Viajeros Celtíberos ignorados 

Viajando alrededor del mundo me he encontrado con numerosos monumentos en forma de bustos y placas dedicados a viajeros europeos, especialmente de Inglaterra y de Francia. Ingleses y franceses se enorgullecen, con toda la razón del mundo, de su Capitán Cook, de Livingstone y de Stanley, de Bougainville, de La Pérouse… y de algunos más (no muchos más, la verdad sea dicha), a los cuales dan mucho bombo.
Sin embargo, varios siglos antes que esos europeos, viajeros de origen celtíbero, tanto españoles como portugueses, ya habían estado en la mayoría de los lugares pretendidos por esos exploradores posteriores, y me daba rabia la “usurpación” de la historia de esos hallazgos a sus verdaderos descubridores. Celtíberos fueron los primeros europeos que se admiraron ante los templos de Angkor Wat, las ruinas de Persépolis, las Islas Hawaii, las Cataratas Victoria, las Fuentes del Nilo Azul y Blanco, el Cañón del Colorado, las Cataratas del Iguazú… y de un largo etcétera.

Aun hoy en día muchas islas en los océanos Atlántico e Índico continúan siendo conocidas por los nombres portugueses de Mascarenhas, Tristan da Cunha, Ascensión y Santa Elena, Juan da Nova, Diego García, Cargados Carajos, Fernando de Noronha, Almirante, Agalega, Rodrigues… Otras han sido cambiadas de nombre por los europeos que las conquistarían después a los portugueses. En cuanto a los españoles, que llegaron a descubrir para el mundo occidental el noventa por ciento de los archipiélagos del Océano Pacífico y bautizaron más de 200 accidentes geográficos de Alaska con nombres españoles, que fueron los primeros en viajar a tres continentes (Cristóbal Colón a América, Núñez de Balboa vio los Mares del Sur u Océano Pacífico, Magallanes viajó a Oceanía, Juan Sebastián Elcano a la isla Ámsterdam en Terres Australes et Antartiques Françaises, y Gabriel de Castilla a la Península Antártica), apenas en la actualidad quedan unos pocos lugares en Oceanía que recuerden la pionera presencia española: Islas Marianas, Islas Carolinas, Marquesas, Salomón, Espíritu Santo, Glaciar Malaspina, Estrecho de Torres…

Los portugueses dedican a sus exploradores “pedrãos” en muchos lugares de África, erigieron el Monumento a los Descubrimientos en el barrio lisboeta de Belem para honrar a Enrique el Navegante y los marineros posteriores, y hasta albergan las bellas tumbas de mármol de su poeta Luis Camões, que fue un gran viajero por Asia y el autor de Os Lusíadas, y de Vasco da Gama, en el Monasterio de San Jerónimo. Es ello lo que me ha animado a detallar una breve biografía de algunos viajeros celtíberos (los menos conocidos) que están siendo injustamente ignorados.

Los portugueses no ignoran a sus viajeros, ni los franceses, ingleses, italianos, alemanes, rusos, chinos… ningún país normal lo hace.

Hasta hace pocos años yo tenía una concepción del Gobierno de España más bien negativa a este respecto, pues viajando por las islas del Océano Pacífico no había encontrado ni rastro de nuestros descubridores. Sin embargo, durante mi sexta vuelta al mundo, al explorar la Isla Espírtu Santo (Vanuatu), después escalar en Honiara (Islas Salomón), y finalmente visitar la Isla Vavau (Tonga), encontré de manera inesperada, monumentos que España había colocado recientemente a Quirós, Mendaña y Mourelle (ver más abajo), lo que hizo que reconsiderara mi opinión. Y a mi regreso a Madrid descubro que una calle estaba dedicada a nuestro Ruy González de Clavijo.

Poco a poco iré incrementando esta lista, a medida que viaje a lugares que esos viajeros admirables visitaron e investigue un poco más acerca de la presencia celtíbera en el mundo.

Monumento a los portugueses que buscaron al Preste Juan (Port Elizabeth)

 Firma del Tratado de Tordesillas en 1494 entre España y Portugal

 

División del mundo entre España y Portugal

BENJAMÍN DE TUDELA

Fue un judío sefardí que nació en Navarra, como su apellido infiere, en 1130, y a sus 29 años partió hacia Oriente, aunque su finalidad no está clara; algunas fuentes afirman que comerciaba con piedras preciosas y coral, mientras que los israelitas (quienes le han compuesto una canción infantil y lo conocen por su nombre en hebreo de Rabbi ben Jonah) lo consideran un rabino que viajaba para localizar las Diez Tribus Perdidas de Israel.Benjamín hablaba varias lenguas, como el arameo, el griego, el latín, el hebreo y el árabe, además de poseer una formación de historiador. Su viaje se inició en Tudela y descendió por el Río Ebro a Zaragoza, Tortosa y Barcelona, subiendo a la Provenza. En Marsella se embarcó a Génova y posteriormente a Roma y Salerno, a continuación escaló en la Isla de Corfú y arribó a Constantinopla. Luego prosiguió a Chipre y alcanzó Próximo Oriente deteniéndose en Tierra Santa, Alepo, Damasco, Ammán, Bagdad, Basra, Hamadán, y circunnavegó Arabia. Se especula si, además, visitó la India, Ceilán y China por la descripción minuciosa que hace de las juderías en esos países. Regresó a España por mar vía Egipto y Sicilia.

Escribió un libro sobre sus aproximadamente 10 años de viaje (las fuentes oscilan entre un mínimo de 5 y un máximo de 14 años “on the road”) titulado Séller Maasaot (Libro de Viajes). Murió en España, en 1173.

En Mayo del 2009 realicé un viaje a Tudela con el principal objetivo de saber más acerca de él. En la Plaza de la Judería distinguí un busto, sin nombre. Adiviné que se trataba de él, de Benjamín, aunque nadie de los alrededores lo sabía, ni los dueños del bar de enfrente del monumento. Pero era Benjamín, sin duda, ya que el busto lucía una kipá en la cabeza. Además, una calle vecina se llamaba Benjamín de Tudela.

Pintura de Benjamín de Tudela.   Mapa mostrando el viaje de Benjamín de Tudela.

RUY GONZÁLEZ DE CLAVIJO

Nació en Madrid a mediados del siglo XIV (cuando Madrid no era aun la capital de España), y sirvió de camarero al Rey de Castilla Enrique III (El Doliente). Deseando establecer una alianza con Tamerlán para contrarrestar la amenaza turca, Enrique III despachó a Samarkanda a Ruy González de Clavijo junto a Mohamed Alcagi, consejero que a su vez le había enviado Tamerlán con multitud de regalos. Les acompañaban varios cortesanos cargados de dádivas, más un fraile.

La expedición zarpó en 1403 de la ciudad andaluza de Santa María. De allí escalaron en Rodas y Constantinopla, llegando a Trebisonda, para proseguir por tierra a Tabriz, Teherán y, vía Termez, llegar por fin a Samarkanda. Tamerlán moriría pocos meses más tarde, por lo que la Embajada emprendió el regreso vía Bukhara, Merv y Persia, arribando a España en 1406. La embajada, aunque infructuosa desde el punto de vista diplomático, significó una gran proeza viajera. Ruy González de Clavijo escribiría poco después su libro “Embajada a Tamerlán” y moriría en 1412, siendo enterrado en la Iglesia madrileña de San Francisco el Grande.

Hoy en día, cuando caminas por las calles de Samarkanda, es frecuente que los niños se dirijan a los extranjeros de aspecto europeo con las palabras: “Clavijo, Clavijo…”.

Dibujo que representa a Ruy González de Clavijo    El viaje de ida y vuelta de Clavijo a Samarkanda.
Libro de Ruy González de Clavijo que guardo en mi casa. Avenida Ruy González de Clavijo, en Samarkanda (en Madrid hay una calle dedicada a él, más una placa en la Plaza de la Paja). La foto fue tomada por el viajero portugués João Leitão.

Placa dedicada a Clavijo en Madrid

Aquí muestro su placa en Madrid

 

GARCÍA DE SILVA Y FIGUEROA

 

Nació en Zafra, provincia de Badajoz, Extremadura, a mediados del siglo XVI.

García tuvo una vida muy excitante. Fue, en cierto modo, otro embajador al estilo de Ruy Gonzalo de Clavijo. Estudió leyes en la Universidad de Salamanca, fue soldado en los Tercios de Flandes y Gobernador en Badajoz. García fue además un erudito, un humanista, y sentía gran interés por la geografía y la arqueología.

En el año 1613 Felipe III le encomendó la tarea de establecer relaciones diplomáticas con Abbas I de Persia para establecer una alianza contra los turcos, enemigos comunes de persas, portugueses y españoles.

García se embarcó desde Lisboa en el año 1614 con destino a Goa (desde 1580 hasta 1640 España y Portugal estaban unidas).

Los autoridades portuguesas en Goa eran reticentes a facilitarle la labor a García, pues hubieran preferido que fuera un portugués el diplomático para encontrarse con el Shah de Persia, y le hicieron la vida imposible retrasando su partida a Persia durante varios años.

En Persia pasaría varios años, pues Abbas I no deseaba que dejara el país mientras paralelamente negociaba con los ingleses, lo que no le importó a García, pues su inquietud y curiosidad cultural no lo mantuvo ocioso, y así exploró diferentes partes de ese país que en aquellos tiempos era más grande que el actual Irán. Viajó a Bagdad, Babilonia y otros lugares históricos de la antigua Persia.

Fue cuando en Persépolis se apercibió de que esas ruinas debían ser las de la capital fundada por Darío I.

García no fue el primer europeo en visitar Persépolis, pero sí el primero en identificarlas con la capital del Imperio Persa de los tiempos de Darío I, y darlas a conocer a la Humanidad describiéndolas de manera ilustrada, así como de describir la escritura cuneiforme y de mostrarla al mundo europeo.

De regreso en Goa, con numerosos tesoros que adquirió en Persia, las autoridades portuguesas encontrarían mil  obstáculos para retrasar al máximo, durante varios años, su regreso a Lisboa.

Se embarcó hacia Lisboa en 1624, a los 74 años de edad, cargado con sus valiosos tesoros. Pero a la altura de las Azores falleció en alta mar y su cuerpo arrojado al mar. Cuando el barco atracó en Lisboa sus tesoros “desaparecieron”, hasta la actualidad.

Durante esos 10 años de viajes escribió una crónica completa titulada Totius legationis suae et Indicarum rerum Persidisque commentarii, detallando todo cuanto vio y aprendió, desde las religiones de sus gentes como sus costumbres y lugares históricos.

Libro sobre el viaje de García a Persépolis 

 

TRISTÁN DA CUNHA

Nació en Lisboa en 1460.  Poco se sabe de su vida hasta 1505, cuando se le nombra virrey de la India, pero debido a una ceguera no pudo ocupar su puesto. Un año más tarde Tristán, también llamado Tristão, recuperó la visión y se embarcó hacia el Océano Índico en calidad de comandante de una flotilla de dieciséis naves. A bordo iba el que sería el artífice del Imperio Portugués en Oriente, Alfonso de Alburquerque. Durante el viaje descubrió unas islas que por un tiempo se denominaron “Ilhas que achou Tristan da Cunha”, pero posteriormente sólo a la más grande de ellas se le llamaría Tristan da Cunha que, según el libro Guinness de los récords, es la isla habitada más remota del mundo.

Durante ese viaje, Tristán reconocería Madagascar, visitaría la isla de Mozambique y conquistaría la isla de Socotra a los musulmanes. Uno de los capitanes de sus barcos era el gallego JOÃO DE NOVA (nativo de Castillo de Maceda, Orense, y que moriría en Cochín, India, 3 años más tarde), que pocos años atrás había descubierto las islas de Ascensión y Santa Elena por cuenta de Portugal.Pocos años después de su regreso de la India a Portugal, cargado de especias, se le envió como Embajador ante el Papa León X para rendirle tributo por las recientes conquistas de Portugal y llevarle los suntuosos regalos del rey portugués Manuel I, en los que se incluían, aparte de joyas, un elefante, un rinoceronte y otros animales exóticos para la época en Europa.

Posteriormente sería nombrado miembro del Consejo de la Monarquía Portuguesa y moriría en 1540. Su hijo, Nuno da Cunha, llegaría a ser Virrey de las posesiones portuguesas en la India.

Sello conmemorativo que compré en Tristan da Cunha        Moneda que compré en Santa Elena mostrando João da Nova.

JOÃO RODRIGUES CABRILHO

El descubridor de California. Según la mayoría de documentos históricos João Rodrigues Cabrilho, o Juan Rodríguez Cabrillo, nació en Portugal, en 1499, aunque algunas fuentes afirman que era oriundo de Sevilla.De joven, Juan se embarcó a La Habana y acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Tenochtitlan. Llegó a ser muy rico gracias a la apertura de minas de oro en Guatemala (país que exploró junto a Pedro de Alvarado), y fue nombrado alcalde de la ciudad salvadoreña de Acajutla.

Comisionado por el Virrey de Nueva España (México) de emprender una expedición por las costas del norte del Pacífico para estudiar las posibilidades comerciales y encontrar un pasaje a China, Juan zarpó en 1542 del puerto de Navidad (Acapulco), en Nueva España (México), a bordo del San Salvador, La Victoria y San Miguel, y emprendió viaje hacia la actual California, escalando en San Miguel (la actual San Diego). Murió poco después debido a una gangrena, frente a una isla frente a Los Ángeles (probablemente la isla de San Miguel), donde fue enterrado.
Los portugueses le han erigido un bello monumento de 4 metros de altura, además de placas, en el Parque Nacional de Point Loma, avistando la bella bahía de San Diego.

El potente monumento de los portugueses a Cabrillo.
Rindo respetos a Cabrillo en San Diego. A lo largo de ese viaje por los Estados Unidos y el ártico canadiense, vería infinidad de estatuas de Cristóbal Colón, donadas por el Gobierno Italiano a diversas ciudades norteamericanas, donde una placa decía que Colón era italiano, pero ni una sola palabra estaba dedicada a España. Otros monumentos, en honor a Leif Ericson (como el del montaje de L’Anse aux Meadows, en la isla de Terranova, que también visité en ese viaje), afirmaban que los vikingos descubrieron América 500 años antes que el italiano Colón. El Gobierno Español muestra desidia hacia sus grandes viajeros. ¡Qué vergüenza! Menos mal que el Gobierno de Portugal sí que se cuida de nuestros héroes celtíberos. ¡Gracias Portugal!

FRANCISCO JAVIER

Nació en 1506 en un pueblo de Navarra. Estudió en la Universidad de París, donde conoció al asceta español Ignacio de Loyola, a quien se unió para formar la Compañía de Jesús, lo que le llevaría a convertirse en misionero.Realizó cuatro viajes a Oriente, siempre por cuenta de Portugal. El primero, en 1541, lo llevó a Goa, Sur de India y Ceilán, donde gracias a su bondad convirtió al cristianismo a muchísimos miles de personas. En el segundo, vía Malaca, navegó a las Islas de Indonesia, en especial a las Molucas, fundando numerosas comunidades cristianas. En el tercero alcanzó Kagoshima, en Japón, donde aprendió el japonés. Tras varios años regresó a Goa para emprender su cuarto viaje, esta vez a China, que en aquellos tiempos era un país cerrado a los extranjeros. En 1552, tras 11 años de viajar por los países asiáticos, alcanzó una isla china, hoy llamada Shangchuan, al sur de Macau, a apenas 20 kilómetros de la costa de la provincia china de Guangdong, que era un lugar de contrabando entre comerciantes portugueses y chinos. Allí, en una choza a la orilla de la playa, se moriría de pulmonía, sin haber cumplido su objetivo de cruzar al continente. Su cuerpo fue trasladado a la Basílica de Bom Jesús, en Goa, pero al observarse que era incorrupto, fue desmembrado por fieles fanáticos y hoy solo se encuentran algunos restos originales de su cadáver.

Pintura representando la muerte de Francisco Javier en China     Mapa mostrando los cuatro viajes de Francisco Javier.

Los portugueses honran a Francisco Javier (de rodillas) en el monumento a los descubridores en Belem

FERNÃO MENDES PINTO

Nació en 1510 en Montemor-o-Velho, distrito de Coimbra, Portugal, y fue un viajero extraordinario que en Abisinia se encontró con la madre del Preste Juan, aunque sus más prodigiosas aventuras le acontecieron en Asia: naufragó en las costas de Japón en la primera expedición portuguesa de 1542, viajó a Mongolia y fue capturado por los tártaros, pero escapó y subió por el río Brahmaputra al Tibet, Fue comerciante en Malaca, y con el dinero ganado ayudó en la construcción de una iglesia para su amigo Francisco Javier, a quien acompañó a Japón. Estuvo en las Islas Célebes, en Siam y en Arabia. Un día le entró una crisis mística y distribuyó todos sus cruzados entre los pobres. Se hizo jesuita, pero dejó la orden cuando en su viaje de Goa a Japón se encontró con el cuerpo muerto de su amigo Francisco Javier. Durante 21 años, de 1537 a 1558, Fernão se desempeñó de soldado, pirata, negociante, médico de un rey de China, vagabundo, misionero, y embajador. Fue rico, miserable, y bufón de corte. En sus fabulosas aventuras tuvo que besar los pies de los asesinos que intentaban matarlo para implorar su perdón. Rogó por su vida muchas veces, tembló, lloró, fue cautivo trece veces y vendido como esclavo en diecisiete ocasiones. Regresó definitivamente a Portugal en 1558 y se casó con una mujer 30 años más joven que él que le dio hijos.

En 1578 escribió para sus hijos un libro sobre sus aventuras, que tituló Peregrinação. Murió en 1583 rodeado de amor hogareño. Solo Felipe II (Felipe I para Portugal) se acordó de él y le concedió una pensión que apenas pudo disfrutar.

Fernão no fue el único aventurero portugués de vida trepidante en Asia. Emuladores de él fueron Sebastião Gonçalves Tibau (nacido cerca de Lisboa en 1587 – y su muerte se produjo más allá del año 1616 en la actual Bangladesh), un filibustero de gran calibre que llegó a ser rey de Sundiva (hoy llamada Isla Sandwip), Bangladesh, y el mercenario Filipe de Brito e Nicote (nacido en Lisboa en 1566 – muerto en 1613), que llegó a ser rey de Pegu (actual Myanmar). Murió empalado en su reino.

Libro de Fernão, que compré en Coimbra.Moneda de 2 Euros dedicada a Fernão Mendes Pinto que compré en Lisboa

En el verano del 2013 viajé a Pragal, un pueblo al otro lado del Tajo, frente a Lisboa, para honrar la memoria de Fernão Mendes Pinto

BLAS RUIZ y DIOGO VELOSO

Blas Ruiz, oriundo de La Mancha, y su amigo Diogo Veloso, portugués, no fueron exactamente viajeros, sino más bien aventureros de finales del siglo XVI al estilo de Fernão Mendes Pinto, pero sus numerosas tribulaciones y cuitas son tan apasionantes que de haber nacido en el mundo anglosajón ya se habrían hecho varias películas sobre ellos.

Blas, antes de viajar a Filipinas con el Galeón de Manila, ya había estado en América, donde se casó con una mujer muy rica, y gracias a su dinero viajó a Filipinas, donde compró una nave con la que explorar Cochinchina en pos de fortuna y nuevas tierras para España.

Aunque Blas y Diogo no descubrieron Angkor Wat (lo serían frailes portugueses y españoles), fueron los primeros europeos en penetrar en Laos (aunque es probable que se les adelantara Fernão Mendes Pinto), desde Camboya, en un tiempo cuando este país era el más grande y poderoso de Indochina (ver el mapa más abajo).

Blas y Diogo fueron embajadores, gobernadores, guerrilleros, mercenarios, náufragos, reos, intrigaron y depusieron reyes y fueron osados entre los osados; pertenecieron a una especie de personajes fabulosos que hoy ya no produce la Humanidad.

Blas acabaría sus vicisitudes en Camboya, en medio de un combate contra chinos y thailandeses, mientras que Diogo, con más vidas que un gato, sobrevivió a todas las escaramuzas y consiguió establecerse en Malaca, donde se le pierde la pista.

Sus aventuras sin igual inspiraron algunos versos de Luis de Góngora, y hasta sirvieron de base para algún episodio de Don Quijote de la Mancha.

Es una pena que en mi último viaje a Camboya, en Marzo del 2013, ignorara sobre estos osados viajeros celtíberos y no me preocupé, cerca de la frontera con Vietnam, en encontrar el busto dedicado a ellos por el Gobierno camboyano.

Mapa mostrando la gran Camboya (Empire Khmer) en los siglos XII y XIII 

Monumento dedicado a Diogo Veloso en Neak Loeang

Libro sobre las aventuras de Blas y Diogo

BERNARDO DE LA TORRE

Zarpó en 1542 desde México al Pacífico en la expedición del malagueño Ruy López de Villalobos (otro de los grandes exploradores de Oceanía), junto a cuatrocientos marinos, entre los que se hallaba Juan de Gaetano (el descubridor del archipiélago de Hawai en 1542, no en 1555 como algunos historiadores sostienen), por orden del Virrey de Nueva España (actual México) Don Antonio Hurtado de Mendoza, para explorar los Mares del Sur (Océano Pacífico).Cuando, en 1543, a bordo de la nave San Juan de Letrán, Bernardo intentaba encontrar la derrota para regresar de Manila a Acapulco, el llamado tornaviaje (que finalmente descubrirían simultáneamente, cada uno por su cuenta, el monje agustino Andrés de Urdaneta y Alonso de Arellano, siguiendo la Corriente de Kuro-Shivo) para llevar noticias a Nueva España sobre sus hallazgos, avistó varias islas que hoy pertenecen a Japón, como Parece Vela, también conocida por Okino Tori-Shima (y que años más tarde también sería avistada por Miguel López de Legazpi), Marcus o Minamitori-Shima (cuyo descubrimiento también se atribuye al español Andrés de Arriola, en 1694, cuando navegaba desde Filipinas a Acapulco en el legendario Galeón de Manila), además de varias de las Islas Arzobispales (o Islas Bonin), que los japoneses conocen por Ogasawara Gunto, como Chichi Jima, a la que Bernardo bautizó Farfama.

Hoy sabemos acerca de estos fantásticos viajes gracias a que Juan de Gaetano publicó en 1546 una crónica titulada “Viaje a las Islas del Poniente”, en la que relaciona los descubrimientos efectuados por Ruy López de Villalobos (que fallecería de fiebres en la Isla de Ambón, recibiendo la extremaunción de manos del propio Francisco Javier), y sus hombres.

Parece Vela, u Okino Tori-Shima en japonés, atolón descubierto por Bernardo de la Torre.

En la Isla de Ogasawara descubrí esta información donde se afirma que el explorador español Luis de Villalobos descubrió en el año 1543 Ogasawara y numerosas islas japonesas de los alrededores.

ÁLVARO DE MENDAÑA

Nació en 1541 en el pueblo leonés de Congosto (aunque durante mucho tiempo se creyó que era gallego). Su tío, que cumplía temporalmente las funciones de Virrey del Perú, le encomendó surcar el Océano Pacífico con dos naves a la búsqueda de unas islas que, según leyendas incas, eran ricas en oro y que identificaba con las míticas islas de Ofir y Tarsis, donde Salomón obtuvo el oro para erigir su templo en Jerusalén. Mendaña arribó en 1568 a una isla de las Salomón que bautizó Guadalcanal, como el pueblo sevillano donde había nacido su maestre de campo, y durante 6 meses se ocupó de explorar unas veinte islas de ese archipiélago, regresando a Perú. El viaje le tomó 2 años.

Su segunda expedición, esta vez a la búsqueda de Terra Australis, la emprendió en 1595 con cuatro naves y le acompañaba su esposa Isabel de Barreto, pero en el archipiélago de Santa Cruz encontró la muerte. Isabel se hizo cargo de la expedición, que capitaneó el piloto portugués Pedro Fernández de Quirós.En el transcurso de sus dos viajes Mendaña descubrió, no solo las Islas Salomón, sino también las Marquesas, Niue, varias del archipiélago de las Cook, de Tuvalu, Wake, y numerosas más de la Polinesia, Melanesia y Micronesia.

En 1991 viajé por dos meses por numerosas islas del archipiélago de las Salomón, cuando me enteré de la historia de Don Álvaro de Mendaña, que todos los nativos respetan, y en un momento de arrebato de solidaridad con los viajeros celtíberos del pasado, empleé parte del dinero que había ganado trabajando de obrero en Honolulu para comprarle un monumento (previamente había recorrido durante ocho días la Isla de Santa Isabel, a pie y en canoas, donde alcancé la Bahía Estrella, el primer lugar de las Salomón donde desembarcó Mendaña).En un taller de artesanía de Honiara encargué una placa de madera noble recubierta de cobre, de 80 por 50 centímetros, con el mapa de las Islas Salomón grabado en el centro, el dibujo de la cabeza de Mendaña a relieve más una frase en su memoria, compré varios sacos de cemento y me embarqué durante dos días en un bergantín hacia la Bahía Graciosa, junto a la población de Lata, en la Isla de Nendo, la capital del archipiélago de Santa Cruz, donde Mendaña y cuarenta y seis tripulantes de su expedición habían perecido en 1595 debido a la malaria, y gracias a la colaboración de las autoridades locales y de un párroco irlandés, le erigí un monumento.

La placa que erigí a Mendaña en las Islas Santa Cruz. Estoy exultante. Soy el que luce la camisa de flores.
Los dos viajes de Don Álvaro de Mendaña

 

Honiara, Diciembre 2014. Estatua de Mendaña donada por el Gobierno Español a las Islas Salomón

En Noviembre del 2012 cerré el ciclo vital de don Álvaro de Mendaña visitando su aldea natal: Congosto, cerca de Ponferrada.

ANTONIO DE ANDRADE

Nació en la población portuguesa de Oleiros, en 1580.Debido a su vocación religiosa en 1596 entró en la Compañía de Jesús. A los 20 años, siendo aun un novicio, se embarcó a la India y, tras seis meses de travesía llegó a Cochin.Tras estudiar durante dos años en Goa fue destinado a la Misión de la ciudad de Agra, donde estudió la lengua Persa, hasta que en 1624 parte junto a Jahangir, el Emperador Mogol (hijo de Akbar el Grande), en dirección a Lahore. Al pasar por Delhi observó un grupo de peregrinos budistas que se dirigían a un templo cercano al Tibet. Antonio, junto a un hermano jesuita llamado Manuel Marques, también portugués, cambia de rumbo y se dirige hacia el Tibet motivado por unos rumores que hablaban de la existencia de cristianos al otro lado del Himalaya (debía de tratarse de los Nestorianos de Sinkiang).

Los dos jesuitas portugueses escalaron en Srinagar, Badrinath y atravesando el Himalaya por el Paso Mana penetraron en el Tibet. Eran los dos primeros europeos en la Historia de la Humanidad en lograrlo. Era Julio del año 1624.Permanecieron durante cerca de un mes en Chaparangue (o Tsaparang), la capital del Reino tibetano de Gugue, cerca del Monte Kailash. Allí, el rey local les atendió y consintió en que erigieran una capilla Católica (que varios siglos más tarde sería descrita en el libro “Siete Años en el Tibet”, por el alpinista austriaco Heinrich Harrer).El azaroso viaje de ida, la estancia en el Tibet más la vuelta a Agra, les tomó siete meses, pasando frío y alimentándose de manera deficiente.A su llegada, Antonio escribió una larga carta narrando las vicisitudes e impresiones de su viaje al Tibet, que entregó al Abad de los Jesuitas en Goa, que sería publicada en Lisboa y luego traducida a diversos idiomas europeos. Se trataba del primer documento descriptivo del Tibet escrito por un europeo.

Antonio de Andrade aun volvería otra vez al Tibet al año siguiente, esta vez acompañado de dos hermanos jesuitas, y estableció una misión en Chaparangue. Los portugueses aprenden el tibetano y entablan relación con los lamas, con quienes congenian. Son autorizados a erigir la primera iglesia en el Tibet, llamada Nuestra Señora de la Esperanza, que se abriría al culto en 1626. Predican con éxito el Evangelio y convierten a tibetanos al Cristianismo.De regreso en Goa, Antonio sigue enviando misioneros al Tibet, hasta que el rey de Ladakh, en 1631, conquista el reino de Gugue y destruye la iglesia, pero los jesuitas no son atacados.Al enterarse de ello, Antonio se dispuso a efectuar un tercer viaje al Tibet para reestablecer la Misión, pero poco antes de partir, en el año 1634, es envenenado (se especula que por orden de unos judíos).

Antonio de Andrade, el primer europeo en penetrar en el Tibet.

JUAN POBRE DE ZAMORA

Merece mención especial entre los viajeros celtíberos del pasado, pues ha sido el primer “backpacker” en dar la vuelta al mundo en solitario, con lo puesto, con una mano por delante y otra por detrás.Fue soldado de los Tercios de Flandes y náufrago en las costas del Japón, calidad que le salvó la vida, pues en esos tiempos (siglos XVI y XVII) los japoneses mataban a todos los extranjeros que alcanzaban sus costas, sobre todos a los cristianos, a los que cortaban primero una oreja mostrándolos burlonamente por las ciudades japonesas, y luego los crucificaban, como los Romanos. Juan viajó varias veces en el legendario Galeón de Manila surcando el Océano Pacífico, y en cierta ocasión los portugueses lo encarcelaron en Macau. También atravesó México a pie, de costa atlántica a costa pacifica, y naufragó por segunda vez con el Galeón de Manila, esta vez en la isla de Rota, en las  Marianas.

En Guam, en el año 1602, escribió un libro titulado “Historia de la pérdida y descubrimiento del galeón San Felipe”, donde elogia la forma de vida de los Chamorros y describe sus costumbres.Finalmente, tras muchos años de vicisitudes, regresó a España a pie vía la India, Persia, Asia Menor, etc. En Babilonia le robaron el diario de viajes que, afortunadamente, recuperaría Roma años mas tarde. Acabó su ajetreada vida en el monasterio de San Bernardino, Madrid, en 1615 (luego, en 1834, fue convertido en un Hospicio para pobres, y hoy ya ha desaparecido).

El libro de Juan Pobre de Zamora.  Juan naufragó dos veces en un Galeón de Manila como éste.

PEDRO ORDÓÑEZ DE CEBALLOS

Nació en Jaén, Andalucía, hacia el año 1550. Completó sus estudios en Sevilla, donde, al ser Pedro un apuesto mancebo, tuvo un lío de faldas con una dama de gentil donaire, y su celoso marido le amenazó de muerte, por lo que Pedro puso los pies en polvorosa y se alistó en los Tercios de Flandes.Primero combatió a los corsarios turcos en el Mar Mediterráneo, rescatando cristianos que los piratas habían capturado, y luego peregrinó a Tierra Santa para agradecer a la Providencia el haberle salvado de tantos peligros. Corría el año 1578 y ya había visitado países lejanos como Noruega, Finlandia, el Mar de Azov en Rusia, y haber sido recibido por el Papa Gregorio XIII.

Cambió de aires y se embarcó a América, pero antes de arribar allí naufraga en las Islas Bermudas, donde permanece dos meses antes de tomar unas canoas indígenas y remar hasta Cuba.Entre sus actividades al otro lado del charco y en África (navegó a Guinea, Cabo Verde y al Congo), se cuentan el haber sido alférez real en las galeras españolas, combatiendo con éxito a piratas ingleses. Luego ascendió a capitán y caudillo en batallas militares en la América colonial, maese de campo, explorador (cruzó la jungla del Darién) y fundador de ciudades en el Nuevo Mundo. Hasta que se cansó de su vida belicosa y se dedicó a la religión, convirtiéndose en Bogotá en cura, a quien llamaban “El Clérigo Errante”.

Pasaron los años repletos de aventuras y un buen día Pedro se embarcó en Ecuador para las Islas Filipinas. Tras tres meses de travesía, en la que padeció hambre por la falta de alimentos (se llegó a comer el cuero de las sillas), alcanzó Cebú y luego de dos meses de navegar desembarcó en Macao, desde donde le tomó dos años arribar a España, por tierra y por mar, desempeñándose de mercader y religioso en lugares como Cochinchina (donde una princesa se enamoró de él), Sumatra, la actual Bangla Desh, Ceilán, la India (Goa), y Ormuz, sorteando ataques de piratas turcos y bandidos moros.Tras esta vuelta al mundo rocambolesca, de las primeras en la Historia (junto a las de Juan Pobre de Zamora y Pedro Cubero Sebastián), Pedro Ordóñez de Ceballos retornó otra vez a América, atravesando el Estrecho de Magallanes, antes de echar de menos su Madre Patria.

El Clérigo Errante regresó a Jaén hacia el año 1600, tras unos 30 años de aventuras y vicisitudes y haber recorrido unos 165.000 kilómetros entre su vuelta al mundo y demás peripecias. Llegó molido, con señales de heridas de machetes y flechas por todo el cuerpo, y tuerto al haber perdido un ojo combatiendo a unos nativos caníbales en América. En su Jaén natal Pedro vivió plácidamente el resto de sus días y se dedicó a escribir sus experiencias. Uno de los libros que escribió, fue “Viaje al Mundo”, publicado en Madrid en 1614, que pronto fue traducido al Latín, Francés, Alemán y Holandés.Cuando Pedro sintió que se avecinaba la hora de abandonar este mundo, solicitó ser enterrado en la parroquia jiennense de San Pedro (hoy desaparecida). Expiró el año 1630.

 Retrato de Pedro Ordóñez.

PEDRO CUBERO SEBASTIÁN

Nació en El Frasno, Zaragoza, en 1645. De joven estudió Humanidades en Zaragoza y Teología en Salamanca. En Roma fue nombrado predicador y se le autorizó a que viajara por Asia y las Indias Orientales propagando la fe cristiana.Durante ocho años, de 1671 a 1679, Pedro recorrió como misionero Europa (Roma, Varsovia, Moscú, Constantinopla, Astracán…), luego bajó a Persia (Isfahan, Shiraz, etc.) y se embarcó a la India, visitando, entre muchos otros lugares, la Goa portuguesa y Ceilán. Tras ello prosiguió por Bengala, la península malaya. Pekín, las Malucas y Filipinas, desde donde se embarcó en el legendario Galeón de Manila (¡cuánto me hubiera gustado haber nacido en esa época para viajar en ese mítico galeón!).

De Acapulco cruzó México a pie hasta Veracruz, y allí se embarcó hacia Cádiz, en España, con una escala en Cuba. Ya en su tierra escribió dos libros llenos de anécdotas y muy amenos, dedicados al Rey Carlos II y al conocido poeta y Caballero de la Orden de Santiago: Calderón de la Barca. El título de su primer libro, me encanta: “Peregrinación del Mundo”.En el prólogo del mismo, escribe:

  – “Título: Breve relación de la peregrinación que ha hecho de la mayor parte del mundo don Pedro Cubero Sebastián, Predicador Apostólico del Asia, natural del Reino de Aragón: con las cosas mas singulares que le han sucedido, y visto, entre tan bárbaras Naciones, su Religión, Ritos, Ceremonias y otras cosas memorables, y curiosas que ha podido inquirir; con el viaje por tierra, desde España, hasta las Indias Orientales”.

Pedro conoció a Reyes, Príncipes, Obispos, e infinidad de personajes ilustres. Su viaje constituyó la primera vuelta al mundo por el Este, y junto a la circunvalación a la inversa de Juan Pobre de Zamora y la de Pedro Ordóñez, representan las tres vueltas al planeta más denodadas, imposibles de emular en la actualidad, y las primeras que ha realizado la Humanidad en solitario en ambos sentidos. Tanto Pedro Cubero como Juan Pobre y Pedro Ordóñez de Ceballos fueron viajeros únicos en su género que merecen que no se les olvide.Pedro Cubero murió feliz en 1697.

Retrato de Pedro Cubero.   Peregrinación del Mundo, primer libro del Doctor Don Pedro Cubero Sebastián.

SEBASTIÃO MANRIQUE

Nació en Oporto a finales del siglo XVI…

Primer europeo en penetrar en el Reino de Arakán y en contemplar la estatua de Maha Muni…

                                                                                     Libro de Sebastião Manrique

Bento de Góis…

Miguel de Jaque de los Rios de Manzanedo

Libro del alférez Miguel de Jaque, que comenzó sus aventuras a los 18 años

Antonio da Madalena, el fraile capuchino portugués descubridor de Angkor Wat…

  (en preparación)

DUARTE LOPES

Fue un comerciante portugués que durante varios años negoció con los nativos de los países que hoy constituyen los dos “Congos”, Angola, Rwanda, Burundi y Uganda, trocándoles sus metales y piedras preciosas por botellas de vinho verde, espejitos de colores y todo tipo de abalorios de pacotilla portugueses.Sin embargo, fue muy diplomático y cordial estableciendo relaciones humanas con los nativos (a diferencia de Henry Morton Stanley, el infaustamente célebre explorador galés, nacionalizado primero estadounidense y posteriormente inglés, quien, bajo el patrocinio del Rey Leopoldo II de Bélgica para explorar el Congo, disparaba cruelmente a cuanto nativo le parecía peligroso cometiendo innumerables crímenes contra los africanos).

Duarte Lopes fue el primer europeo que alcanzó las fuentes del Nilo Blanco (las fuentes del Nilo Azul las descubrió el español Pedro Páez), hecho que se suele ignorar, así como el descubrimiento (para un europeo) de las Cataratas Victoria, que los ingleses atribuyen erróneamente al misionero y explorador escocés David Livingstone, cuando el Padre Silveira, portugués, ya las había descrito un siglo antes que él por la información que poseía de otros portugueses anteriores que las habían visto en el río Zambeze, que conocían en portugués por Cuama. Y mucho antes, los nativos africanos, los primeros humanos que las admiraron, conocían las Cataratas Victoria por Mosi-Oa-Tunya, que en la lengua africana local viene a significar algo así como “El humo que truena”.

Duarte conoció a un escritor italiano, Filippo Pigafetta, a quien le confió la información que había ido recogiendo durante sus viajes por África Central acerca de los nativos, sus costumbres, el execrable comercio de esclavos, la flora y la fauna, la presencia portuguesa, tanto militar como religiosa y comercial en la zona, la topografía, etc., así como un mapa que dibujó en 1578 detallando los lagos de Victoria, Tanganica (“descubrimientos” atribuidos a John Speke y Richard Burton) y Nyassa (hoy conocido por Lago Malawi, cuyo “descubrimiento” se le atribuye a Livingstone). Al libro, publicado en 1591, se le tituló “Relaçaõ do Reino de Congo e das terras circumvizinhas” (en francés se tituló “La description du Royaume de Congo et les contrées environnantes”), y sus catorce capítulos, llenos de ilustraciones, constituyen la primera descripción completa y detallada de las regiones de esa parte del mundo.

Portada en francés del libro de Duarte Lopes.

GABRIEL DE CASTILLA.

Gabriel nació en Palencia en 1577, y era descendiente directo del rey Pedro I de Castilla, el Cruel, y su tercera esposa. Fue capitán de artillería hasta que lo destinaron al Perú, donde ascendería a Almirante.Se cuidó bien de barrer los dominios españoles de piratas, que asolaban las costas de la Sudamérica Pacífica. Fue persiguiendo a unos bucaneros holandeses que avistó las islas Shetland del Sur, y en 1603, durante una de sus expediciones, por orden del Virrey de Perú Luis de Velasco, que zarpó de Valparaíso, navegó con sus tres barcos más allá del paralelo 64, hasta donde se halla la Península de Antártida, que divisó, algo que nadie hasta entonces había logrado.Una de las bases españolas en la Antártida, asentada sobre la isla de la Decepción, lleva el nombre de Gabriel de Castilla, en honor a haber descubierto la Antártida.

El ex-rey Juan Carlos I se pela de frío en la base española Gabriel de Castilla.

PERÕ DA COVILHÃ

Nació en 1460 en Covilha, distrito de Beira, Portugal. Por su dominio del árabe (además del español) el Rey portugués Joaõ II le envió en 1487, junto a Afonso de Paiva, a Etiopía para establecer relaciones con el Preste Juan y preparar el futuro viaje por mar a la India de Vasco da Gama.
De Santarem viajaron por tierra a Barcelona para embarcarse hacia Nápoles, y de allí continuaron a Rodas, Alejandría y Cairo, viajando a veces en caravanas de camellos. En Adén se separaron. Afonso entró en Etiopía y Perõ se embarcó hacia la India para reconocerla y averiguar todo lo que pudiera sobre el comercio de las especias. Tiempo después, encontrándose de vuelta en Cairo, se enteró de la muerte de Afonso y resolvió volver al Mar Rojo para entrar, con éxito, en La Meca y Medina, disfrazado de árabe, siendo pues el primer celtíbero en lograrlo, mucho antes de que el inglés Richard Burton, o que el español Domingo Badía, se atribuyeran, cada uno por su cuenta, ser el primer europeo en penetrar en ese santuario prohibido a los cristianos (aunque el primer europeo, no musulmán, en visitar La Meca fue el aventurero italiano Ludovico di Varthema, en 1502, que además había viajado a la India antes que Vasco da Gama, pero después del ruso Afanasi Nikitin). Perõ, tras varios viajes por mar a Sofala y otros puertos del Sureste de África, prosiguió a Etiopía, donde el Emperador le trató muy bien, pero no permitió jamás que abandonara el país; sabía demasiado. Murió en Etiopía en 1526.

Monumento a los descubridores en Lisboa. El primero por la izquierda es Luis de Camões, el segundo el pintor Nuno Gonçalves, el tercero el cronista Gomes Eanes y el cuarto Perõ da Covilhã.

 

Lo más parecido al monumento portugués de Belem es el del Cerro de los Ángeles, cerca de Madrid, donde en diferentes estatuas aparecen Isabel la Católica, Don Pelayo, Colón, Hernán Cortés, Fray Junípero Serra, Don Juan de Austria, Santa Teresa de Jesús, el Obispo Osio de Córdoba, San Francisco de Asís…

PEDRO PÁEZ

Nació en 1564 en un pueblo madrileño (hoy llamado Olmeda de las Fuentes). A los 18 años ingresó en la Compañía de Jesús, y poco después se embarcó para Goa, en la India, desde donde se le envió a Etiopía para predicar y establecer contacto con el legendario Preste Juan. Sin embargo, no pudo alcanzar el puerto de Masawa y fue hecho prisionero en el Mar Rojo, junto a otro jesuita (Antonio de Montserrat). Ambos fueron vendidos como esclavos a los turcos viviendo en crueles condiciones que Pedro describe así en un libro que escribió: “con cadenas muy gruesas al cuello durmiendo en lugares debajo de la tierra muy oscuros y calientes”. Tras varios años de cautiverio, en los cuales recorrieron a pie el Valle de Hadramaut (primeros europeos en penetrar en esa parte de Yemen), logró embarcarse hacia la Isla de Diu, en India, desde donde zarpó de nuevo hacia Etiopía, consiguiendo esta vez desembarcar en Masawa, disfrazado de armenio. Caminó hasta Fremona, junto a Axum y, gracias a su elocuencia e inteligencia (aprendió varias lenguas locales, tales como el amárico y el geez), convirtió al catolicismo al Emperador y abrió una escuela en Fremona y la iglesia con el palacio de Gorgora.

Murió en Etiopía en 1622, a los 58 años de edad, tras 19 años de permanencia continua en ese país. Pedro fue el primer europeo que alcanzó las Cataratas Tisissat y las Fuentes del Nilo Azul, unos 150 años antes de que el escocés James Bruce se atribuyera tal descubrimiento (a pesar de que le constaba que Pedro Páez ya había estado allí por un libro escrito por el jesuita portugués Jerónimo Lobo, traducido al inglés).

Averigüé la historia de Pedro Páez en 1993, mientras me hallaba atravesando toda África por tierra, sin tomar un solo avión, desde Melilla a Ciudad del Cabo, y, al subir por África Oriental de vuelta hacia el Mediterráneo y luego al Atlántico, me detuve un mes en Etiopía, donde de inmediato me dirigí a Gorgora rodeando el lago Tana en busca de su tumba, para rendirle respeto. Al regresar a España escribí el libro “Mi Viaje alrededor de África”, publicado en 1994, dedicando a Pedro Páez varias páginas (y también a Fernão Mendes Pinto, a Duarte Lopes y a Perõ da Covilhã), muchos años antes de que un conocido escritor español sobre algunos países y ríos escribiera un libro sobre Etiopía en el cual se vanagloria de haber “descubierto” a Pedro (“descubrimiento” que me hace recordar el de James Bruce sobre las Fuentes del Nilo Azul).

              Pintura representando a Pedro Páez

ANTONIO DE MONTSERRAT

Nació en Vich, provincia de Barcelona, en 1536. Aunque en la literatura en inglés se refieren a él como un “Jesuita Portugués” y escriben su apellido “Montserrate”, es indudable que fue español, y sirvió en la Compañía de Jesús portuguesa, como Pedro Páez y Francisco Javier. De todos modos ese detalle no tiene mayor importancia, pues entre 1580 y 1640 España y Portugal formaban un solo país y, a fin de cuentas, Antonio fue celtíbero y todo queda pues en la Península Ibérica. Antonio, desde Goa, fue invitado para tutelar al príncipe Murad, el hijo del Gran Emperador Moghul Akbar. Fruto de sus viajes a lugares insólitos del Himalaya, Tibet, India, Pakistán y Afganistán, es su libro, primero publicado en inglés: “The commentary of Father Montserrate on his journey to the court of Akbar” (que en España se le ha cambiado el título por “Embajador en la Corte del Gran Mogol”), y el primer mapa de la India y el Himalaya (tras el de Ptolomeo), que dibujó sobre lugares hasta entonces no descritos anteriormente.

Compartió con Pedro Páez increíbles aventuras cuando se dirigían desde la isla de Diu (en India) a Etiopía, siendo engañados en Muscat, hecho prisioneros y vendidos a los turcos, debiendo pasar siete años en pozos del desierto del Valle de Hadramaut (fueron los primeros europeos en acceder a ese incógnito territorio y al desierto de Rub’ al Khali). Cuando fueron liberados retornaron a Goa, en la India portuguesa, donde Antonio pronto moriría a consecuencia de los tratos crueles padecidos durante su cautividad.

(En Agosto/Septiembre del año 2006 viajé a la isla de Diu y a los enclaves de Damán, Dadra y Nagar Haveli, que fueron dominios portugueses hasta mediados del siglo XX. Era tiempo de monzones, y debí hacer autostop a los camiones y hasta a las motos por las carreteras inundadas de agua, para que me llevaran a esos lugares tan raros donde apenas van los turistas. En todos ellos busqué antecedentes sobre Pedro Páez y Antonio de Montserrat visitando las iglesias católicas que allí existen, más un centro cultural dirigido por un portugués, pero nadie me supo dar razón de ellos. Y lo mismo me sucedió cuando viajé al Valle de Hadramaut, en el Yemen, con el mismo propósito).

Libro que escribió Antonio de Montserrat.

DOMINGO BONECHEA

Nació en Getaria en 1713, fue capitán de fragata y descubridor de numerosas islas de la Polinesia Francesa. El Virrey del Perú, el barcelonés Don Manuel de Amat y Junyent, organizó la defensa del Virreinato ante los ataques de rapiña y matanzas que los piratas ingleses venían perpetrando en las costas de los actuales países de Chile y Perú. Para ello comisionó cuatro expediciones al Pacífico. La primera tuvo por destino las islas de Juan Fernández y la de Pascua. La segunda y la tercera le serían encomendadas a Bonechea quien, en 1772, emprendió un viaje desde Callao a Otaheite (la actual Tahití) tras descubrir por el camino varias islas de las Tuamotú. Una vez en Tautira, al Sur de Tahití, estableció relaciones cordiales con los reyes de la isla y regresó al continente americano (Valparaíso) donde escribió un libro sobre su expedición, titulado Relación de la Navegación.

Dos años más tarde Bonechea volvería a Tautira para fundar una misión católica, por lo que llevó con él al soldado/traductor Máximo Rodríguez (que ya lo había acompañado en su primera expedición), más a dos frailes franciscanos (uno de Gerona y otro de Badajoz), además de un grumete gallego, para que se quedaran hasta que la tercera expedición a Tahití (y la cuarta al Pacífico) los llevara de vuelta a América.Así lo dispuso dejando a estas cuatro personas en la isla, y a continuación Bonechea navegó hacia otras islas del archipiélago de la Sociedad, descubriendo Bora Bora, Huahine, Raiatea, y otras más. Al regresar a Tahití Bonechea enfermó y se murió, siendo enterrado frente a la casa misión de Tautira.

En mi último viaje a Tahití, en el año 2006, pregunté en la Oficina de Información y Turismo de Papeete por la tumba de Bonechea, pero allí nadie me supo dar razón de él; todos los empleados lo ignoraban, al contrario de lo que sucedía con Cook, Bougainville, La Pérouse, or Wallis, cuyos nombres sí les “sonaban”. Insistí afirmando que, además de Bonechea, los navegantes españoles y portugueses, tales como Mendaña, Quirós, Sarmiento de Gamboa y varios más, habían descubierto en los siglos XVI y XVII, unos 200 años antes que esos Cook, Bougainville, La Pérouse y Wallis, la mayoría de las islas de la Polinesia Francesa, y todos sus cinco archipiélagos, es decir, el de las Sociedad, las Marquesas, las Tuamotú, las Australes y las Gambier, donde ellos habían nacido, vivían y, además, se desempeñaban profesionalmente como expertos en la historia de sus islas. Mas los empleados no consideraron trascendentes tales conocimientos históricos de sus islas. Me dirigí entonces a la parte pequeña de Tahití, llamada Tahiti Iti, y me detuve en Tautira, donde pregunté a los locales por la tumba de Bonechea, y uno de ellos me mostró una cruz de madera en una plazoleta, donde había sido enterrado Bonechea antes de que el inglés Capitán Cook, en un viaje que realizó poco después a Tautira, profanara su cadáver y lo lanzara al mar.Enfrente había una iglesia llamada Nuestra Señora de la Paz, con un letrero en vasco (además de en tahitiano, francés y español, pero no en inglés), del cual copié el siguiente fragmento dedicado a Bonechea:
“Oroipenean
Getaria Jaida (Euskal Herria)
Goian Bego”.

Retrato de Bonechea Andonaegui.  Placa en Getaria dedicada a Bonechea, escrita en vasco, castellano y tahitiano.

MÁXIMO RODRÍGUEZ

Nació en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) hacia 1750. De bien joven pasó dos años en España como soldado al servicio de la Marina y luego ascendería a alabardero. Por haber participado en una campaña a la Isla de Pascua, donde se familiarizó con la lengua de los polinesios, el Virrey Amat lo despachó a Tahití en 1772, en la primera expedición de Bonechea, con el fin de que siguiera aprendiendo la lengua de los nativos. En la segunda expedición a Tahití se quedó en la isla para estudiar la lengua y costumbres de los nativos durante un año, en el transcurso del cual realizó innumerables exploraciones en piragua dando la vuelta a la isla dos veces, e hizo amistad con los reyes locales, quienes le tomaron mucho afecto y le dieron el honroso sobrenombre de Mateema. Además, compuso un diccionario tahitiano – castellano con unas 1200 palabras. Su diario de viajes constituye un documento muy valioso donde narra los ritos religiosos de los tahitianos antes de adoptar el cristianismo. En él se defiende de unos agravios infundados que el Capitán Cook vertió sobre él.

Un original de ese histórico diario fue remitido al Virrey Amat para que llegara al rey Carlos III (mas parece ser que nunca alcanzó su destino), mientras que de los otros tres que escribió, uno cayó en poder de los soldados franceses de Napoleón y hoy se halla en la Biblioteca Nacional de París, otro fue comprado por un inglés a la viuda de Máximo y hoy lo custodia la Sociedad Geográfica de Londres, y se desconoce el paradero del cuarto.(¡Yo tengo la fortuna de guardar un ejemplar fotocopiado del Diario de Máximo Rodríguez en casa, que me fue regalado por un amigo en Papeete!).

Mapa de las expediciones de Bonechea.       El Virrey Amat

JUAN FRANCISCO BODEGA Y QUADRA

Nació en Lima en 1743, de padre vizcaíno y madre criolla. Tras estudiar en la Universidad de San Marcos, Lima (la Universidad más antigua de toda América, y al mismo tiempo de las más antiguas del mundo), viajó a España donde ingresó en la Academia Naval de Cádiz. Exploró varias veces las costas del Noroeste de América, desde California a Alaska, pero es más conocido por haber negociado con los ingleses la denominada “Crisis de Nutka”, en la que España acabó transigiendo ante Inglaterra (como siempre), y los ingleses se establecerían en lo que hoy constituye British Columbia.

Los navegantes españoles, tras los rusos, estuvieron en Alaska, donde realizaron muchos descubrimientos. Las expediciones zarpaban desde México y San Francisco (en California). Pérez y Hezeta viajaron allá en 1774, Bodega y cuadra en 1775, Artega en 1779, y así muchos otros, hasta 1796. La expedición más importante al Norte de la América Pacífica fue la de Malaspina, que nombró y cartografió más de 200 accidentes geográficos en esa zona comprendida entre la actual British Columbia y Alaska. Pero el inglés George Vancouver, que navegó a esas aguas para encontrarse con Bodega y Quadra para solucionar diplomáticamente la “Crisis de Nutka”, acabaría engañándolo. Hoy, de esos más de 200 accidentes geográficos nombrados por los españoles en Alaska y British Columbia, solo quedan unos diez: Revillagigedo Island, Port Angeles, San Juan Islands, Hidalgo Island, Haro Strait, Cordova, Malaspina Glacier…. y un pequeño puñado más. Los demás nombres serían cambiados por Vancouver. Bodega y Quadra, incluso, llegó noblemente a ofrecer a Vancouver renombrar la isla de San Juan (descubierta por los españoles) por “Isla de Quadra y Vancouver”, pero hoy se conoce como Vancouver Island.

A la izquierda busto de Bodega y Quadra en Quadra Park, en la Isla de Vancouver. A la derecha mapa de 1791 perteneciente a la expedición de Malaspina (cuya copia conservo en mi casa), donde se muestran los nombres españoles de los alrededores de la Isla de Vancouver y el Estrecho de George (por George Vancouver, of course) que los españoles ya habían bautizado antes como Estrecho Juan de Fuca a un lado, y Gran Canal de Nuestra Señora del Rosario por el otro.

FRANCISCO ANTONIO MOURELLE DE LA RÚA

Nacido en 1750 en Corme, provincia de La Coruña, Galicia. Cuando sus padres observaron la llamada del mar de su hijo, intentaron que estudiara en la prestigiosa Real Compañía de Guardiamarinas, en Cádiz, pero al ser pobres no se lo pudieron permitir, y finalmente tuvieron que conformarse ingresándolo en la Academia de Pilotos de la vecina Ferrol.Mourelle partió a los 22 años a la isla Trinidad (la de Trinidad y Tobago, que era española, y se perdió en 1797 ante Inglaterra), y luego a San Blas, en México, donde conoció a Bodega y Quadra, a cuyo mando zarparía hacia Alaska navegando hasta más allá de la latitud 60 grados Norte, descubriendo varias islas habitadas por los esquimales del Estrecho de Bering. Intentaron explorar el Éste de Siberia, pero las adversas condiciones meteorológicas les impedirían desembarcar en Rusia. En consecuencia prosiguieron hacia Manila.

En 1780, estando en Manila, a Pineda se le encomendó arribar a México a bordo del Princesa para llevar documentos muy importantes al virrey de México, y durante su derrota avistó nuevas islas inexploradas de la Micronesia y las Salomón, que bautizó con nombres españoles, y luego descubrió el archipiélago de Vavau, en Tonga, donde se quedó un mes entero relacionándose con los nativos y organizando coloridas fiestas a diario. El jefe de una tribu le ofreció a su hija en matrimonio, pero Mourelle declinó la oferta con gentileza. Murió en 1820 con el grado de Jefe de Escuadra.

Sello de 1 peseta de Mourelle

Estoy en la Isla Vavau, Tonga, Enero 2015, junto a la placa dedicada a Mourelle

ANTONIO DE PINEDA

Nació en Guatemala en 1753. En la expedición de Malaspina fue comisionado “Encargado de los ramos de la Historia Natural”. Le acompañaron en ese extraordinario viaje (duraría 62 meses) los botánicos Luis Neé (francés, pero nacionalizado español, y gran admirador del botánico gaditano Celestino Mutis, el de los antiguos billetes de 2000 pesetas), más el checo (bohemio) Tadeo Haenkel. Entre los tres compilaron unas 14.000 especies nuevas de plantas, efectuaron más de 500 estudios anatómicos de Zoología, diseñaron 900 ilustraciones de los lugares exóticos que fueron descubriendo en Oceanía y Alaska….

No era esa la primera expedición científica española (en colaboración con Francia, España aportó dos célebres marinos: el alicantino Jorge Juan de Santacilia y el sevillano Antonio de Ulloa, a la expedición de Charles Marie de La Condamine, ese brillante viajero francés descubridor de los efectos beneficiosos del árbol de la quinina) pero sí la más larga e importante, a pesar del final infeliz e inmerecido del gran Alejandro Malaspina.
Pineda moriría en Manila, a los 3 meses de su llegada a las Filipinas, con solo 39 años de edad. A Malaspina le apenó tanto su pérdida que en la última página de su diario de a bordo elogia a Pineda, tanto por su labor como por su persona.

Antonio de Pineda.     El Almirante Alejandro Malaspina.

 

Otros viajeros celtíberos ignorados sobre los que, tan pronto los viajes me dejen tiempo libre, escribiré una reseña, son:

- ANTONIO d’ABREU y FRANCISCO SERRANO. Marineros portugueses que divisaron en 1511/12 la isla de Nueva Guinea, al naufragar en su viaje desde Malaca. En 1526 otro portugués (de origen sefardí), JORGE DE MENESES, que era Gobernador de las Molukkas, desembarcaría en ella, llamándola Ilha dos Papuas. En 1527/8 ÁLVARO DE SAAVEDRA (que era pariente de Hernán Cortés) vivió un mes en la Isla de Manus, y desembarcó en Nueva Guinea, a la que llamó Isla de Oro. Finalmente, el marino alavés IÑIGO ORTIZ DE RETES, en 1545, arribaría también a ella bautizándola Nueva Guinea por encontrar a sus habitantes tan negros como los de Guinea en África Occidental.

- FILIPE DE BRITO E NICOTE: el aventurero portugués que vivió entre los siglos XVI y XVII, declarado rey de Pegu, en el actual país de Myanmar.

- DIEGO GARCÍA…

- GINÉS DE MAFRA…

- GASPAR CORTE REAL. Navegante portugués (de las Islas Azores) a Groenlandia y Terranova. Desapareció en una de sus osadas expediciones. Su hermano, Miguel Corte Real, fue en su búsqueda, y también desapareció.

- ANTONIO DA MADALENA. Fraile capuchino y el primer europeo (junto a varios frailes más de Portugal y España) que admiró, en 1586, el complejo de templos de Angkor Wat. Sus hallazgos los plasmó en un libro en 1614 el historiador portugués Diogo do Couto.

- FRAY MARTÍN IGNACIO DE LOYOLA (o FRAY MARTÍN DE MALLEA) fue un fraile franciscano descalzo, nacido en Éibar, Guipúzcoa, que realizó dos vueltas al mundo (1580 – 1584 y 1585 – 1589) por primera vez en la historia, una hacia el este y otra hacia el oeste, y la mayor parte de ambos viajes la realizó a pie, salvo la navegación en bajeles cruzando océanos entre continentes.

- JUAN GAETANO. Navegante al mando de Ruy López de Villalobos, descubridor de las Islas Hawaii, y autor del libro “Viaje a las Islas del Poniente”…

- PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS nació en Évora, Portugal, en 1560. Acompañó a Mendaña en su segundo viaje a las Islas Salomón, y en 1606 descubriría Vanuatu…

Sello dedicado a Pedro Quirós emitido en la Isla de Norfolk

Isla Espíritu Santo, Vanuatu. Junto al busto de Quirós

- LUIS VÁEZ DE TORRES, se le supone nacido en Galicia, aunque solo hablaba y escribía en español. Acompañó a Quirós en su expedición a Terra Australes, y al llegar a Espíritu Santo (Vanuatu) se separó para navegar más hacia el sur, descubriendo en el año 1606 el estrecho que hoy lleva su nombre, en Australia, continente que avistó y, lo más probable, también visitó. Fue, además, el primer occidental (y se puede afirmar, sin ningún género de dudas, la primera persona en el mundo) en circunnavegar Nueva Guinea, la segunda isla más grande del planeta, tras Groenlandia.

Sello dedicado a Luis Torres emitido en la Isla de Norfolk

Monumento dedicado a Luis de Torres que descubrí por casualidad en la Isla Thursday (Archipiélago de Torres) en Febrero del año 2012.

Junto a Enrique el Navegante en Lagos, Algarve

Av. Álvaro Núñez Cabeza de Vaca en un pueblo del estado mexicano de Sinaloa