulo de mi güeb solo recojo información personal, de mi propia cosecha, más mis pensamientos sobre algunos monasterios donde he vivido un tiempo, o al menos he pernoctado algunas noches, y las enseñanzas que allí se imparten para elevar el ser y que a mí me ha parecido aprender de acuerdo a mi nivel de comprensión.

Pronto describiré una cincuentena de monasterios de las religiones principales, y lo que en ellos experimenté, que considero digno de ser compartido con los que sienten interés por los cenobios y que por no ser viajeros no pueden visitar esos lugares lejanos. Una de las enseñanzas más provechosas es aprender a pagar tu deuda con la vida. Nadie que no la pague podrá jamás alcanzar la plenitud.

 Entre los cenobios que detallaré, junto a las enseñanzas y ejercicios que se imparten en ellos, incluiré los siguientes:

- Diez de veinte monasterios del Monte Athos (desde Simono Petras a San Panteleimon)

 

Simono Petras. Te permitirán pernoctar un solo día. El segundo se ha de seguir peregrinando hacia otro monasterio de los veinte que existen en el Monte Athos. Normalmente se conceden cuatro días de visita al Monte Athos, aunque yo penetré allí en circunstancias especiales y pude disfrutar de diez días visitando diez monasterios diferentes. En el Monte Athos podrás aprender a conocer la razón de tu existencia si logras conectar con los monjes. Un consejo para ello es ofrecerte voluntario en la cocina para ayudar, seguro que mediante ese gesto tan simple algún monje se interesará por establecer comunicación contigo (al menos eso fue lo que yo hice en el Monasterio de San Dionisius y mantuve una conversación muy animada sobre el sentido de la vida del hombre en la Tierra con el monje cocinero).

- El Monasterio ortodoxo de Novy Afon, en la República de Abkhazia

 

Entrada al Monasterio de Novoe Afon Nuevo Athos), en la República de Abkhazia (aceptan peregrinos a dormir 3 días, incluyendo las comidas). Hay monjes rusos que han vivido en el Monasterio de San Panteleimon, en el Monte Athos, e incluso hablan griego. Cerca de este monasterio, a unos diez minutos a pie, se halla la tumba del Apóstol San Simón. Lo mejor son las noches, cuando se va el último turista y cierran las puertas. Entonces comienzan las misas con cantos que te despiertan las fibras del alma.

- Monasterio del Profeta Elías, Isla de Santorini, Grecia

Monasterio Profitis Ilias, Santorini (enseñanzas valiosas sobre el sentido de la existencia a los peregrinos si logras establecer amistad con los monjes, algunos de los cuales hablan inglés).

Resulta paradójico que en una isla donde acuden a diario miles de turistas en cruceros y avión que no paran de comprar souvenires y hacer fotos, exista este monasterio sito en la cima de una colina lejana donde viven monjes sabios que ayudan a los extranjeros de miras místicas.

 - Monasterio del archipiélago de Solovetski, Óblast de Arkhangelsk.

 

En el Monasterio de Solovetski se aceptan peregrinos, tanto rusos como extranjeros, a quedarse 3 días, con posibilidad de más dependiendo del interés del peregrino y su búsqueda interior. El pasaporte lo retienen hasta el día de la partida. Cuando yo estuve (Julio del 2009) todos los peregrinos eran rusos y ucranianos. Se alcanzan las islas Solovietski en barco desde un puerto vecino a Kem, en la República de Karelia (el de madrugada, para peregrinos, es gratuito, mientras que los demás, a los extranjeros les cobran un importe exageradamente alto). La atmósfera en el interior del monasterio es entrañable, y más sabiendo que las Islas Solovetski sirvieron de centros penitenciarios GULAGs, desde Lenin hasta la muerte del criminal Stalin.

 - El Tekke Blagaj, en Bosnia y Herzegovina

El Tekke Blagaj de la orden derviche Naqsbandi, cerca de Mostar. Prácticas de Zikr acompañadas de flauta ney (aceptan extranjeros a participar en las prácticas, que se desarrollan hasta la medianoche, pero no te autorizan a dormir dentro del tekke, sino que los derviches te invitan a pernoctar en sus casas del pueblo, o bien en Mostar). En el Tekke Blagaj aprenderás a no desvariar y a recordarte a ti mismo en todo momento.

- Los monasterios de Debre Lebanos y Damos, en Etiopía.

Visité monasterios asombrosos en Etiopía, algunos (como el de Debre Lebanos, donde permanecí dos noches) de prácticas más allá de la imaginación. Recuerdo uno en una isla del Lago Tana adonde tardé tres días en llegar, cuyas pinturas esotéricas no he podido olvidar. El de la foto corresponde a Debre Damos, cerca de Axum, y para acceder a él hay que trepar mediante una cuerda hasta alcanzar la cima de una peña rocosa.

- El Monasterio copto de al-Baramus, en Egipto.

Me levanté temprano de los pies de la Esfinge de Gizah, donde dormía en el Cairo, dentro de mi saco, y emprendí el autostop hacia Alejandría con el objetivo de embarcarme en algún barco carguero con destino a España o a algún país europeo vecino, trabajando por mi pasaje. El día anterior había intentado obtener el visado de Libia, pero me había sido denegado, ya que solo se emite en las embajadas libias del país de residencia del solicitante. Sin dinero para tomar un avión, solo me quedaba la opción del barco, gratuito o a cambio de trabajo, para regresar a casa tras un largo viaje que alcanzaría una duración de 1001 días.

El hombre que me recogió en el último tramo me comentó que pasaríamos por el valle Wadi El Natrun, donde se ubicaban cuatro monasterios coptos.

Se me iluminaron los ojos. Inmediatamente le rogué que me depositara en el cruce de la carretera con esos cuatro monasterios, a lo que el buen hombre accedió.

Caminé los 12 kilómetros que me separaban del primero, Baramos, parecido a una fortaleza. Los otros tres eran: San Macario el Grande, San Bishoi, y el Monasterio Sirio.

Los monjes de Baramos me vieron llegar y me dieron la bienvenida asignándome una celda individual. Me advirtieron que la estancia máxima que me autorizaban era de tres días con tres noches.

El abad se interesó por el motivo de mi visita. Hablamos largo rato y creo que se quedó satisfecho con mis explicaciones.

Había otro peregrino esos días, un egipcio que tenía el nombre musulmán de Mohammed. Era un doctor joven que trabajaba en un hospital del Cairo. Había ido a Baramos para pasar un mes desempeñándose de cocinero, de manera gratuita, como un sacrificio para expiar sus pecados del pasado.

Gracias a él aprendería muchas cosas sobre esos cuatro monasterios, pues en todos se había alojado. Según el joven doctor en Baramos vivían unos cincuenta monjes, sin contar los que vivían en cuevas del desierto, a pocos kilómetros de Baramos. A veces, los monjes de Baramos se abstraen de todo, caen en una especia de trance y caminan durante varios días sin rumbo por el desierto, sin comer y sin beber. Por la noche dibujan con el dedo en la arena una gran cruz y se instalan en el interior de ella a dormir. De este modo se sienten protegidos de ataques de lobos.

Durante tres días participé en las comidas con los monjes en el refectorio y oré junto a ellos.

Cuando el cuarto día proseguí mi viaje en autostop a Alejandría, sentí que parte de mi corazón se había quedado en Baramos.

- La Tariqa de los sufíes Naqshbandi en las afueras de Bujara, Uzbekistán.

 

Este caravanserai, situado en Qash al-Arifan, a unos 15 kilómetros de Bukhara, es legendario. Durante varios siglos alojó diariamente a miles de derviches que visitaban los lugares santos de Asia Central, como el mausoleo del sufí Bahaudin Naqshbandi (que se haya en este caravanserai), o la tumba de Khodja Akhmet Yassawi, en Turkestan (Kazajstán), un sufí y poeta que mezcló el Sufismo con elementos chamanes.

En este caravanserai se practica un Zikr silencioso. Pero, en mi opinión, lo mejor de alojarse en este caravanserai es el encuentro con verdaderos derviches, cuya conversación con ellos, y de acuerdo a tu nivel de desarrollo personal, te puede aportar conocimientos extraordinarios sobre el paradero de tekkes secretos en los valles casi impenetrables de la República Autónoma de Gorno Badakhshan, en el Pamir tadjiko.

 Durante mi futuro viaje a estos valles remotos del Pamir, en el año 2010, me alojaré de nuevo en este caravanserai para tratar de hacer amistades claves con derviches que me orienten sobre estos tekkes secretos.

- Ashrams de Himachal Pradesh y cuevas habitadas por Yogis en las fuentes del Río Ganges.

Cueva Pracheen Gufa, al norte de Gangotri, frontera con Tibet. Baba Ashoka Nanda inicia en el Hinduismo a una peregrina francesa. Yo estoy a la izquierda, preparando té, en los huesos (en esa cueva adelgazarás muchos kilos). Se comen hierbas, se bebe té salvaje y agua del río Ganges, no se come carne ni se bebe alcohol. Para el sustento dependes de los visitantes peregrinos que traen comida y te regalan chapati y algunos dulces, pero no cada día. En esas cuevas se aprende a vivir frugalmente y a valorar las cosas básicas pero importantes de la vida. En la actualidad, Baba Ashoka Nanda se halla en Japón, pero hay más cuevas donde los saddhues te aceptarán a pasar una temporada en ellas y te enseñarán a valorar las cosas pequeñas.

- El Monasterio Gelugpa de Tawang, en Arunachal Pradesh, India

Monasterio de Tawang, Arunachal Pradesh, India (aceptan extranjeros a quedarse todo el tiempo que lo deseen. Normalmente un monje te invitará a pernoctar en su propia vivienda, dentro del complejo monacal, como me sucedió a mí, y ni siquiera tuvo que consultarlo; agasajar a los visitantes es algo normal en Tawang. Es el segundo monasterio Gelugpa más grande de Asia, tras el Potala, pero mientras el Potala es hoy un museo, Tawang es un monasterio activo, donde permaneció un tiempo el XVI Dalai lama cuando huyó del Tibet).

- Centro de Chamanismo “Los Pilares del Lena”, República de Sakha (Yakutia).

Yakutia es una enorme república rusa sita en Siberia. En ella la inmensa mayoría de los nativos profesa el Chamanismo, como todas las etnias autóctonas de Siberia. El chamanismo es una comunión con la Naturaleza, es sabiduría natural.

Uno de los lugares más espectaculares adonde acuden en peregrinaje los yakutos es a Los Pilares del Lena, un Parque Nacional en una isla del Río Lena, a un día en barco al sur de Yakutsk, donde un matrimonio de chamanes realiza ritos ancestrales a la Naturaleza junto a un tótem de piedra rodeado de árboles con trapos de colores colgando, más monedas de rublos, galletas y hasta cigarrillos y vasos de vodka alrededor, para alimentar a los espíritus. Tras el fuego sagrado vienen las danzas alrededor de la hoguera.

Ese matrimonio chamán es muy accesible (él va vestido de blanco y ella de verde), y ambos cónyuges hablan el ruso correctamente, gracias a lo cual uno puede comunicarse con ellos y hacerles preguntas acerca de sus creencias ancestrales, que se remontan a los orígenes del ser humano, cosa que yo hice con el marido durante mi viaje a esa isla en Agosto del año 2009. Tras la charla con el chamán me quedé sobrecogido y durante un día entero no hablé con nadie más, de lo conmovido que estaba.

 - Ciudad sagrada kurda de Lalish

 Lalish

Estoy con Baba Cawis en Lalish. A notar a la izquierda, sobre el sofá, el símbolo del pavo de siete alas con doce plumas

Encontré sobre una pared de Lalish el pavo real con las doce plumas. Representa al ángel Melek Taus

Lalish es el centro espiritual de los Yesidis (o Yazidíes). Allí está la tumba del mayor de los profetas de los Yesidis, Seikh Adi, conocido por los musulmanes como Adi ibn Musafir al-Umawi, un maestro Sufí descendiente del cuarto Califa Omeya.

Hoy ya es posible penetrar fácilmente en el Kurdistán iraquí, en su capital Erbil, a través de la ciudad turca de Silopi, donde te gestionan en un periquete el transporte para penetrar en el Kurdistán.

 En el año 2001 viajé por dos semanas por Irak, en los tiempos de Saddam Hussein, pero iba acompañado de cuatro viajeros españoles y de un guía iraquí, requisito inevitable para poder entrar en el país. Una de las excursiones más exóticas que realizamos fue a las afueras de Mosul, a unos poblados kurdos donde visitamos un monasterio activo de cristianos nestorianos, más una villa de Yesidis o adoradores del Ángel Caído, que practican el Sema, como los derviches Mevlevi. Pero no fuimos a Lalish, algo que haría en el año 2014.

Plan del Monasterio Asirio de Deyrulzafaran, en Tur Abdin (o la Montaña de los Siervos de Dios)

El laberinto del Monasterio de Deyrulzafaran

Los monasterios de los Balcanes y de Mesopotamia. Sabios, santos y viajeros

En Agosto del 2014 aproveché que había ahorrado 1000 euros trabajando en hostelería unos meses antes, para invertirlos en la adquisición de Baraka y conocimientos a través de los estudios sobre personas sabias y visitando monasterios de diversas regiones que resolví conocer mejor, como son las Montañas Ródope, Tur Abdin más Lalish. De regreso a España, por tierra, atravesando Anatolia en autobuses y el Estrecho de los Dardanelos en barco, me detuve unos días en los mausoleos de Mulláh Nasrudin (en Aksehir) y de Jalaladin Rumi (en Konya), para finalmente penetrar de nuevo en los Balcanes y allí realizar la Ruta Transrománica, visitando diversos monasterios serbios (principalmente Studenica y Zica) para saber más acerca de los viajes de San Sava. También exploré los alrededores del Lago Ohrid para conocer mejor la vida y obras de los hermanos San Cirilo y San Metodio.

Los viajes de San Sava por los Balcanes, Asia Menor, Egipto, Tierra Santa y el Monte Athos (fundó allí el Monasrterio Serbio Chelandariou)

 

Ha sido un viaje corto pero muy fructífero. De entrada, en Sofía, adonde volé con una compañía de bajo coste, antes de acometer mi empresa visité una de las iglesias más antiguas del mundo cristiano (erigida por los Romanos en el siglo IV): Sveti Georgi, mi patrón, para acogerme a su protección, y me guardé en el bolsillo del pantalón, a manera de talismán, una moneda búlgara de 1 Leva con la efigie de San Juan de Rila. Tras ello abordé un tren a Plovdiv y después un autobús al Monasterio de Bachkovo, donde me alojé en una de sus celdas monacales.

En el Monasterio Asirio de Deyrulzafaran, en Tur Abdin, donde sus monjes hablan el Arameo (la lengua de Jesucristo), fue donde me sentí profundamente afligido al serme relatada la dramática historia de los Asirios, cuyos misioneros Nestorianos alcanzaron China en el año 635. Fue en esa región donde nació el gran sabio San Efrén.

Los turcos y sus aliados los kurdos, durante y tras la Primera Guerra Mundial, no solo cometieron el genocidio contra los Armenios (un millón y medio de ellos fueron exterminados), sino también contra los Griegos Pónticos (medio millón fueron exterminados) y también contra los Asirios Caldeos (sobre 300.000 fueron exterminados), y sus tierras fueron robadas.

Los Asirios tuvieron la desgracia de que los franceses e ingleses concedieron  Tur Abdin a la Turquía actual al concluir la Primera Guerra Mundial, tras el colapso del Imperio Otomano.

Y por si esto fuera poco, Saddam Hussein cometería, contra las etnias no árabes del norte de Iraq, otro pogromo en las etapas finales de la guerra entre Iraq e Irán (1980-1988), donde murieron muchos miles de Asirios, Yazidíes y Judíos (además de Kurdos).

De las aproximadamente 2500 iglesias y monasterios asirios que existían en Tur Abdin en los primeros tiempos del Cristianismo, hoy quedan apenas dos docenas. El milenario monasterio de Deyrulzafaran, con su templo subterráneo donde hace 4000 años se veneraba al sol, es uno de ellos.

Finalmente, los Yazidies de Lalish, en el Kurdistán Iraquí, me enseñarían los ritos y la historia de la primera religión de la Humanidad, que dio lugar al Mazdeísmo. Tuve oportunidad de conversar (por medio de un intérprete) con uno de sus líderes en el templo principal de Lalish.

Regresé a España con solo un mapa de Kurdistán comprado en Erbil y la moneda búlgara de 1 Leva como todo “souvenir” material, pero repleto de conocimientos de incalculable valor sobre lugares mágicos, sobre sabios como Mullah Nasrudín, santos como Milarepa y viajeros como Xuanzang.

Estas son algunas de las fotos sobre algunos de estos lugares que exploré:

 

El Monasterio rojo de Zica, femenino. Me enamoré platónicamente de una joven monja muy bondadosa

Konya. Representación del tekké derviche fundado por Mevlana

 

El fabuloso Monasterio Bachkovo. Vista desde mi celda

El símbolo del Monasterio Studenica. La cruz sobre un ancla representa la esperanza en la Resurrección

 - El Satra de Kamalabari, en la isla de Majuli sobre el Río Brahmaputra, Assam, India

En el año 2006 viajé a las “Siete Hermanas”, o esos siete estados indios, todos conflictivos, embutidos entre Tibet, Bhutan, Bangladesh y Myanmar. En la Isla de Majuli viví tres días en el Satra de Kamalabari gracias a la generosidad de su Satradhikar. La experiencia fue sobrecogedora. Aquí abajo reproduzco lo que escribí en mi cuaderno de bitácora la primera noche, antes de acostarme en mi celda:

 ”Esa noche, a las siete, cuando había oscuridad absoluta sobre la isla, bajé de mi celda al templo y me instalé sobre el suelo en posición de flor de loto. En el altar había una estatua representando a Krishna. Pronto iba a ser testigo privilegiado de una extraordinaria e insólita ceremonia hindú con danzas incluidas.

Al rato aparecieron alrededor de cuarenta monjes vestidos con túnicas impecablemente blancas y turbantes sobre sus cabezas, que interpretaron danzas armoniosas a ritmo de tambores de dos caras y címbalos. También cantaron y se leyeron letanías. Hubo períodos en los cuales solo sonaban los tambores, otros solo los címbalos, y más tarde eran interpretados al unísono los dos instrumentos, hasta que los propios músicos caían en éxtasis. Noté cómo gotas de sangre les brotaban de los dedos a los jóvenes monjes que tocaban los tambores debido a la fuerza y la pasión con que los golpeaban con las palmas de sus manos. En cierto momento me pareció que todos los monjes, sin excepción, habían caído en estado de trance, como si fueran derviches Mevlevi. Solo yo estaba “normal”.

El ambiente en ese templo era trascendental y me hizo sentir en otro mundo. Algunos monjes superaban los cuarenta años de edad, pero otros no debían de tener más de diez, y sin embargo también ellos estaban en un estado de enajenamiento. El hecho de que la luz de unas bombillas se fuera y viniera continuamente, la lluvia del exterior más los rayos y truenos del monzón, más las gotas de sudor que se caían sin parar de mi frente, los mosquitos que no nos dejaban en paz y las ranas que invadían el templo saltando por entre los monjes, aportaban a ese lugar una atmósfera alucinante.

Al cabo de una hora y media la ceremonia concluyó. Todos los monjes estaban exhaustos, y yo también como espectador. Nos dirigimos al refectorio para la cena, y poco más tarde subí a mi celda y me acosté”.

 - Phuktal Gompa en Zanskar, India

Phuktal Gompa apareció ante mí de manera inesperada, pues ignoraba su existencia. Me hallaba en el invierno de 1989 realizando el trekking de Zanskar, desde Lamayuru (Ladakh) a Manali (Himachal Pradesh). Estaba cansado tras más de 10 horas caminando sin parar, sin comida, bebiendo agua de los ríos. Y de repente me encontré con el monasterio y ascendí a él. Los monjes me trataron muy bien y me dejaron dormir, alimentando mi cuerpo y mi alma con su misericordia.

- El cenobio de sadhues de Kuruksetra, India

- Los numerosos templos budistas de Bodhgaya, en Bihar, India, y de Lumbini en Nepal

Este es el famoso Vulture’s Peak (pico del buitre), a pocos kilómetros en burro de Rajgir (estado de Bihar). Fue aquí donde Buda dio una serie de conferencias de trascendental importancia. Siempre está lleno de monjes meditando, tanto indios como extranjeros.

 

- El peregrinaje al Pico de Adán, Sri Lanka

- El peregrinaje por la Ruta de Kumano Kodo (el equivalente japonés del Camino de Santiago)

(En la fotografía, tomada a finales de Noviembre del 2009, asgo la “Compostela” de madera bajo el Torii más grande de Japón, a la salida del Kumano Hongu Taisha).

He de reconocer que a nivel místico me decepcionó el peregrinaje Kumano Kodo. Encontré mucho más fervor religioso en la ascensión al Fuji Yama (Japón) o al Pico de Adán (Sri Lanka), por no hablar de la vehemencia de los peregrinajes hindúes y budistas de la India. Eso sí, el paisaje del Kumano Kodo es extraordinario y bellísimo, totalmente montañoso; se atraviesan bosques de cedros, exuberante follaje, ríos, la gran cascada… pero no hay el mismo “feeling” que en el Camino de Santiago, en España. Los Oji, o templos del Kumano Kodo, suelen estar abandonados (¡muy útiles para dormir gratuitamente!), y a la llegada al santuario Kumano Hongu Taisha, la meta de las tres variantes del Kumano Kodo (yo elegí la Nakahechi, la que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), los monjes shintoístas van a lo suyo y no te hacen ni caso al verte llegar; no les importa que hayas efectuado el peregrinaje a pie (en Santiago de Compostela te dedican la “Misa del Peregrino” y te dan de comer gratis 3 días en el Parador de los Reyes Católicos en la Plaza del Obradoiro) y te niegan el alojamiento, por lo que al final me tuve que ir a pasar la noche debajo de un puente y comerme una sopa de fideos de sobre.

Lo único, en el edificio equivalente a la “Casa do Dean”, en el pueblo, al presentar la Credencial del Peregrino con los sellos de los Oji del camino, te entregan una “Compostela” de madera y todos los empleados, siguiendo la orden del jefe de ellos, con sonrisa abierta te saludan al unísono inclinando el cuerpo hacia delante hasta alcanzar los noventa grados, en señal de respeto.

 

 

- El Monasterio Budista Zen Bukkokuji, en la Prefectura de Fukui, Japón

Monasterio Bukkokuji en invierno. Japón (aceptan extranjeros, días, meses y hasta años, pero previamente has de solicitar ser admitido). Roshisama, el maestro, habla inglés. Combinan los sistemas de enseñanza Rinzai y Soto. En Bukkokuji aprenderás el valor del aquí (koko) y del ahora (ima).

 

BUDISMO EN MYANMAR:

Myanmar es un país fabuloso, uno de los pocos de nuestro planeta donde aún quedan lugares extraordinarios e ignotos para el viajero osado, y donde se localizan monasterios donde monjes sabios imparten enseñanzas que te ayudan a desarrollar el ser.

Penetrar en varios de sus siete divisiones administrativas y sus siete estados habitados por etnias sin par requiere permisos de laboriosa consecución debido a los conflictos étnicos.

La población es abrumadoramente Budista, seguidores de la línea Theravada, o “Enseñanza de los Ancianos”. Los habitantes del antiguo Reino de Arakán fueron de los primeros en convertirse al Budismo en tiempos de Buda. Según una leyenda, Buda “voló” desde la India y apareció junto a 500 discípulos en el Reino de Arakán, en el actual Monasterio , en Dhanyawadi (ver la foto más abajo de Buda con los 500 discípulos). Desde Mrauk-U me tomó 2 horas llegar a ese monasterio en un jeep, junto a otros viajeros.

Recientemente (año 2012) he visitado media docena de estos monasterios como turista, casi todos en el antiguo Reino de Arakán, y no he pernoctado en ninguno de ellos. Sus monjes me han parecido admirables. Se precisaría un visado de larga duración en el país para permanecer en ellos y aprender de sus enseñanzas. Por las calles de Yangon leí algunos letreros en inglés donde se invitaba al extranjero a ingresar en monasterios budistas.

Las cuatro fotos son del antiguo Reino de Arakán, y las dos últimas pertenecen al monasterio de Kha Khat Wain Kyaung, en Bago, visitado a diario por docenas de occidentales. En la última foto, que me hizo un budista tailandés, doy de comer a los monjes con frutas y mazorcas de maíz que compré en la calle. Esa es su única comida diaria.

 

 BUDISMO EN RUSIA:

El Budismo es una de las cuatro religiones tradicionales reconocidas en Rusia, junto al Judaísmo, el Islam y el Cristianismo Ortodoxo Ruso (pero no el Catolicismo). Los monasterios budistas en Rusia, una cincuentena, son abrumadoramente tibetanos de la escuela Gelugpa, o seguidores del Dalai Lama, por lo tanto Lamaístas, y sus practicantes se localizan principalmente en las Republicas de Buriatia, Tuva, Kalmikia, más en el Zabaikalski Kray.

 Convivir con los monjes en un datsan ruso te será casi imposible. Personalmente, solo en el de Severobaikalsk (República de Buriatia) fui aceptado por unos días nada más. Por el contrario, en India, si eres respetuoso y muestras deseos de aprender, serás acogido con alegría en cualquier monasterio tibetano, sea Gelugpa, Kagyupa, Nyingmapa o Sakyapa. Por ello aquí detallo varios monasterios budistas rusos a modo informativo, sin esperar aprender mucho de ellos a nivel interior, ya que son de difícil acceso para los extranjeros.

 Practicar Budismo de manera seria en cualquiera de sus variantes, como la tibetana, no es para curiosos, pues, por ejemplo, te requerirá invertir unos veinte años de tu vida en dominar de manera aceptable las enseñanzas tántricas del Kalachakra.

 Al igual que el Camino del Viajero, el Camino del Monje también te tomará veinte años de tu vida si quieres llegar a la maestría. Yo elegí el primer Camino, el del Viajero, por ser más de acorde con mi naturaleza nómada, pero siempre que puedo me nutro de vislumbres de sabiduría en esos datsanes conversando con los lamas, aunque no pernocte en ellos.

De las dos decenas de monasterios rusos, o datsanes, que he visitado, los que más me impresionaron, tanto por su arquitectura como por sus lamas, y que aconsejo visitar, son los siete siguientes:

 - Datsan Aginsk

Está considerada la segunda lamasería más importante en Rusia, tras la de Ivolginsk, pero es más inaccesible para los turistas (a unas 3 horas en autobús desde Chita, en dirección a Mongolia), y yo diría más “auténtica”. Impacta más que el Datsan Ivolginsk.

- Datsan de Chita

En las afueras de esa ciudad, la capital de Zabaikalski Krai. Se incendió a principios del siglo XX y solo recientemente se reconstruyó. Yo tuve la fortuna de asistir a su inauguración en Septiembre del año 2009. Uno de sus lamas me condujo después a la Representación del Datsan Aginsk en Chita, no muy lejos de la estación de tren, pero si no se conoce el edificio pasa desapercibido. Fue allí donde los monjes me dieron las instrucciones para poder llegar en autobús al Datsan Aginsk.

Llovía el día que visité este Datsan. Todos los lamas eran del Datsan de Aginsk.

 - Datsan Ivolginsk, cerca de Ulan Ude (República de Buriatia).

Es el centro budista de Rusia, y por ello merece ser visitado. Es allí donde se halla, desde 1927, en posición de flor de loto, el cuerpo incorrupto del fallecido lama Dashi-Dorzho Itigilov.

- Datsan de Elista, República de Kalmikia

Se encuentra a pocos centenares de metros de City Chess, una ciudad dedicada íntegramente al ajedrez.

Monasterio budista tibetano (Gelugpa) en Elista. (Hay varios monjes tibetanos venidos de la India, pero solo aceptan extranjeros para los servicios religiosos, sin posibilidad de pernoctar, o al menos a mí no me lo permitieron y tuve que irme a dormir al terminal de autobuses). Dentro de Rusia es el monasterio budista tibetano más cercano para un español, pues se halla en Europa, al norte del Cáucaso.

 - El Datsan Tsechenling, en Kyzyl.

Ya de por sí, la República de Tuva merece ser visitada por todo viajero que atraviese Rusia, cuanto más su exótica capital Kyzyl, en cuyo centro se encuentra este monasterio, frecuentado exclusivamente por tuvos; jamás vi a ningún ruso en sus ceremonias durante los días que pasé en esa original ciudad.

Interior del monasterio de Tsechenling. Cuando, tras la ceremonia, introducía un billete de rublos en el cepillo, junto al retrato del XIV Dalai Lama, los fieles me miraban con asombro. Todos eran tuvos y mongoles, pues la frontera con Mongolia se halla a pocos kilómetros de Kyzyl.

 - El Datsan de Severobaikalsk,

En la línea férrea BAM (Baikal Amur Magistral). Se halla a apenas doscientos metros del Lago Baikal, lo que le confiere una situación original y única. Dentro de los muros del recinto estaban construyendo (Julio del 2009) una especie de albergue para visitantes, donde cualquier turista puede pernoctar y participar en las ceremonias budistas.

A notar los aspectos chamanistas en este monasterio (los palos con banderolas y trapos, que se encuentran hasta en el sendero que conduce al Lago Baikal), y es que los buriatos no pueden evitar ser chamanistas al mismo tiempo.

 - Datsan Gunzechoinei, en San Petersburgo.

Fue erigido a principios del siglo XX, en tiempos del Zar Nikolai II, por deseos de Agvan Dorjieff (un lama buriato, reformador budista y tutor del XIII Dalai Lama, que actuó como “espía” para Rusia en “El Torneo de Sombras”, denominado “El Gran Juego” por los británicos). El diseñador de las cristaleras fue Nicolai Roerich. Se halla en Primorsky Prospekt 91.

 

 MONASTERIOS EN CHINA

(Pronto detallaré una docena más de monasterios budistas y taoistas que he visitado durante mis siete viajes a China. Me sorprendió la religiosidad de los chinos a pesar del comunismo. China está repleta de monasterios sorprendentes de las religiones principales de la Humanidad).

Visité el legendario monasterio de Shaolin motivado por la serie de Kung-Fu que veía por la tele en mi adolescencia, pero no por el interés por las artes marciales, las cuales me son indiferentes, pues siempre evito la violencia. Me quedé a dormir allí dos noches, pero no como un monje, sino como un turista en un hotel en el interior del monasterio. Mi mejor hallazgo fue esta estatua del fundador del monasterio, el gran sabio Bodhidharma (nacido en la India), que en China conocen por De Mo. Siento que  al visitar lugares donde han estado sabios, santos o viajeros, mi alma se nutre de baraka.

Cerca de Shaolin se halla un monasterio taoista ignorado por los turistas, e incluso por los viajeros, tanto extranjeros como chinos. Se llama Zhongyue y se ubica entre cinco montañas sagradas para el Taoismo (Songshan). Esas montañas fueron visitadas por el legendario sabio Lao Tsé, fundador del Taoísmo, cuya estatua acaricio para recibir baraka. Me sentí mucho mejor en Zhongyue que en el comercializado monasterio de Shaolin (que está lleno de shows para los turistas).

 

En Beijing visité el Monasterio (más bien templo) de Baiyunguan (La Nube Blanca), taoísta. Curiosamente, la posición de las manos al caminar es similar a la que me enseñaron en un monasterio Budista Zen del Japón.

ESCULTURAS RUPESTRES DE DAZU (en el Monte Baoding)

Círculo de la vida. Estas esculturas religiosas (mezcla de Budismo tántrico, Taoísmo y Confucionismo) representan todas las facetas de la vida humana. Son sabiduría en piedra. Todo está en ellas para que el que sepa ver vea, y el que sepa comprender comprenda. El autor fue el monje sabio Zhao Zhifeng en el siglo XII.

 

Los seis animales controlados. Situados bajo el Buda Maitreya. El mono simboliza el corazón de cada uno. Los seis animales representan los seis sentidos del hombre, vista, oído, olfato, tacto, gusto, y el sexto sentido es la intuición. Todos los sentidos dependen del corazón.

 

Representación de la piedad del Buda Sakyamuni

 

MONASTERIOS EN ESPAÑA

En España tenemos la inmensa fortuna de poseer numerosos monasterios de entre los más instructivos del mundo para elevar el ser.

Poco a poco iré anotando los que me han parecido más fabulosos y didácticos de la treintena de monasterios españoles que he tenido la fortuna de conocer. Algunos son de valor universal, por ejemplo los que contempla la UNESCO como Patrimonios de la Humanidad: San Lorenzo de El Escorial, San Millán de Suso, San Millán de Yuso, Poblet, y Real Monasterio Santa Señora de Guadalupe. Además, monasterios tan fantásticos e históricos como La Rábida o San Juan de la Peña, y el maravilloso Las Descalzas Reales (Madrid), además del Real Monasterio de San Victorián en Sobrarbe, Huesca, que fue el primero de España, son de ineludible visita para un amante de los monasterios españoles.

El monasterio El Palancar, de monjes franciscanos, entre Mérida y Cáceres. Está considerado el más pequeño del mundo. Aquí vivió San Pedro de Alcántara. Los monjes (había solo cuatro) me permitieron pernoctar en él.

Real Monasterio de Santa María de El Paular

Este monasterio (hoy benedictino) del siglo XIV es un “must” a visitar en España. Además de poder admirar su interior con ayuda de un monje (probablemente el Hermano Martín, que fue quien me atendió) y la serie de 52 cuadros de Vicente Carducho dedicados a la Orden Cartuja, uno puede pernoctar en una celda a un precio moderado (40 euros por día incluidas las tres comidas), lo cual es una experiencia muy recomendable pues se comparte la vida monacal. Se accede a él fácilmente desde Madrid, en autobús hasta Rascafría y unos 10 minutos a pie.

Los conocimientos impartidos en estos y otros cenobios son la llave que te señalará la senda hacia Shambhala. El resto correrá de tu parte.

La primera pregunta que te formularás en tu búsqueda, será: “¿Por qué estoy aquí?”.

En condiciones apropiadas, si eres sensible y aplicado, la propia acción del tiempo y un entorno favorable, de manera natural, te enseñaría la respuesta en el transcurso de una vida. Pero las situaciones adversas (como recibir una educación nauseabunda, como por ejemplo, y sin ir más lejos, España) te impedirán evolucionar de bípedo implume a hombre.

Los monasterios te mostrarán enseñanzas y técnicas para corregir estas anomalías y poder crecer interiormente.

En ellos no adquirirás “superpoderes” ni aprenderás a levitar. No. Simplemente aprenderás a ejercer de hombre.

Shambhala, para algunos conocida por Shangrila-la, o Agartha, o incluso Belovodie, no se encuentra en los mapas. Viajar a ella simboliza haber alcanzado la cima de uno mismo.

Si uno es diligente y adopta el Camino del Viajero, el promedio para empezar a vislumbrar Shambhala suele ser de veinte años, sin hacer trampas, pues la acción del tiempo es necesaria para consolidar los conocimientos que se van adquiriendo en el camino, y dependiendo de la calidad de tus esfuerzos. Aprenderás que no has de creer ciegamente en nada ni en nadie; solo has de creer en lo que tú mismo hayas adquirido con tu propio esfuerzo. Y entonces sentirás la obligación de actuar en consecuencia.

 Es un viaje que te transformará, irremediablemente. Piénsalo bien antes de emprenderlo.

De la misma manera que cuando te despiertas descubres que lo que habías tomado por la realidad un rato atrás era un sueño, cuando emprendas el viaje a Shambhala sentirás que tu vida hasta entonces era Maya, ilusión, y si no dominas la nueva situación ya no desearás regresar a tu estado anterior.

 En el fondo, todo buen viajero busca Shambhala. Un buen principio para comenzar a buscar Shambhala, podría ser viajar a los siete lugares siguientes y extraer los conocimientos que detallo, a la manera de una abeja que liba el néctar en flores selectas:

 1 – Peregrinar a pie a Santiago de Compostela

2 – Resolver Koans en un monasterio Zen japonés

3 – Danzar el Sema con los derviches Mevlevi de Konya

4 – Practicar el Zikr con los sufíes Naqshbandi de Bujara

5 – Estudiar la Filokalia en los cenobios del Monte Athos

6 – Recitar el Mantra de los Rishis de las cuevas del Himalaya

7 – Aprender a desplazar tu ser entre los siete Chakras

 Solo entonces habrás desarrollado substancias sutiles en tu ser y te hallarás en el camino a Shambhala. Comprobarás que no se trata de un lugar geográfico. Te apercibirás que estaba más cerca de lo que creías en un principio, mirarás dentro de ti y la verás en tu corazón, en el chakra Anahata. Pero también comprenderás que para llegar a Anahata te fueron necesarios esos largos viajes.

Cuando regrese de mi séptima vuelta al mundo proseguiré completando este apartado y el modo de pagar tu deuda con la vida para alcanzar la plenitud como ser humano; es de bien nacido ser agradecido y para ello hay que pagar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Mientras tanto te deseo buenos viajes y ¡ojalá te unas en mi búsqueda de Shambhala!