VIAJAR EN TRENES

 

(Marco con flechitas mis rutas principales y más largas por tren. Tengo muchos vacíos. Espero ir llenando el mapamundi con más flechas por USA, Canadá, Argentina, Escandinavia y Tíbet en un próximo futuro)

 

Soy un enamorado de los viajes en tren. Todavía recuerdo con nostalgia la frase de “¡Viajeros al tren!” que pronunciaba el jefe de la estación de trenes de Barcelona cuando de niño íbamos toda la familia al pueblo de mi madre en la provincia de Teruel. El avión lo evito por resultar caro y perderme lo que hay entre el origen y el destino. En el autobús uno viaja como las sardinas, encajonado. En barco se suceden los días y solo se ve mar. Pero en el tren uno admira ambos lados del paisaje, te puedes levantar, pasear entre los vagones, tomarte un café en el vagón restaurante, bajarte en las estaciones por unos minutos, hablar con los compañeros de viaje, interactuar con ellos, practicar sus lenguas y compartir comidas… Por otra parte, en los alrededores de las estaciones de trenes se desarrolla la vida social y es fácil hallar alojamiento a buen precio, a veces dentro de las mismas estaciones, por un puñado de rupias, de rublos o de yuans.

 

En Abakán, Republica de Khakassia, tuve que esperar hasta la madrugada para abordar un autobús a Kyzyl, capital de la República de Tuva, donde no hay tren ¿Dónde dormir? Los hoteles eran caros y, además, siendo extranjero me exigían pagar una tarifa más alta que a los rusos. Así que me fui a la estación de tren, que ya estaba cerrada, pero no así la puerta al monumento al tren que se hallaba enfrente. Con la ayuda de mi bufanda, que usé a manera de soga, pude trepar arriba y me instalé en la sala de mandos de la locomotora, tumbándome a dormir con placidez hasta que me despertó el sol.

 

Viajar en tren, tomarme una cerveza local en el mercadillo central y visitar el templo o monasterio más sagrado del lugar, son tres de los primeros objetivos que persigo al entrar en un nuevo territorio.

 

En el Sur de la India viajé durante unas semanas con una viajera española (María, de Almería) pero que vivía desde niña en Suiza. En Mysore tomamos el Toy Train para alcanzar Kerala y viajar allí en barco por los famosos Backwaters. Ella tuvo que viajar en el vagón de las mujeres y yo en el de los hombres. Los indios son muy curiosos, así que durante todo el trayecto me acribillaron a preguntas sobre mi vida privada (si mi gobierno me pagaba el viaje, si María era mi esposa, que cuales eran mis estudios, cuántos hermanos tenía, etc.), mientras que María pasó el tiempo conversando con las mujeres haciendo amistad con la madre de la niña de la foto, que me regaló cuando tiempo más tarde nos reencontramos en París.

 

Viajar en trenes por la India es una manera de comprender la idiosincrasia de ese fabuloso país. Las estaciones de trenes se suelen convertir en dormitorios al caer la noche, tanto fuera como dentro. En estados como Rajastán, las gentes suelen viajar sobre los techos de los vagones ¡gratuitamente, claro!

He aquí algunas fotos recientes que tomé a finales del año 2014:

 

 


 

 


Yo siempre viajaba en clase Sleeper

 

 

En Malasia he utilizado el tren en dos ocasiones. Una fue para dirigirme a Butterworth y allí embarcarme en el famoso Yellow Ferry a la Isla de Penang. Y la otra para visitar las espectaculares cuevas de Batu, con estatuas hindúes. Este último tren llevaba vagones donde estaba escrito en malayo y en inglés: Coach for ladies only (vagón solo para mujeres).

 

He realizado trayectos de tren que ya no existen, como el famoso Tren de la Jungla de San José a Puerto Limón, en Costa Rica, o el mítico de Bamako a Dakar. Y hace poco me enteré por un club de amantes de los viajes en tren que el trayecto Brasilia – São Paulo, llamado Trem Bandeirante, que realicé en el año 1986, había dejado de funcionar. Hace poco se interrumpió el servicio del legendario Orient Express. El de los volcanes, desde Quito a Guayaquil, en Ecuador, también desapareció hace años.

Por ello invito a todos los viajeros a dar preferencia a este modo de locomoción antes de que nos quedemos sin él.

No todos los países poseen trenes, pero sí la mayoría (unos 150), y se puede dar una vuelta al mundo en trenes, salvo los cruces de los océanos Atlántico y Pacífico.

Los 5 trayectos de tren más largos del planeta son los siguientes:

 

1 – Rusia. Moscú – Vladivostok, 9259 kilómetros, 178 horas

2 – China. Guangzhou – Lhasa, 4980 kilómetros, 55 horas

3 – Canadá. Toronto – Vancouver, 4466 kilómetros, 86 horas

4 – Australia. Perth – Sydney, 4352 kilómetros, 65 horas

5 – India. Dibrugarh – Kanniyakumari, 4273 kilómetros, 82 horas

 

En el año 2012 inicié en Perth el cuarto trayecto en tren más largo del planeta. Quedé un poco desilusionado, pues en las escasas paradas que hizo no me dejaron bajar, solo en aquellas donde se vendía un tour por los alrededores (que yo no compré).  Esas excursiones se llamaban Whistle Stop Tours. En Kargoorlie te mostraban antiguas minas de donde se extraía el oro a finales del siglo XIX, mientras que en Cook, una aldea fantasma con solo 4 habitantes, te llevaban a explorar la naturaleza de la Llanura de Nullarbor. En Port Augusta no propusieron ningún Whistle Stop Tour, pues todos los pasajeros dormían.Pero todo quedó compensado por lo exótico de cruzar toda Australia en tren, del Océano Índico al Océano Pacífico.

 

En Australia existen cuatro trayectos principales de trenes:

- El Indian Pacific, de Perth a Sydney

- El Ghan, de Darwin a Adelaide

- El  Overland, de Adelaide a Melbourne

- El Southern Spirit, de Adelaide a Brisbane

Yo he podido abordar dos de estos trenes. Los dos mejores recorridos son el Indian Pacific y el Ghan. Si se posee un carnet de estudiante (que te venden en Bangkok por apenas 4 euros) se consigue un 50 por ciento de descuento en los billetes de tren ¡Y ese fue mi caso!

 

 

Países como India, China y Rusia son paraísos para los amantes de los viajes en tren, y además, es la manera más barata de viajar en ellos y de relacionarse con los nativos. Viajar en el tren Transiberiano y sus variantes (Baikal Amur Magistral, o BAM, y Amur Yakutsk Magistral, o AYM) son logros viajeros de gran envergadura. Sin embargo, en Estados Unidos y Canadá, viajar en tren resulta más caro que en autobús o, incluso, que tomar un avión, por eso en esos dos países solo he tomado trayectos cortos en tren. En Europa existe el Rail Pass, con buenos precios para viajeros jóvenes si viajan mucho y rápido durante un mes.

Estación de tren AYM de Neriungri, en Yakutia, Rusia

 

Los cinco países con más kilómetros de línea férrea son, por orden de mayor a menor: Estados Unidos, Rusia, China, India y Canadá. Le siguen por poco Alemania, Australia y Argentina. España, con 16.000 kilómetros, está dentro de los veinte primeros.

 

Foto que tomé en algún lugar de Siberia sobre el esquema de las líneas férreas en Rusia y los países de la antigua Unión Soviética, desde Murmansk a Vladivostok, pasando por los países de Asia Central y el Cáucaso

Tras un trayecto en tren de 40 horas, desde Moscú a Vorkuta, en la República de Komi, para presenciar el 7 de noviembre la famosa carrera anual de renos con participación de todos los pueblos esquimales de Siberia, Alaska, Canadá, Groenlandia y Escandinavia, hice amistad con casi todos los pasajeros de mi vagón, que me invitaron a quedarme con ellos en Vorkuta mientras duró la carrera

Hay trayectos en tren que han dado nombres a películas o canciones (El Puente sobre el Río Kwai, o el tema de Marrakesh Express, de Crosby, Stills and Nash), mientras que otros son considerados Patrimonios de la Humanidad por la organización UNESCO, así como algunas estaciones de trenes. Por ejemplo:

 

-         Ferrocarril Rético por las montañas suizas

-         Ferrocarril de Semmering, en Austria

-         Ferrocarriles de Montaña de la India

-         Estación Chhatrapati Shivaji, en Bombay

 

Y si se toma el trayecto desde Palma de Mallorca hasta Sóller, se atraviesa el sitio UNESCO Sierra de Tramontana

Tomé este tren en Palma de Mallorca, y tras poco más de una hora y unos 28 kilómetros me depositó en Sóller, donde un tranvía me traslado a la playa. El servicio data de 1912.

Tardé unas tres horas en recorrer en este Ferrocarril Rético el tramo Sankt Moritz – Tirano. Tres horas en las que no dejé de mirar por la ventana

 

Algunas estaciones de trenes son extraordinarias y se asemejan a palacios, como la moscovita de Yaroslavsky, en Rusia. El maravilloso Museo de Orsay ocupa el antiguo edificio de la estación ferroviaria de Orsay, en París, y la estación de tren de Oporto está decorada con bellos azulejos explicando la historia de Portugal. La estación Saint Jean, de Burdeos, fue construida por Gustave Eiffel, mientras que la de Lieja lo fue por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava. La estación de Lvov, de 1904, está construida en estilo Art Nouveau. Hay estaciones que muestran solidez como un búnker, ya que fueron construidas por motivos militares. En España tenemos la preciosa estación de Canfranc, en Huesca, la de Valencia Norte, y la de Atocha con su jardín botánico.

 

Estación de tren en Lviv, bella cual un palacio

Esta estación de Kharkiv (Este de Ucrania) es muy atractiva

 

 La refrescante estación de Atocha, Madrid

España es un país pionero en la construcción de líneas férreas. El trayecto La Habana – Güines fue construido en el año 1837 (Cuba fue de España hasta 1898). Este trayecto, de los más antiguos del mundo, fue el segundo en toda América, solo por detrás de otra línea férrea fundada unos pocos años antes en Estados Unidos. En 1892, España construyó otra línea de tren en Filipinas, pocos años antes de perder este territorio debido a la guerra contra Estados Unidos. Ya en 1875 el rey Alfonso XII promulgó un decreto real para la construcción de una línea férrea en la Isla de Luzón.

 

La estación modernista de Valencia es de una gran belleza, tanto exterior como interiormente por la ornamentación a base de azulejos

En España Peninsular la primera línea de tren fue la que enlazó Barcelona con Mataró (en 1848), y la segunda unió Madrid con Aranjuez en 1851 (El Tren de la Fresa).

Un viajero, cuando visita México, no puede perderse el trayecto en tren Chihuahua – Los Mochis, atravesando las Barrancas del Cobre, el del Tren de la Muerte en Bolivia, o si va a Mauritania ha de embarcarse en el tren de Choum a Nouadhibou, probablemente el más largo del planeta.

Las estaciones te hablan de la cultura del lugar. Las de Argelia, como ésta de Orán, tienen forma de mezquita

 

En el año 2009 tuve la oportunidad de abordar el Denali Star Train, desde Anchorage a Fairbanks, Alaska. Fue la mejor forma de contemplar el pico Denali (McKinley), el más alto de América del Norte

Las azafatas del Denali Star Train son muy guapas. Salimos a las 8.15 de la mañana de Anchorage, paramos en Wasilla, Talkeetna, Denali, Fairbanks. Tardamos 12 horas en recorrer 600 kilómetros

 

El Rail Runner Express es un tren muy simpático que en las paradas y cruces pita con el típico bip bip del Correcaminos. De Santa Fe a Albuquerque (New Mexico, Estados Unidos) tarda aproximadamente una hora y media. Lo he cogido dos veces, ida y vuelta. Es mejor que el autobús, más barato, con el dibujo del Correcaminos pintado en el exterior de los vagones; parece un tren de parque temático para niños.

 

A veces las estaciones de los trenes se convierten en símbolos de una ciudad, como es el caso de la de Portland, en el Estado de Oregón. Go by Train (viaja en tren) dice el letrero.

 

 

 Las estaciones de trenes te dicen mucho sobre la cultura del país. Todavía hoy hay estatuas dedicadas a Lenin y a Dzerzhinski en algunas estaciones rusas, ucranianas y bielorrusas. A la salida de la estación de trenes de Génova se halla la estatua de Cristóbal Colón, y en la salida de la de Vicenza se yergue la de Antonio Pigaffeta, el cronista de la vuelta al mundo de Magallanes / Elcano.  En la estación de Ubon Ratchathani, adonde fui para conocer el Monasterio budista de los bosques, luce un retrato del Rey de Thailandia.

En la estación de Minsk, Bielorrusia, pude ver este mosaico dedicado al tren y a la Unión Soviética (en la sala de espera había una estatua de Lenin)

Hay trenes que son conservados en museos por su historia. Hace muchos años viajé al Lago Ladoga, desde la antigua Leningrado, y me encontré con un tren que era considerado héroe por haber salvado miles y miles de vidas durante el bloqueo de esa ciudad durante 900 días (de 1941 a 1945) recorriendo el Doroga Zhisni (Ruta de la Vida) llevando alimentos para los asediados. Otro tren que he tenido oportunidad de visitar es el de Gori, en la actual Georgia (el de la foto), dentro del museo dedicado a Stalin. Es el tren que el siniestro dictador utilizaba para sus desplazamientos por la entonces Unión Soviética. Fue en ese tren en el que Stalin viajó para participar en las conferencias de Yalta y Postdam.

Hasta la actualidad he tenido la oportunidad de viajar en trenes de unos ochenta países de los cinco continentes. Algunos tramos los recuerdo intensamente. Todavía siento la emoción de la visión del Lago Tanganica tras 40 horas de tren desde Dar es-Salam, los animales salvajes en el tramo Mombasa – Nairobi, lo exótico del trayecto desde Pyongyang, en Corea del Norte, hasta Dandong, en Liaoning, China, las vistas espectaculares montañosas del recorrido entre Trento y Innsbruck, las paradas interminables en medio del desierto entre Addis Ababa y Djibouti, o mis compañeros africanos de vagón en el tren desde Gabón a Congo por la jungla. En Sudáfrica me aconsejaban comprar pasajes de tren de primera clase, en vez de tercera, para no mezclarme con pasajeros de raza negra, pero yo siempre viajé en tercera y nunca me sucedió nada peligroso. En los trenes chinos, rellenos a tope de pasajeros, me han abierto la cocina para tumbarme a dormir sobre dos sillas, y en los trenes de Argelia, Marruecos y de Uzbekistán los niños han tirado piedras a mi ventana. Hay trenes en la India donde se puede viajar sobre el techo de los vagones, en el exterior (de manera gratuita), y en otros hay que tener mucho ojo en los túneles porque los vecinos de asiento te roban desvergonzadamente las cosas de tu bolsa cuando se hace la oscuridad, delante de tus narices (en el trayecto peruano Cuzco – Aguas Calientes).

Estación de tren de Chengdu. Los trenes en China salen llenos hasta los topes y en los suelos de las estaciones duermen cada noche familias enteras

Los trenes en China no tienen nada que envidiar a los europeos. En Tianjin, adonde había viajado para visitar el Barrio Italiano y la estatua dedicada a Marco Polo, tomé este moderno y ultra rápido tren hasta Beijing.

 

Exterior de la estación de tren de Hailar, en Mongolia Interior, con letreros en chino y en mongol. La cúpula representa una yurta mongola. Había tomado un tren en Harbin, Manchuria, con destino a la ciudad fronteriza de Manzhouli, para ver la plaza dedicada a las muñecas rusas matrioskas, y el tren hizo una escala de 12 horas en Hailar.

 

Este es el interior de la estación de Hailar. En la cúpula está representado Gengis Kan y la historia de los mongoles

 

El China Railway Museum, en Beijing. China se toma muy en serio el transporte ferroviario. El museo es muy didáctico y está situado al lado de Tiananmen

 

Los trenes japoneses son tan modernos como los chinos. Este tren de la fotografía me condujo desde Sapporo, en la Isla de Hokkaido, hasta Aomori, en la Isla de Honshu, atravesando el túnel Seikán, de 53 kilómetros de longitud, el túnel ferroviario más largo del mundo.

 

Cruzar fronteras en tren también impresiona. Lo normal es que los agentes de Emigración pasen por los vagones a sellar los pasaportes, pero a veces hay que descender a unas oficinas, donde te suelen pedir baksheesh (entre Georgia y Azerbaijan), o devolverte a origen por no darlo (como me sucedió en el trayecto entre Urumqui (Sinkiang, China) y Almaty (Kazakhstan).

Sí, los trayectos en tren, por una razón u otra, son inolvidables; son la quintaesencia de los viajes.

 

 Tomé un tren en Vientian, Camboya, con destino a Bangkok, Tailandia, atravesando el río Mekong

 

En 1996 tomé el tren desde Minsk, en Bielorrusia, hasta Kiev, en Ucrania. A su llegada a Kiev atraviesa el puente sobre el Río Dniéper. Es una imagen bella la de un tren cruzando un puente sobre un río.

 

En Xining (capital de la provincia de Qinghai) me impidieron abordar el tren a Lhasa debido a conflictos con los monjes budistas. Tuve que conformarme con visitar el vecino monasterio tibetano de Ta’er (Kumbum) donde vivió unos años la viajera Alexandra David-Neel

 

A bordo del Turk-Sib (Turkestan – Siberia Railway), en el trayecto entre Almaty y Tashkent, almorcé junto a un grupo de viajeros españoles en el vagón comedor, que era el centro de encuentro de los pasajeros. Yo estoy de pie, con la camiseta de rayas del Caco Bonifacio, pues les traducía el menú de los cocineros del ruso al español.

 

¡Atención! ¡Peligro de Muerte! dice el letrero de una estación de tren en Siberia

(Poco a poco iré insertando información interesante y fotos curiosas relacionadas con los viajes en tren)